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Hamilton cuenta hasta diez

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Tirado en una de las escasas escapatorias del circuito de Singapur, Lewis Hamilton, aún sentado en su maltrecho McLaren, da un cabezazo de desaprobación, desmonta el volante como marca el reglamento y lo lanza con violencia hacia adelante. Airado, se levanta, sale del habitáculo arrancando el conducto del líquido que, por cierto, había dejado de funcionar tiempo atrás y, furioso, se encamina hacia el lejano paddock. El trayecto y los consejos de algún responsable de su escudería le fueron calmando y, muchos minutos después, Hamilton emitió al mundo su versión más moderada y deportiva.

Así, el británico no explotó por la maniobra de Webber que, en la vuelta 36, le obligó a abandonar la carrera. Así explicó el incidente: "Todavía no estoy exactamente seguro de lo que sucedió, pero desde mi posición vi que Mark había cometido un error y se había enredado con los doblados, así que traté de adelantarlo por el exterior de la curva. Aunque traté de dejar suficiente espacio, lo siguiente que supe es que me había cortado y mi neumático estaba quemado. Así es el mundo del motor". Y remató su impecable discurso describiendo lo sucedido como un "simple incidente de carrera".

Ni siquiera se sobresaltó, al menos públicamente, por el hecho de encadenar dos abandonos consecutivos le había sucedido en Monza cuando fue él quien embistió a Massa en la fase crucial del campeonato. "Todavía faltan cuatro carreras para el final. Estoy 20 puntos por detrás de Webber y eso es una diferencia razonable, bastante grande, pero no es insuperable argumentó. No voy a pensar específicamente en el campeonato del mundo en este momento. Yo sólo voy a tratar de disfrutar el resto de la temporada, suceda lo que suceda, aunque voy a seguir luchando hasta el final, porque es la única forma que conozco de competir".

De hecho, para el australiano de Red Bull el incidente de ayer fue similar al mencionado del G. P. de Italia. Por eso le quitó importancia: "Esto puede suceder a veces. Yo apuré la frenada al máximo al límite en una situación increíblemente ajustada y, aunque no fue un golpe tan fuerte, sí que fue suficiente para poner probablemente ambos fuera de carrera. Afortunadamente, yo pude continuar".

Precisamente, para evitar comparaciones ni críticas derivadas de anteriores maniobras de Hamilton, Martin Whitmarsh, jefe de McLaren, defendió con vehemencia a su piloto: "Lewis no ha hecho nada malo. Ha hecho un gran adelantamiento a Mark, había poco espacio y tuvo muy mala suerte".