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Haris Medunjanin, caprichos del destino y del fútbol

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Se suele decir que el fútbol es caprichoso y que, a veces, salda cuentas pendientes. Con el jugador bosnio del Real Valladolid Haris Medunjanin se está resolviendo este algoritmo pues, en una semana, tendrá la oportunidad de debutar con la selección de Bosnia, país del que se exilió a los siete años, en la repesca para acceder al Mundial de Sudáfrica ante Portugal.

"Estoy muy contento con la posibilidad de poder ayudar para que Bosnia vaya a un Mundial. Es algo que me importa mucho y estoy muy feliz por ir con mi selección", comenta con un brillo especial en los ojos durante una entrevista concedida a la Agencia Efe.

Nació el 8 de marzo de 1985 en Sarajevo (Bosnia), una ciudad que años más tarde sería vapuleada por la Guerra de los Balcanes. El mismo conflicto bélico que sacudió con virulencia a su vida y a la de su familia.

Él tenía tan sólo siete años y, hasta entonces, su principal preocupación residía en juntarse con cinco amigos para jugar al fútbol sala callejero, del que ha mamado muchas de las virtudes que hoy en día explota.

La guerra le arrancó la figura paterna y obligó a su madre a exiliarse, a coger un autobús, irse con lo puesto junto a Haris y su hermana y viajar hasta Amsterdam para alejarse de las bombas y de la metralla.

"Recuerdo mucho, pero era un niño de siete años que no entendía mucho. Yo sabía lo que era la guerra, pero lo que más recuerdo es que para mi madre fue muy difícil", relata a disgusto Haris, que deja claro que el horror de su infancia es un tema que prefiere obviar. Desea "mirar al futuro", dice.

Un porvenir que, en su caso, se está resolviendo satisfactoriamente dentro del cada vez más demente mundo del fútbol, algo que él agradece a su madre, a sus agallas. "Si ella no nos coge y nos mete en un autobús, no sé lo que hubiera pasado. Por eso juego para ella, para toda mi familia", explica.

Y lo hace a las mil maravillas, pues aúna en sus piernas regate, visión de juego y un disparo certero que han sufrido en sus carnes en las dos últimas jornadas de Liga Aranzubía y Kameni. Dos obras de arte que le han servido para encumbrarse lejos de la orilla del Pisuerga, donde recaló hace dos veranos procedente del fútbol holandés, el que le pulió incluso hasta en su selección sub 21.

Defenestrado por el AZ Alkmaar que por aquel entonces dirigía un viejo conocido de la afición española, Louis Van Gaal, Haris, con una similar osadía a la de su madre, aceptó una oferta de tres semanas a prueba con el Real Valladolid.

"Tenía una oferta para ir a Qatar, pero no quería. Estaba muy enfadado porque no jugaba y lo hacía con el segundo equipo. El Valladolid me presenta una oportunidad y la agarro con las dos manos. Estoy muy contento, y mi familia también", indica el jugador natural de Bosnia, que también posee la nacionalidad holandesa.

El director Deportivo del conjunto vallisoletano, Roberto Olabe, se quedó prendado de sus virtudes en un Campeonato de Europa sub 21, aunque su rendimiento era una incógnita por las diferencias entre el estilo de juego holandés y el español.

En esos 21 días, Haris Medunjanin cautivó, sin hacer ruido, al cuerpo técnico con su calidad y firmó un contrato por tres años, pero, desde entonces, no todo ha sido un camino de rosas para este futbolista de apariencia introvertida, espigada figura y fútbol de salón.

Su escaso rigor defensivo le viene lastrando y privando de la titularidad que tanto añora. Por eso, cuando hace dos semanas marcó un gol de vaselina ante el Deportivo y vio la tarjeta amarilla por quitarse la camiseta (y el público el sombrero), desprendía tanta felicidad que quiso transmitírsela al colegiado lanzándole un cariñoso beso. ¿A quién le importaba la amonestación?

Es consciente de que sus carencias defensivas se destapan cuando ocupa la posición de medio centro, aunque no vacila a la hora de admitir que tiene "mucho que mejorar". No se queja, trabaja para tener la ocasión de exhibir su exquisitez balompédica, sea en la posición que sea.

"Me gusta estar cerca del área, tirar, jugar el uno para uno, pero soy consciente de que tengo que seguir mejorando en defensa, ya que el entrenador -José Luis Mendilibar- quiere que juegue en el medio centro", apunta.

Mañana puede que vuelva a tener otra oportunidad ante el Xerez, mientras que, el lunes, tomará contacto con sus nuevos compañeros del combinado bosnio y con su técnico, Miroslav Blazevic, para comenzar a preparar el doble duelo ante la escuadra lusa dirigida por Carlos Queiroz y comandada por Cristiano Ronaldo, Deco, Simao y compañía.

"No se que va a pasar, si podré jugar o no, pero estoy muy feliz. Portugal es un gran equipo. Buscaremos un buen resultado en Lisboa (14 noviembre). Es difícil, pero... once contra once con una pelota de por medio, puede pasar de todo", manifiesta.

Él dará el "cien por cien", asegura, sobre todo en el encuentro de Zenica (18 noviembre), al que acudirá su familia, de creencia musulmán, como él, por la que juega y a la que tanto debe. Por la que luchará por guiar a su patria hacia su primera cita mundialista. Un precioso capricho del destino.