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Héroes solitarios contra la mafia

Movilización. Representantes de 1.500 organizaciones civiles debaten en Roma medidas para presionar al Gobierno italiano, al que acusan de poner las cosas fáciles al crimen organizado

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La principal empresa italiana no tiene nombre, se alimenta a base de delitos, tiene sicarios a sueldo y corrompe a políticos, magistrados y empresarios. Con un manojo de billetes en una mano y una pistola en la otra, la mafia, sea siciliana, napolitana o calabresa, trata de arrodillar al país. Pero unos pocos miles de italianos se han propuesto vencerla. Gente normal y corriente que un día se levanta y decide que el próximo mes su pequeña empresa ya no pagará el dinero exigido por ningún matón, o que se atreve a montar un negocio con bienes confiscados a la mafia.

Como Antonio de Masi, un empresario del pueblo de Rizziconi, en la provincia de Reggio Calabria, dominada por la Ndrangheta. Un día, De Masi dijo basta. No iba a pagar ni una vez más el pizzo o impuesto mafioso exigido a base de amenazas. 'Eso es tener amo. Es no tener libertad, no tener la dignidad de mirar a los ojos a tus hijos y confiar en un futuro mejor', explica.

O Gianluca Faraone, que osó formar una cooperativa agrícola en terrenos confiscados a un mafioso, y que hoy produce alimentos biológicos y crea riqueza limpia ante las mismas narices de laCosa Nostra.

'Todo es posible. Podemos cambiar las cosas, pero debemos estar unidos'

Hay incluso personas como Rachid Berrari, un inmigrante de Marruecos crecido en un barrio degradado de Palermo que ha llegado a correr en las Olimpiadas y que hoy trata de impedir que los niños caigan en las redes criminales con un proyecto para integrarlos en el mundo del deporte. 'Todo es posible. Podemos cambiar las cosas, pero debemos estar unidos', afirma emocionado.

Son héroes solitarios, que se enfrentan a un poder descomunal, que en su pueblo o ciudad tiene rostros muy concretos, el de los mafiosos que tratan de amedrentarlos en plena calle o con el envío de un casquillo de bala a casa. Pero ellos no se rinden. Especialmente en la última década han ido formando asociaciones (unas 1.500) que confluyen en una gran red, Libera, que este fin de semana ha reunido en Roma a 2.000 de estas personas valientes.

Hartos de la falta de apoyos, han pactado un manifiesto de 12 puntos dirigido al mundo político italiano. Exigen una única ley antimafia, crear una agencia que distribuya de forma transparente los bienes confiscados a los criminales, impedir que políticos con juicios pendientes puedan gobernar o ser diputados o, entre otros, acabar con los abusos urbanísticos de los que se alimenta la mafia.

'La mafia está exultante ante este moderno y gigantesco papello'

El presidente de Libera, Luigi Ciotti, carga contra el primer ministro: asegura que es interesante que la justicia se preocupe ahora por el famoso papello, el documento que probaría que hubo una negociación entre la mafia y el Estado en el año 1992, cuando hoy hay una rendición más palpable, la que demuestra el Gobierno Berlusconi:

'¿No existe hoy acaso un papello que está a la vista de todos? Pensemos en las normas que reducen la eficacia de las acciones antimafia, como la ley que limita el uso de los pinchazos telefónicos o la tentativa de limitar la autonomía de los magistrados', clama Ciotti. 'La mafia está exultante ante este moderno y gigantesco papello', añade este sacerdote activista.

El fiscal nacional antimafia, Pietro Grasso, se suma a las críticas contra el primer ministro italiano por haber considerado que investigar sobre el papello de los años noventa era tirar el dinero.

Lo que teme el primer ministro quien ha de volver a juicio el 16 de noviembre por el soborno de un juez es que le acaben investigando por las declaraciones de algunos arrepentidos mafiosos, que sostienen que ganó sus primeras elecciones gracias a un pacto con la Cosa Nostra en 1994. Grasso le pide a Berlusconi que deje de interferir en la tarea de los magistrados.

'Ha sido una suerte tener al lado a las fuerzas del orden'

El fiscal antimafia ha sido muy aplaudido por los ciudadanos asociados a Libera, pues reconocen que durante mucho tiempo sólo han podido confiar en un puñado de valerosos jueces y policías que han plantado cara a la mafia, y también a algunos de sus superiores jerárquicos, vendidos al poder criminal. Actitud que costó la vida a jueces como Giovanni Falcone y Paolo Borsellino.

Aún hoy, dice Grasso, 'hay un sentimiento extendido entre los ciudadanos de que no hay nada que hacer, y delegan la lucha antimafia en unos pocos policías'. Una sensación de soledad que comparte el joven Daniele Marannano, de la asociación Adiós Pizzo, formada en 2004 en Palermo y que pide boicotear los productos elaborados por clanes mafiosos.

'Ha sido una suerte tener al lado a las fuerzas del orden', asegura Marannano, pues muy a menudo, al margen de ellos 'no había nadie más'. Todavía hoy, el peso de la lucha antimafia sigue en demasiadas pocas manos.