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Una histórica 'marea blanca' que se hizo visible demasiado tarde

Los ataques a la sanidad pública comenzaron en los años 90, pero no obtuvieron respuesta social hasta este momento, en el que las consecuencias de la privatización y otras medidas neoliberales se han manifestado "de golpe"

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1990: La Ley de Ordenación Sanitaria de Catalunya permite el uso de hospitales privados con financiación pública. No hubo respuesta. 1991: El Informe Abril Martorell recomienda 'reducir el nivel de aportación de cotizaciones de la Seguridad Social' al Sistema Nacional de Salud (SNS) y que los usuarios participen 'en el pago de los servicios'. La calle consiguió paralizarlo. 1997: La Ley 15/97 permite que 'la gestión de los servicios sanitarios' se pueda llevar a cabo 'mediante acuerdos, convenios o contratos con personas o entidades públicas o privadas'. Sin respuesta. 1999: Nace en el País Valencià el primer modelo público de gestión privada en España, el 'modelo Alzira'. De nuevo, sin respuesta. 2005-2008: Esperanza Aguirre comienza a implantar el sistema en Madrid con la construcción de seis hospitales nuevos. ¿Marea blanca? No; no hasta 2012, cuando su sucesor Ignacio González anuncia un Plan para la sostenibilidad del sistema sanitario público con el que pretende privatizar la gestión de seis hospitales públicos y 27 centros de salud.

Los 'ataques' contra el sistema sanitario público comenzaron en los años 90, pero no ha sido hasta ahora cuando la sociedad ha salido a la calle, de forma masiva, a darles contestación. Las grandes protestas sanitarias de los últimos meses se han producido dos años después del nacimiento del 15-M y, aunque aparentemente tengan poco que ver ambos movimientos, algunas batas blancas reconocen que las plazas llenas de carteles y debates hicieron, al menos, que se recuperara la ilusión por batallar. 

'El 15-M nos devolvió la ilusión, consiguió reanimar a todo el mundo, incluyendo a los grandes sindicatos que han vuelto a estar beligerantes en su defensa de lo público y social, como debería haber sido siempre', afirma Pepe Cabanillas, responsable de Salud de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM) que ocupa este cargo desde 1998. 'Ahora, en la Mesa en Defensa de la Sanidad Pública hay mucha gente del movimiento y se ha creado una conjunción muy positiva: ellos nos han hecho ver cosas que algunos no veíamos y nosotros les hemos aportado cierta estructura organizativa que ellos, por su espontaneidad natural, no tenían', cuenta Cabanillas. 'Su lema de que 'no representan a nadie' está muy bien, pero para llegar a ciertos compromisos hay que tener un interlocutor con la Administración y ahí entramos nosotros', aclara.

'Yo creo que, en realidad, el 15-M tiene poco que ver con las mareas blancas pero sí es verdad que, en cierto modo, ha animado a la gente a manifestarse y a rebelarse contra el sistema que nos están imponiendo', manifiesta, por su parte, Marciano Sánchez-Bayle, presidente de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (Fadsp). 'No obstante, el hecho de que la marea se haya hecho multitudinaria se debe a que, hasta ahora, las medidas privatizadoras se iban tomando poco a poco, paso a paso, y han ido pasando desapercibidas hasta que González y [el consejero de Sanidad de Madrid, Javier Fernández] Lasquetty han sacado este plan que transforma el sistema de forma importante y muy de golpe', explica. 'Con los hospitales de Aguirre, por ejemplo, les fue fácil conseguir el apoyo de la ciudadanía, porque eran hospitales nuevos y todo el mundo quería un hospital en su barrio', especifica Sánchez-Bayle. 'Ahora, a la privatización de los seis centros de golpe, se han unido las protestas en Castilla-La Mancha contra el cierre de las urgencias, los copagos impuestos por [la ministra Ana] Mato... ha salido todo a la vez y eso ha hecho que la gente abra los ojos', argumenta.

'La marea se ha hecho multitudinaria ahora porque ha salido todo a la vez: privatización en Madrid, cierre de urgencias en La Mancha, los copagos de Mato...'

'Las políticas neoliberales se han ido desarrollando lenta y sibilinamente, desde el Informe Abril Martorell, pasando por la Ley 15/97, el modelo Alzira o ahora Madrid, que pretende instalar el sistema valenciano pero de una forma muy virulenta', confirma también Carmen Esbrí, coordinadora del observatorio de servicios públicos de ATTAC. 'Todos estos ejemplos suponen un auténtico atentado contra los Derechos Humanos porque intentan privatizar un servicio que es uno de los pilares del Estado de bienestar', denuncia. 'Las prioridades de un Estado democrático no pueden ser obtener beneficios económicos y guiarse por razones ideológicas que sólo van a provocar mayor sufrimiento y muerte en beneficio de unos corruptos', lamenta. 

ATTAC, precursor e impulsor del 15-M, en cierta medida, coincide en muchas de las reivindicaciones tanto del movimiento como de la marea blanca. Sin embargo, Esbrí opina que, a pesar de pertenecer a él, 'el 15-M, no ha dado fuerza a la marea blanca'. 'La marea surgió dentro del sistema sanitario, cuando los trabajadores dijeron 'basta ya' y rompieron su silencio. Hasta ahora no se habían percatado de que tenían el demonio encima, pero cuando lo han visto se han plantado', sentencia.

'Ahora los pacientes ya se han enterado de lo que quieren hacer los de arriba con la sanidad pública'

En una línea parecida se muestra también Antonio Gómez, portavoz de la Coordinadora Antiprivatización de la Sanidad, CAS-Madrid, que opina que ambos movimientos tienen una raíz completamente diferente. 'El 15-M nació con la protesta de los hijos de la clase media que veían que no iban a poder acceder al nivel de consumo que se les había prometido. La actual marea blanca, en cambio, igual que la verde, comenzaron siendo luchas laborales, muy lícitas, pero que nada tenían que ver contra la privatización del sistema', asevera. 'Muchos de los que ahora salen a la calle a pedir una sanidad pública y se agarran a las pancartas de cabecera permitieron su privatización con anterioridad', critica Gómez, que se muestra firme frente a ambas movilizaciones, aunque también reconoce que tienen 'su parte buena'. 'Al menos ahora la gente, los pacientes, se han enterado de lo que intentan hacer los de arriba', señala.

'Nosotros hemos tenido altibajos en cuanto a nuestras movilizaciones en defensa de la sanidad', reconoce Cabanillas. 'Hicimos un buen trabajo en la época del aceite de colza o de las vacas locas pero es cierto que en 2008, cuando Aguirre abrió los hospitales PFI (iniciativa de gestión privada, por sus siglas en inglés) estábamos en un punto muy bajo. Ahora nos hemos dado cuenta de que la expresidenta traía el modelo inglés pero con pretensiones de avanzar hacia el americano', lamenta. 

Otro de los motivos por los que la marea blanca no llegó a ser un tsunami hasta hace poco es la división que existía entre los miembros que la conforman. 'Cuando se licitaron los hospitales de Aguirre, en 2005, todos los que ahora agitan la marea se callaron: partidos, grandes sindicatos, trabajadores... Los alcaldes tragaron porque se les prometía un hospital en la puerta de casa y cedieron terrenos públicos para centros que iban a gestionar empresas privadas', recuerda Gómez, de CAS-Madrid. 'Antes de eso, cuando nosotros ya estábamos en la puerta del Ministerio de Sanidad protestanto por la Ley 15/97, PSOE y CCOO la apoyaron y los demás, a excepción de IU y BNG, callaron', continúa. 'Ahora los partidos quieren arañar los votos de médicos y pacientes y por eso se rebelan contra la privatización, pero... ¿acaso está el PSOE pendiente de lo que pueda pasar con la remodelación de la cartera sanitaria?', se pregunta.

Cabanillas, de la FRAVM, reconoce que se cometieron errores en aquella época. 'Con la ley 15/97  sí hubo respuesta de CAS y Matusalen y también protestó la Fadsp, que ya existía desde mucho antes [desde el 81, fueron los impulsores -según Marciano- del SNS público y la Ley General de Sanidad], pero es cierto que no fue masiva'. 'Yo, que ya era miembro de la junta directiva de la Fravm, llegué a tener rifirafes con mi propio sindicato [está afiliado a CCOO] porque yo ya veía que el final de aquella ley era la privatización', relata. 'Ni CCOO ni el PSOE vieron venir, o no quisieron ver venir, en aquel entonces, la que se avecinaba', confirma. 'Creían en un sistema mixto, pero ahora han tenido que rectificar, cuando se han dado cuenta de que el 'todo privado' del PP significa dar mucho dinero público a unos pocos y poco al resto'.

'FRAVM ya quiso tirar entonces de los grandes sindicatos pero tampoco lo vieron venir. Éramos cuatro los que advertíamos de esto, nadie se creía lo que decíamos, nadie pensó en lo que iba a venir, ni mucho menos en que fuera a venir tan rápido', lamenta Cabanillas. 'Ahora estamos mucho más unidos, se han dado cuenta de que ellos son necesarios dentro del movimiento, pero sin que las banderas de cada pata del mismo -que son necesarias- lleguen a tapar el trabajo de todos por alcanzar un objetivo común', concluye. 

Comparten un objetivo común, pero cada organización de la marea blanca propone distintos modos de llegar a él. No obstante, ninguna de las plataformas consultadas por Público se plantea constituirse en partido político 'para no dividir más' y, aunque la idea de promover una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) como sí ha hecho -sin el éxito esperado-  la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) les parece buena, no creen que pueda llegar a buen puerto dada la mayoría absoluta de que goza el PP. También coinciden en su intención de seguir luchando, siempre, por la sanidad pública, aunque difieren en el cómo.  

'A nosotros no nos quieren ni en el bloque de Afem+Patusalud ni en el de la Mesa en Defensa de la Sanidad Pública, que agrupa a asociaciones de vecinos, partidos y sindicatos de la Mesa Sectorial', bromea el portavoz de CAS-Madrid. 'El problema es que nosotros llamamos a las cosas por su nombre', añade y cita un ejemplo: 'Afem no quiere hacer un análisis político de esta situación, dicen que no están en contra de la sanidad privada, sino de la privatización de la pública. En CAS sí estamos en contra de la privada porque la privada también lleva 30 años comiendo de la pública', especifica Gómez. ¿Cómo avanzar en la lucha? 'A largo plazo deberíamos sentarnos y atacar de verdad a las causas que han desmantelado la sanidad pública, extender la movilización a todo el Estado y concienciar a la gente para que defienda lo que es suyo y reclame un sistema de protección social real', apuesta. 

Carmen Esbrí también cree que 'se necesita un cambio mucho más profundo, un cambio en el modelo político neoliberal y corrupto por uno justo'. 'Y eso no se va a conseguir con los reformistas, sino con los que realmente creen en la democracia, los que creen que las personas son lo primero y no las cuentas en las islas Caimán'. 'La sanidad, en realidad, no es un problema, porque invertir en sanidad es pagar para el futuro y todo lo demás es un genocidio. El problema actual de la sanidad es un problema ideológico, de corrupción, de querer hacer negocio con la vida de las personas', continúa. 'A estos hay que ponerles la cara colorada, sacarles del puesto que les han cedido, denunciar su vanidad, su uso ilegítimo de la democracia', concluye. 

Para Cabanillas, de la FRAVM, la movilización debe continuar, pase lo que pase finalmente con los hospitales de Madrid: 'Hay que seguir luchando independientemente de que lleguen a privatizarse'. 'También hace falta estructurar un movimiento más amplio en toda España, porque la privatización, después de Valencia, Castilla La-Mancha y Madrid seguirá extendiéndose', aventura.  'Sobre todo -añade- hay que ponerle freno a la clase política para terminar con la corrupción y el despilfarro'.

Sánchez-Bayle, presidente de la Fadsp resume, más o menos, lo expuesto anteriormente por sus compañeros de faena. 'Las luchas para el futuro son tres: la primera, desmontar los planteamientos ideológicos que justifican los ataques a la sanidad pública, llegar a que el 99% de la población a la que le han recortado sus derechos se rebele contra ello', comienza la enumeración. 'En segundo lugar, hay que conseguir que la movilización social sea sostenible en el tiempo para que no pase como ahora, que ha tenido altibajos desde los años 90 y ha pasado lo que ha pasado. Esto es como una maratón: no hay que salir primero, sino llegar al final lo mejor colocados posible', metaforiza. 'Por último, tiene que haber un cambio electoral: la izquierda tiene que tener la posibilidad de convertirse en mayoría, siempre que los partidos tengan claro el compromiso con lo que representan los movimientos sociales: los partidos tienen que representar a las mayorías', concluye.