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Iglesias: "No sé medir mis posibilidades, pero me gustaría que fueran muchas"

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El compositor vasco Alberto Iglesias vuelve a mirar de cerca al Óscar gracias a su trabajo en "El topo", de Tomas Alfredson, y aplica eso de que quizá a la tercera vaya la vencida. "No sé medir mis posibilidades, pero me gustaría que fueran muchas", explica en una entrevista con Efe.

Es el músico más laureado del cine español gracias a su trabajo con Pedro Almodóvar o Julio Medem, pero desde hace años es también uno de los compositores más cotizados en el extranjero, como demuestra su último trabajo, con el que aporta "el lado cálido" a la frialdad de los espías de Le Carré.

Después de llegar a ser finalista al Óscar por trasladarse a África en "El jardinero fiel" -también basada, como "El topo", en una novela de John Le Carré- y a Afganistán en "Cometas en el cielo", esta vez es la Inglaterra de la Guerra Fría la que centra el nuevo escenario musical de este compositor vasco, Premio Nacional de Cine en 2007.

"No he tenido que inspirarme en el momento, sino en esa quietud, en esa apariencia de jeroglífico que tiene la película. Mi música es el lado cálido de todo eso. Qué sienten y qué piensan los personajes más allá del control del espionaje", resume.

"El topo" tiene dos nominaciones más: a mejor actor, para Gary Oldman, y mejor guión adaptado. Y en ella parece abrir veta con Tomas Alfredson -que saltó a la fama con "Déjame entrar"- para un nuevo tándem mágico, como el que ha formado con Almodóvar o con Medem.

"Es la primera vez que trabajamos y quizá sea mejor que la segunda. Pero hemos tenido una relación muy fecunda y muy profunda. Con Pedro Almodóvar he ido haciendo mis mejores trabajos con el tiempo, he ido entendiendo mejor su manera de ver el cine. Es como un territorio de caza en el que conozco sus movimientos", explica.

Este año, efectivamente, tiene dos "hijas" entre las que le cuesta elegir. "La música para 'La piel que habito' -por la que opta al que sería su décimo Goya- tiene más riesgo y es más atrevida formalmente, porque la película también lo es. Pero es muy difícil optar al Óscar con una película de habla no inglesa", argumenta.

Sus contrincantes no parecen fáciles: como ya le ocurrió en 2006, John Williams ocupa dos de las nominaciones en su categoría, esta vez por "Caballo de batalla" y "Las aventuras de Tintín", ambas de Steven Spielberg.

"Es un icono de la música. El compositor de cine probablemente más famoso de todos los tiempos. Como lo fueron Bernard Herrmann y Miklós Rózsa, pero incrementado por la popularidad", asevera, en referencia a la trascendencia de músicas como "La guerra de las galaxias", "Superman" o "Indiana Jones".

Sus otros dos competidores son el favorito, Ludovic Bource, que no tiene diálogos que interrumpan su labor en la cinta "The Artist", y otro nombre de peso, Howard Shore, por "La invención de Hugo", de Martin Scorsese.

Alberto Iglesias confiesa que sigue "en la periferia de Hollywood", pues al fin y al cabo ha llegado a los pies del Óscar con un director brasileño -Fernando Meirelles-, un germanosuizo -Marc Foster- y, ahora, un sueco, Tomas Alfredson.

"Hollywood necesita los caminos laterales que muchas veces acaban llegando también a la carretera central. Si me llaman de una película puramente de Hollywood no diría que no. Hay películas de industria muy buenas", asegura.

Y recuerda que "en los años 30 y 40, los cimientos de Hollywood se formaron, como la propia América, de una inmigración y un flujo constante. Todo el romanticismo y el neoromanticismo de la ópera se vertió en la música del cine de aquellos años. Eran unos compositores muy cultos".

Después de mirar al pasado, el futuro lo tiene todavía sin nombres concretos, pero no quiere cambiar de registro. "Cada vez me interesa más el cine. Me alimenta las relaciones con los directores", confiesa

Y en el presente, hoy celebrará la buena noticia con todos los que han trabajado con él en esta partitura". "Es mi equipo español, aunque grabamos en Londres, hemos estado trabajando en Madrid", concluye.

Mateo Sancho Cardiel