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Un Japón embarcado en la reconstrucción recuerda a las víctimas del terremoto

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Japón recuerda mañana a las más de 20.000 víctimas del terremoto y tsunami del 11 de marzo al cumplirse seis meses de la tragedia, que causó una grave crisis nuclear y dejó una titánica tarea de reconstrucción que el primer ministro, Yoshihiko Noda, se comprometió hoy a impulsar.

Los actos para recordar a los fallecidos se repetirán el domingo en todo el país a las 14.46 hora local (05.46 GMT), el momento en que hace medio año un fuerte seísmo de 9 grados Richter sacudió el noreste nipón y desencadenó la peor crisis que Japón recuerda desde la II Guerra Mundial.

Hoy, víspera del desastre, fue el día elegido por Noda para hacer su primera visita como jefe de Gobierno a las zonas arrasadas, después de haber asumido el poder formalmente hace poco más de una semana en sustitución de Naoto Kan.

En la provincia de Miyagi, donde se registraron más de la mitad de las víctimas del desastre, Noda prometió reforzar la reconstrucción de las áreas asoladas, donde se acumulan todavía más de 23.000 toneladas de escombros.

Decenas de miles de personas continúan sin un techo permanente, a la espera de que el Gobierno decida dónde se construirán sus nuevas viviendas y cómo serán costeadas.

El primer ministro aseguró que las peticiones de las autoridades locales de Miyagi, Iwate y Fukushima, las tres provincias más afectadas, se reflejarán en el tercer presupuesto extraordinario que el Ejecutivo prepara para afrontar los astronómicos costes de la reconstrucción.

Hasta ahora se han aprobado dos presupuestos extras por un total de 6 billones de yenes (unos 56.700 millones de euros), y el tercero contemplaría entre 7 y 8 billones de yenes más para rehabilitar el noreste (entre 66.150 y 75.600 millones de euros).

La creación de empleo fue otro de los compromisos que hoy adoptó Noda, después de que el desastre natural obligara a cerrar numerosas fábricas en la región y la crisis nuclear haya golpeado seriamente a la agricultura, pesca y ganadería de Fukushima.

Esta provincia alberga la deteriorada central de Daiichi, donde operarios de Tokyo Electric Power (TEPCO), técnicos y miembros de equipos de emergencia trabajan día y noche para tratar de controlar la temperatura de sus reactores.

Seis meses después de que el tsunami estropeara el sistema de refrigeración de la planta, que el 11 de marzo tenía tres de sus seis reactores en funcionamiento, el Gobierno y TEPCO consideran concluida la primera fase de la "hoja de ruta" para solventar la crisis.

Ello supone que las unidades cuentan con una refrigeración estable gracias a un sistema que recicla el agua contaminada que se acumula en la central, y que la radiactividad disminuye de forma "constante", según TEPCO.

Recientemente la eléctrica anunció que los reactores 1 y 3 estaban por debajo de los cien grados centígrados y los esfuerzos ahora se centran en conseguir que esa temperatura se mantenga estable, lo que significaría llevarlos a "parada fría".

Además, la operadora de Fukushima informó hoy de que ha concluido el armazón de la que será una cubierta gigante para el reactor 1, que buscará evitar que se propague el material radiactivo y al mismo tiempo que la lluvia inunde esa unidad.

Está previsto que la cubierta, con hojas de acero y láminas de poliéster, esté concluida en octubre y posteriormente se levantarán estructuras similares en las unidades 3 y 4, dañadas a su vez por las explosiones registradas en los días posteriores al tsunami.

El reactor 2 y la piscina de combustible usado del reactor 4 concentran también aún el trabajo de los operarios, cuyo valor ha sido aplaudido de forma generalizada y ha valido premios como el español Príncipe de Asturias de la Concordia, esta semana, a los llamados "Héroes de Fukushima".

Pese a los avances en la contención de la crisis, por ahora se mantiene la zona de exclusión decretada en un radio de 20 kilómetros de la planta, que obligó a evacuar a cerca de 80.000 familias.

A ellas se suman un número indeterminado de residentes de la misma provincia que se fueron por miedo a la radiactividad y que, medio año después, desconocen cuándo podrán regresar.

Se calcula que solo la descontaminación de las áreas residenciales costará 220.000 millones de yenes (unos 2.080 millones de euros), según indicó ayer el Gobierno, que no precisó, sin embargo, cuánto tiempo llevará esa ingente labor.