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Margarit cree que nuestra desgracia es que "tenemos más libertad, pero menos cultura"

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El poeta Joan Margarit, que acaba de publicar el poemario "No era lluny ni difícil" (Ni lejos ni difícil), considera que la gran desgracia de nuestra sociedad actual es que "tenemos más libertad, pero menos cultura".

Para el poeta y arquitecto jubilado, "el problema social que tenemos es que vivimos con más libertad, pero con menos cultura, y eso se debe a que la sociedad permite a los jóvenes pensar que la juventud es un mérito, y cuando dejan de ser jóvenes se convierten en unos cínicos".

Qué libertad tenemos, se interroga Margarit, "si esa juventud no distingue un poema de Montaigne de un libro de autoayuda".

Considera que "para profundizar en la libertad se debe hacer primero en la cultura", un argumento que sostiene con unos de sus axiomas: "las dictaduras acaban con la libertad, pero no con la cultura".

A esa juventud que cree que ser joven es un mérito, Margarit les dice: "El hardware no es un mérito, el mérito es el software".

"No era lluny ni difícil" (Proa), que se publicará el próximo año en Visor en castellano ("Ni lejos ni difícil), cierra un ciclo poético completado con sus anteriores libros "Cálculo de estructuras", "Casa de Misericordia", "Misteriosamente feliz", todas publicadas por Proa en catalán y Visor en castellano.

Este cuarto libro, señala, es el que ofrece "una visión más panorámica del ciclo, que comienza en el punto en el que las personas pueden escoger en el camino, o el miedo o la muerte".

Se trata de "un momento de dolor intenso -moral, psicológico-, que no se puede gestionar, pero que genera tristeza y la tristeza sí se puede gestionar".

En esa disyuntiva, el poeta recoge su apuesta personal en uno de los versos más clarividentes del libro: "En la muerte es donde me he dejado la vida".

A su juicio, "la muerte es la única manera de acabar la vida por el camino de la dignidad, entendiendo dignidad como la aceptación de tu propio destino".

A nivel estilístico, "Ni lejos ni difícil" se encuentra "al límite" de su manera de hacer poesía en esta etapa: "En este libro están los versos más crueles que he escrito, hay también poemas de amor diferentes, con una ternura que sólo los viejos tenemos, y como novedad, también hay un poema más social, el que leí el 11 de septiembre de 2009".

A pesar de que en el poemario hay un "cuento metafísico" en verso, Margarit cree que su última obra es quizá "el libro de este ciclo menos narrativo, en favor de una evocación más conceptual".

Su pasado como catedrático de Cálculo de Estructuras sigue colándose en su obra poética, como en el poema "Balada de la poesía": "Todos escribimos desde las plataformas interiores que tenemos, y en ella también figura la pintura", como en las alusiones a Vlaminck o Millet.

"La pintura -teoriza- tiene el inconveniente, frente a otras artes como la música o la poesía, de que la copia no tiene ningún valor. Una reproducción de Monet no es un Monet, y en cambio a Vivaldi lo puedes llevar en tu Ipod".

Los poemas dedicados a su madre son "una forma de hacer las paces con todos los que se fueron, y seguramente es en esta etapa final en la que les puedes explicar todo lo pasado".

En relación a la polémica suscitada por su pregón en las pasadas fiestas patronales de Barcelona, que incluso ocasionó el boicot de los representantes del PP, Margarit, premio Nacional de Poesía del Ministerio de Cultura, asegura que "la polémica indica una cierta enfermedad, porque si invitas a un poeta, que no es un maquiavélico, no es un político, éste dirá lo que piensa y recitará poemas".

Considera el autor de "Joana" que dijo lo que pensaba "de manera educada y sin sorpresas, porque quince días antes el pregón lo tenía el ayuntamiento para poder publicarlo".

Margarit explica que en aquel discurso no habló en un tono de "nacionalismo partidista", sino que habló de "un país que toma unas vías que no nos interesa, pero no por Montserrat ni la barretina, sino porque hemos de vender nuestras innovaciones en China o Alemania y no en Segovia".

En su opinión, "a Cataluña le interesa más ser una nación pequeña que no estar dentro de una nación grande y pesada, y será entonces cuando decidiremos cuántas lenguas tenemos, que seguramente serán tres o cuatro".