Publicado: 12.03.2014 09:48 |Actualizado: 12.03.2014 09:48

Los marineros del cerco gallego van a la guerra por su supervivencia

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Los marineros del cerco gallego, que capturan caballa y jurel, han decidido plantarse ante un reparto de cuota que consideran injusto y que, esgrimen, hace inviable la supervivencia de muchas de las 154 embarcaciones que se dedican a este arte. Son en torno a 1.500 afectados directos y llevan semanas movilizándose en contra de la asignación de los topes aconsejables de pesca, que establece la Unión Europea y distribuye el Ministerio de Agricultura y Pesca. También cargan contra la aquiesencia de la Xunta con esa decisión.

Este martes, junto con un grupo de afectados asturianos, llevaron su reivindicación a las puertas del Parlamento gallego, en Santiago de Compostela. Mientras una comisión negociadora de cinco miembros se encerraba en la Cámara para forzar una reunión con el presidente autonómico, Alberto Núñez Feijóo, la Policía reaccionaba con cargas y pelotas de goma ante la persistencia de una concentración que no estaba autorizada en esa zona de la ciudad. Un parte de los manifestantes replicaba con el lanzamiento de piedras y botellas; el enfrentamiento derivó en batalla campal por las calles del Ensanche compostelano que se saldó con tres detenidos y varios heridos, entre ellos una diputada del BNG que se llevó algún porrazo cuando intentaba mediar entre policía y manifestantes.

"¿De qué quieren que vivamos en Galicia? Aquí no hay oro ni plata, tenemos mar" "¿De qué quieren que vivamos en Galicia? Aquí no hay oro ni plata, tenemos mar", esgrime el armador Manuel Iglesias, en huelga de hambre indefinida desde el pasado lunes. Su embarcación, que da trabajo a cinco tripulantes, no es de cerco, sino de artes menores, pero también le corresponde una parte de cuota de caballa y jurel. "Es vergonzoso, yo tengo tengo trabajo, estoy mejor que los que están en paro, pero no me dejan salir adelante", se queja.

Su tono indignado resume el ánimo de un sector en estado de ebullición. La sucesión de tres meses de temporales ha agravado la situación de unas empresas que ya venían endeudándose para poder sobrevivir. Desde que a finales de enero se conoció el reparto, la flota está amarrada voluntariamente, como medida de presión. Y en este caso, patrones y obreros, armadores y marineros, están en el mismo barco.

El problema, en realidad, viene de lejos. De la entrada de España en la de aquella Comunidad Económica Europea. El establecimiento de cuotas ha ido achicando la flota gallega, primero en la gran altura, luego en la altura, después en el Gran Sol y desde hace unos años ha empezado a afectar también a la pesca de bajura. Ahora, el vaso de la paciencia lo ha colmado el último reparto decidido por la Secretaría General del Mar, dependiente del ministro Arias Cañete.

Según la Asociación de Armadores del Cerco de Galicia, de toda la cuota de caballa y jurel concedida al Estado español por la Unión Europea, el Gobierno central le habría dado el 70% al País Vasco, y el 30% restante se tendría que repartir entre las embarcaciones de Galicia, Asturias y Cantabria. Si en Euskadi son 50 los barcos que practican el cerco, en la comunidad gallega son más de el triple, 154. El patrón mayor de la Cofradía de A Coruña, Manuel Cao, interpreta en esta decisión una maniobra política para tratar de dividir al sector y enfrentar a los marineros de los distintos territorios. De momento, los pescadores han decidido trasladar su queja a la Comisión Europea, para que tenga constancia del modo en que distribuyen los topes aconsejables de pesca.

Los pescadores han decidido trasladar su queja por la distribución a la Comisión Europea

Tanto Manuel Cao como Manuel Iglesias reclaman a las administraciones gallegas y española una solución inmediata. El martes, antes de partir a la movilización de Santiago, algunos compañeros comentaban su desesperación. Muchos empeñaron a toda la familia para poder acometer las renovaciones exigidas y sobrevivir en los momentos más crudos. Ahora, con este reparto, la ruina es una amenaza real. "Nos decían que ya les da igual, o se arregla su situación o les da igual morir de hambre o hacerlo en la calle", relata el patrón mayor coruñés.

Este miércoles volverán al Parlamento gallego, a intentar negociar una salida. Ya no les vale la interlocución de la conselleira del Mar, Rosa Quintana, que hace unos días afirmó que las protestas se basan en informaciones erróneas sobre el reparto. Quieren negociar con el presidente Feijóo o su vicepresidente, Alfonso Rueda. Está por ver si se sientan a la mesa. Del lado de los marineros flota una pregunta: "¿cómo pretenden sacar a esta tierra de la crisis si se arruina uno de sus sectores clave?"