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McIlroy, a los 22 años, inaugura su 'Grand Slam'

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Después de Tiger Woods se confirma que hay vida, mucha vida en el golf del siglo XXI tras el triunfo, de comienzo a fin, del norirlandés de 22 años Rory McIlroy en el Abierto estadounidense, con el mejor marcador (-16) en sus 111 años de historia.

Con McIlroy, octavo del mundo antes de esta victoria, no ha nacido una estrella en el interminable Congressional (Washington), el segundo campo más largo en la vida de este segundo 'Grande' del año. Simplemente, el joven norirlandés ha abierto precozmente su vía del 'Grand Slam'. Por las trazas de este despampanante éxito, Rory se convertirá, en breve, en uno de los golfistas de obligada referencia.

Tiger Woods ganó su primer 'Grande' en 1997, el Masters de Augusta, con 21 años y 3 meses. Se convirtió en el campeón más joven de la historia del 'Grand Slam'. Después elevó a 14 esa cifra, a cuatro de los conquistados por Jack Nicklaus, aunque se detuvo hace tres años por problemas diversos como, por ejemplo, las lesiones. Justo por lo que se ha ausentado este año.

McIlroy ha estrenado su palmarés de 'Grand Slam' con 22 años y 45 días, pero ha anotado nuevos récords en este torneo: 11 abajo en 36 hoyos, 14 abajo en 54, 16 abajo en 72, el ganador más joven tras el 'amateur' Bobby Jones (1923) y el segundo europeo más precoz en ganar un 'major' desde el joven Tom Morris, hace ya 140 años.

Tiger y Gil Morgan compartían con -12 la anotación más baja en la historia del Abierto estadounidense. McIlroy ha roto la cifra y ha dado a Irlanda del Norte el segundo Abierto estadounidense consecutivo (Graeme McDowell lo ganó el año pasado).

Alcanzados los 35 años, Tiger ve cómo se acerca una nueva generación. Su compatriota Ricky Fowler (22 años) y el australiano Jason Day (23) empujan con fuerza, pero el que tira ya del carro es McIlroy tras su paseo triunfal en el Congressional.

La ronda final de McIlroy (69 golpes) fue exactamente eso, un paseo que arrancó con 8 golpes de diferencia sobre su inmediato perseguidor, el coreano Y.E. Yang, y que terminó con esa misma renta sobre Fowler, el mejor de los perdedores.

Cuatro jugadores, entre ellos Yang y Lee Westwood, acabaron empatados en la tercera plaza, mientras que Sergio García completó un más que digno torneo y concluyó séptimo, tras firmar 70 golpes y a once de la cabeza.

McIlroy ganó evitando cualquier atisbo de colapso, como el que le sentenció en el último Masters de Augusta. En abril, comenzó la última ronda desde el liderato y cuatro golpes de distancia. Acabó firmando 80 golpes y relegado al decimoquinto puesto.

A fe que Rory aprendió la lección. Con 69 golpes en la última vuelta, McIlroy rubricó esta vez una obra maestra.

A partir de Ahora, la vida dará un vuelco para McIlroy. Un joven que hasta hace sólo tres años recogía a su novia, Holly Sweeney, a la puerta del colegio y al volante de un BMW de gama alta. Él ya había abandonado los estudios por culpa del golf.

Ella tenía dieciséis años y Rory, con diecinueve, era ya un reputado golfista de Holywood, un pueblecito cercano al Ulster, con futuro y mucho dinero.

Dos años después, la rubia Holly -ahora estudiante de tecnología del Deporte en la Universidad de Ulster- ya no es su novia oficial. Su relación de seis años se fue al garete la última Navidad. Rory tiene ahora unos trece coches de lujo en su colección, una pandilla de amigos con la que se divierte y un título de 'Grand Slam'.

La dura vida del golfista pasó factura a la relación que comenzaron Rory, con 16 años, y Holly, con 14. Nada comparado a lo que se le avecina al golfista.

Seve Ballesteros, el campeón más joven de un 'Grande' en el siglo XX, siempre decía que una parte de su juventud quedó enterrada entre torneo y torneo. A Rory McIlroy le toca ahora lidiar con ese futuro trufado de fama, dólares, autógrafos, guardaespaldas, entrevistas y expectativas.