Publicado: 12.08.2011 08:00 |Actualizado: 12.08.2011 08:00

"Nunca me sentí cantante, es un sentimiento más primitivo y difícil de explicar"

AMARAL

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Cuando tocaba en los bares, un borracho me decía: en las cenizas del fracaso está la sabiduría". Estoy releyendo las letras de las nuevas canciones para pasárselas a Borja, un amigo que dibuja como dios y que está diseñando la portada y el interior del disco. Tan sólo hace algunos días que hemos terminado de grabar. Menos mal que pusimos una fecha límite porque si no Juan se habría quedado sin comer, ni dormir. Sin afeitarse, dando vueltas sobre sí mismo, buscando el acorde perfecto, o un sonido de guitarra que sea "como el agua cayendo" o como un "Zeppelín subiendo despacio" Cosas de Juan.

Nunca he sabido cómo era capaz de aguantar horas y horas buscando algo que "no sabe muy bien lo que es pero que está en el aire". Sin estimulantes externos. Sólo agua muy fría y té. Grabando este disco se ha cargado tres amplificadores. Uno de ellos "murió" por conectarlo mal pero los otros dos sencillamente se quemaron porque no aguantaron despiertos tanto tiempo como Juan. Si le hubiera dejado habría muerto de inanición porque eso que busca, sencillamente no existe. O mejor, sí está, pero en nuestra imaginación.

"Grabando este disco se ha cargado tres amplificadores; no aguantaron despiertos tanto tiempo como Juan"

Mientras escribo esto, estoy escuchando todas las canciones seguidas. La primera de la cara A se titula Hacia lo Salvaje y la última de la cara B Van como locos. Me dan ganas de tocarlas en directo. Y pienso que el Sonorama está a la vuelta de la esquina.

Salir a tocar por ahí es lo mas parecido a huir, sin saber muy bien de qué ni porqué. Quedar por la mañana, subir a la furgo, mirar atrás y ver como la ciudad se hace más y más pequeña. Es como no tener casa, ni jefe, ni dueños. Así es y así ha sido desde siempre.

Lo mismo era salir de Zaragoza para tocar ante unas decenas de personas en el extrarradio de cualquier ciudad que ir al Palacio de los Deportes. Me gusta escuchar el pulso de la batería a mi espalda como un latido y la guitarra de Juan a mi derecha. Reconocería ese sonido entre un millón. Es crudo y al mismo tiempo suave, eléctrico y denso. Es como una alfombra sobre la que desgranar palabras. Yo nunca me he sentido cantante. Nunca me interesaron el virtuosismo ni la técnica. Es un sentimiento más primitivo y difícil de explicar. Pues eso, que el Sonorama está a la vuelta de la esquina.