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Measha Brueggergosman debuta en el Real con la picante Jenny de "Mahagonny"

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A la soprano Measha Brueggergosman no le ha asustado nada en sus 33 años de vida, ni siquiera que hace dos le explotara la aorta y estuviera "a 20 horas de morir", por eso encara su debut mañana en "Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny" con la confianza y "sabiduría" que lleva tatuada en el antebrazo.

Todo en la canadiense es una "fusión", una "mezcla", desde su nombre -la suma del de su hermana y del suyo- hasta su apellido -resultado de unir al de su ex marido el propio-, pasando por su piel -"café con leche"-, enumera en una entrevista con Efe horas antes de estrenarse en el Teatro Real como la prostituta Jenny.

Sin parar de bromear y gesticular, esta hija de un pastor protestante, que luce en el pecho la misma cicatriz que él a causa del aneurisma que, con poca diferencia de años, casi acaba con ellos, asegura que la nueva producción del Real, en la que comparte "las montañas de basura" que hay en escena con Donald Kaasch, es artísticamente "difícil" pero "dramáticamente fácil".

Aceptó la propuesta de Gérard Mortier, "un intendente de la vieja escuela", de protagonizar en el Real este "reto" porque, argumenta, le "adora", le parece una de las personas "más interesantes, profundas y completas" que ha conocido, y tiene una "confianza total" en sus "visiones".

Otra motivación fue venir a Madrid y a España, su país "preferido" tras Canadá: "La mitad del éxito de una producción -dice- es que yo esté a gusto donde estoy, y vivo desde el 25 de agosto en la calle Arenal, puedo comer comida española todo el tiempo, puedo ir a la costa o subir a las montañas de Guadarrama, y eso para mí es muy especial".

"Mucha gente se pregunta por la variedad de mi repertorio. Canto casi de todo, pero eso está motivado o por el lugar o por la gente, el personaje, o algún lenguaje poético que me hace sentir que eso es algo que tengo que hacer, y que no tiene que ser, precisamente, por una causa musical", detalla.

Solicitadísima como cantante de "lied" y una no menos alabada "Elettra", "Sister Rose" o "Liú", Brueggergosman, que ha estado dos años sin cantar ópera y esta temporada ya tiene cuatro por delante, explica que su "picante" papel en "Ascenso y caída de Mahagonny", con libreto de Bertolt Brecht y música de Kurt Weill, es "muy fuerte y central", porque utiliza el sexo para progresar en su vida.

En cuanto a la ópera en sí, afirma que no está "demasiado metida" porque le parece "una ruleta rusa": "Una vez que estás dentro, una vez que has firmado el contrato, pierdes todo control sobre lo que pasa".

Sin pelos en la lengua, tampoco tiene ningún problema en hablar del aneurisma que le reventó la aorta hace dos años, porque, explica, aunque "casi morir es muy fuerte", está "muy satisfecha" con todo lo que ha vivido hasta ahora, y "lo que importa es lo que pasa después".

Acababa de terminar una extenuante gira y había salido a cenar en su ciudad, Toronto. De repente perdió la sensibilidad en las manos y notó un hormigueo "muy extraño" en la mandíbula y los hombros; se fue a casa y allí le fallaron las piernas y, de ahí, directa a un hospital, donde a las dos horas ya la habían operado.

"No sientes una violenta explosión ni dolor, solo un raro cansancio. Me dijeron que la hemorragia interna que había empezado a invadir todos los órganos me hubiera matado en 20 horas", recuerda sin dramatismo.

La "culpa" la tuvo su "negligencia" en vigilarse su hipertensión, una herencia paterna: "El cuerpo tiene unas necesidades y hay que atenderlas, y, aunque soy muy fuerte, mi cuerpo no puede seguir este ritmo tan estresante", al que ha decidido poner coto "empapándose" de las ciudades que visita, "no viendo sólo el teatro y el hotel", y aprendiendo yoga bikram.

Lleva tatuadas en su antebrazo derecho cinco palabras en inglés que significan "autocontrol", "sabiduría", "risa", "verdad" y "perdón", porque, resume, esas son "las cinco cosas" sin las que no tiene sentido vivir.

Concha Barrigós.