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"Él no sufrirá, tendrá anestesia, no como yo"

Una mujer volverá a Irán para vengarse legalmente de su agresor

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Los días de Ameneh Bahrami transcurren entre médicos. Dice que acepta la vida que le ha tocado y que las cosas no se pueden cambiar, aunque sí puede vengarse de su agresor. Y lo hará.

Las leyes de su país, Irán, permiten aplicar el ojo por ojo, y Ameneh, 'probablemente en Navidad', viajará a Teherán para ver cómo el hombre que hace cuatro años la roció con ácido queda ciego. La sentencia consistirá en verterle cinco gotas de esta sustancia corrosiva en cada ojo. 'Pero él no sufrirá, tendrá anestesia, no como yo', dice Ameneh, aún con un español rudimentario, aprendido entre médicos y enfermeras.

La vida de esta iraní de 30 años dio un giro radical cuando rechazó las insistentes peticiones de boda de un compañero de la Facultad de Electrónica. 'Yo nunca había hablado con él, sólo lo conocía de cara', explica. Y tras algunas conversaciones y varias amenazas, una mañana el pretendiente esperó a que Ameneh saliera de clase y vertió sobre ella una botella de ácido. 'Todo era fuego, la cara, las manos...', y se señala el escote.

Las consecuencias de aquella agresión han quedado para siempre marcadas en su piel y en sus ojos: Ameneh es ciega: 'Cierra los ojos cinco minutos. Todo negro. ¿Qué te parece?'.

La sentencia

Bahrami está acostumbrada a que en España se vea 'como algo malo' la aplicación de esta venganza. Pero para ella no es nada raro, sólo un modo de controlar todos los crímenes que se cometen, sobre todo, los que se realizan con ácido, cada vez más frecuentes en su país, según afirma. A modo de ejemplo, cuenta que su amiga española, Cristina, a la que su marido dejó ciega, 'está muy triste porque él en nueve años estará en la calle y podrá hacer lo mismo a otra mujer. Esto no está bien', comenta entre risas.

En este sentido, Ameneh está agradecida a las leyes de su país. Además, en Irán un hombre vale lo que dos mujeres, 'esto está mal', matiza, y por lo tanto, ella sólo tenía derecho a rociar con ácido uno de los ojos de su agresor. Tras varias cartas, el juez le ha concedido poder cegarlo completamente.

Ameneh afirma que no quiere vivir en Irán, porque le da 'miedo', y aunque está contenta con la legislación iraní, tiene claro que no desea volver a su país. Explica que allí no sale de noche y que teme represalias de la familia del condenado. 'Aquí, en Barcelona, soy libre', sentencia.