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La Octava de Mahler, un glorioso comienzo para nueva temporada de los Proms

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La Octava de Mahler, popularmente conocida como la Sinfonía de los Mil, ha sido un glorioso comienzo para la nueva temporada de los conciertos Proms de la BBC.

El Royal Albert Hall londinense resonó anoche con las poderosas notas de una orquesta reforzada en sus efectivos, el gran órgano de la sala y las voces de varios coros catedralicios, así como los de la Sinfónica de la BBC y la Filarmónica de Sydney.

Si no llegaron a los mil, todas esas fuerzas superaron con creces el medio millar y su coordinación fue un enorme desafío que superó airosamente el checo Jiri Belohlávek, director de la Sinfónica de la BBC en un auditorio totalmente abarrotado y en el que en el patio central, destinado al público en pie casi no cabía un alfiler.

Belohlávek sacó todo el partido posible al fuerte contraste entre los dos únicos movimientos de la monumental sinfonía, una primera parte cantada en latín tanto por el coro como las partes solistas, y una segunda, extraída de la escena final, en alemán, del "Fausto" de Goethe.

La sinfonía, que comienza con un atronador acorde de órgano antes de que el coro invoque al espíritu creador, se caracteriza en esa primera parte por una compleja aunque luminosa polifonía entre los coros y las voces solistas y contrapuntos típicos del barroco.

En la segunda parte, en la que un amplio preludio orquestal evoca el paisaje boscoso de la escena final del Fausto, la polifonía cede a líneas solistas mucho más claras y a un fuerte respeto por el texto en el que se nota la influencia de los dramas musicales de Wagner.

La orquestación es aquí mucho más frugal, típica del último estilo orquestal del compositor austríaco aunque en realidad, como señala el musicólogo británico John Pickard, Mahler desarrolla en ella parte del material sonoro oído en la primera.

Es sabido que Goethe había pensado en un fondo musical para su "Fausto" y Mahler parece atender ese deseo con una escritura coral de enorme originalidad.

En la segunda parte, la música cobra de pronto un carácter como de scherzo con los coros de ángeles que transportan a las alturas el alma de Fausto, que acaban de rescatar de las garras del diablo, y siguen temas caracterizados por una luminosa sonoridad orquestal de arpas, piano y armonio.

A pesar de la aparente extravagancia de esta sinfonía, ésta es desde el punto de vista temático una las más integradas de las obras de Mahler", y Behlolávek así supo verlo con una ejecución brillante, deslucida en algún momento por pequeños desatinos en la sección de viento, tan importante en esta sinfonía.

Los coros, tanto los de adultos como los infantiles, estuvieron magníficos, y entre las voces solistas, hay que destacar a la gran mezzosoprano estadounidense Stephanie Blythe, dotada de una voz con el volumen y la belleza precisos.