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Ovnis en un bosque de bambú

El pueblo Hakka alzó en el sur de China los 'tulou', construcciones de formas redondas y cuadradas, cuyos interiores recuerdan a corralas madrileñas

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En la aldea de Hongkeng, enclavada entre las terrazas de arroz y los frondosos bosques de bambú que forman la estampa típica del sur de China, todo el mundo se apellida Lin. En Kaixia, a pocos kilómetros, se apellidan Zhang y en Yuchang, Liu.

Lo mismo ocurre en cada una de las numerosas aldeas Hakka esparcidas en el interior de la provincia de Fujian, que han conservado el apellido de sus antecesores. El pueblo Hakka tiene su origen en las llanuras del Río Amarillo, pero hace más de doce siglos emigraron hacia al sur, escapando de las guerras entre dinastías imperiales.

'Los Hakka tienen fama de ser listos y trabajadores', explica Amy, guía turística de Fujian. Sin embargo, lo que hizo saltar a la fama a los Hakka son sus extrañas construcciones de formas redondas y cuadradas, levantadas con gruesos muros de adobe alrededor de un espacio abierto en el centro, que al ser detectadas por un satélite espía norteamericano en 1985 fueron confundidos con ovnis y depósitos de misiles.

'Desde entonces los pueblos hakka se han convertido en un reclamo turístico', explica Amy mientras un grupo de jubilados chinos con viseras rojas entra en un tulou

-el nombre de estas edificaciones-. El interior recuerda a una corrala madrileña, con sus galerías de madera que dan a un patio de suelo de piedra, donde suele haber un templete budista y otros espacios comunales, como las cocinas.

Por el espacio abierto al cielo asoman los montes de bambú y las nubes negras, que amenazan tormenta. Las lluvias tropicales, frecuentes en esta época del año, permiten aliviar durante unos minutos del intenso bochorno y hacer callar a las cigarras.

Los gruesos muros de adobe también ayudan a mantener fresco el interior de los tulou y los habitantes aprovechan cualquier rincón del patio para instalar un hornillo eléctrico donde colocar el wok o secar hojas de té.

'El abuelo de mi marido ayudó a construir este tulou', explica Su, una vendedora de postales. Su marido, un anciano que dormita a su lado, pertenece al clan de los Lin, el nombre del comerciante de tabaco Hakka del siglo pasado que fundó Hongkeng.

Durante siglos, los Hakka llegaron a ser importantes funcionarios y comerciantes agrícolas, pero la llegada del comunismo y la colectivización han hecho imposible que los campesinos chinos puedan enriquecerse en China.

'Hace 50 años aquí nos moríamos de hambre', recuerda otro vecino, también apellidado Lin. Los hakka, al menos, han podido beneficiarse del turismo y son conscientes del golpe de suerte que significó que los tulou fueran declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2008.

Lin, supersticioso, insiste en mostrar el enorme Tong Qian, una moneda antigua que simboliza la buena fortuna, grabado en el suelo de su tulou, de más de siete siglos, el más antiguo de Hongkeng.