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Pekín planea un moderno rediseño de la capital tibetana

Pretende "prestar una atención especial a la protección de lugares de interés histórico y cultural"

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Pekín quiere convertir Lhasa, la capital tibetana, en una 'ciudad moderna, próspera, armoniosa y ecológica' en 2020. El ambicioso plan urbanístico aprobado esta semana por el Gobierno chino prevé una reducción del número de residentes de la ciudad, que ha multiplicado por once su población en medio siglo, y fuertes inversiones para el desarrollo económico y medioambiental.

El rediseño anunciado por Pekín promete 'prestar una atención especial a la protección de lugares de interés histórico y cultural', pero el Dalai Lama y el Gobierno en el exilio lo ponen en duda. Para ellos, la ocupación china de Tíbet y la migración de decenas de miles de chinos de etnia Han a Lhasa han puesto 'en peligro de extinción' la cultura tibetana tradicional.

El Dalai Lama no rechaza la modernización. Gran parte de la población disfruta actualmente de las ventajas que han traído las inversiones millonarias del Gobierno, desde los centros comerciales a las escuelas públicas.

Educación patriótica

Sin embargo, el líder espiritual teme que el rediseño planeado por Pekín acentúe la discriminación religiosa y cultural de los tibetanos: en las escuelas, por ejemplo, el lenguaje autóctono está discriminado en favor del mandarín, idioma necesario para poder acceder a estudios superiores o para encontrar un trabajo, y los alumnos son sometidos a un programa educativo patriótico, controlado por Pekín.

El presidente chino, Hu Jintao, ha hecho un llamamiento público para crear una Gran Muralla de estabilidad en Tíbet y el resto de las regiones tibetanas, donde se han producido varios incidentes en los últimos meses.

El más reciente ocurrió ayer, día en el que se conmemoraba el 50 aniversario de la huida del Dalai Lama a India tras el levantamiento fallido contra la ocupación china. Una comisaría de Policía de Ganze, en la provincia de Sichuan fronteriza con Tïbet fue bombardeada a primera hora sin provocar heridos . Aunque las autoridades locales calificaron de 'poco grave' el incidente, la bomba volvió a disparar la tensión.

Ganze albergó algunas de las protestas más violentas de las revueltas tibetanas que estallaron en Lhasa el 14 de marzo y meses más tarde, un monje intentó autoinmolarse en un monasterio en protesta por la represión.

El Gobierno chino mantiene un gran despliegue de patrullas militares en toda la región desde el terremoto de Sichuan, con el fin de reprimir cualquier intento de revuelta en fechas tan sensibles. Hay controles policiales en todas las carreteras y la población tibetana teme a hablar por miedo a represalias.

Mientras Pekín diseña la modernización de Lhasa, la población china se siente atraída por “el paraíso perdido” que representa el Tíbet y sus tradiciones milenarias, entre las que destaca su gran  espiritualidad.

“Cada vez hay más chinos interesados en mirar atrás, en reflexionar sobre el pasado, y el budismo tibetano es una buena vía”, dice Li Wei, propietario de una tienda tibetana
en Pekín. “Soy empresario, budista y taoísta”, dice Li al definir su identidad.