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Plan de rescate de industria automotriz de EE.UU. parece revivir en el Senado

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Un grupo de senadores republicanos y demócratas ha llegado hoy a un principio de acuerdo para aprobar un plan de rescate de la industria automotriz estadounidense por 14.000 millones de dólares, anunció el presidente de la cámara alta, Harry Reid.

En declaraciones a los periodistas, Reid dio nueva vida a un acuerdo que parecía agónico al señalar que el senador republicano Bob Corker, que gestionó el acuerdo, se disponía a informar a sus colegas sobre los detalles.

Varios legisladores advirtieron de que, de momento, no hay nada definitivo sobre el pacto. "Pero estamos listos para avanzar", señaló Reid.

"Tenemos todavía algunos problemas que resolver, pero todos queremos solucionarlos", indicó Corker, sin ofrecer detalles sobre dichos obstáculos.

El plan original fue aprobado ayer en la Cámara de Representantes con 237 votos a favor y 170 en contra, pero con el "sí" de sólo 32 legisladores republicanos.

En el Senado la propuesta sufrió un revés después de que el líder de la minoría republicana, Mitch McConnell, indicara que votaría en su contra.

Los demócratas sólo tienen 50 escaños en el Senado y necesitarían 60 votos para frenar las tácticas dilatorias de la minoría.

McConnell repitió el temor de muchos republicanos de que el plan no ofrece garantías para la viabilidad a largo plazo de las tres grandes automotrices de Estados Unidos, General Motors (GM), Ford y Chrysler.

El mayor "defecto" del plan, señaló, es que "promete dinero de los contribuyentes a cambio de reformas que pueden o no ocurrir mañana".

Agregó que, en vez de pedirles que "subsidien un fracaso", los estadounidenses merecen garantías de que su "inversión" producirá empresas "más eficientes y sólidas que no necesiten más ayuda de los contribuyentes en tan sólo unos cuantas semanas o meses".

El consenso es que, sin el préstamo, el colapso de las compañías agravaría la crisis económica con la pérdida de millones de empleos.

GM es el que afronta la mayor urgencia, y Ford ha dicho que no usará los fondos a menos que empeore su situación.

Sin embargo, McConnell dejó una puerta abierta al paquete de ayudas al señalar que la proposición del senador republicano por Tennessee Bob Corker mejoraría con creces el plan de rescate.

"Mi propuesta es muy sencilla: encontremos el dinero que piden las empresas, pero exijamos a cambio condiciones", dijo Corker, cuyo estado tiene una planta de GM.

Su propuesta obliga a las empresas a trazar, a más tardar el 15 de marzo de 2009, un plan detallado para reducir su deuda en dos tercios.

También pide que los Tres Grandes de Detroit ajusten sus costos laborales para equiparlos a los de sus rivales extranjeros, como Nissan, Toyota y Honda.

El Sindicato de Trabajadores de la Industria Automotriz teme que sus miembros sean "chivos expiatorios" y aseguró que el costo laboral es de alrededor del 8 por ciento del total.

La medida de Corker, además, exige que parte de los pagos que realicen las empresas a los gremios incluya acciones.

Hasta ahora han resultado infructuosas las presiones de la Casa Blanca para que los republicanos permitan someter el plan a votación en el Senado.

También el presidente electo, el demócrata Barack Obama, se sumó hoy al llamado para que el Congreso apruebe el plan esta semana.

"No podemos simplemente asistir al colapso de esta industria como observadores, porque eso conduciría a un efecto dominó devastador en toda nuestra economía", advirtió Obama en una rueda de prensa en Chicago.

El monto es inferior a los 34.000 millones de dólares solicitados por las empresas automovilísticas pero los legisladores creen que basta para mantenerlas a flote hasta marzo de 2009.