Publicado: 27.05.2015 04:26 |Actualizado: 27.05.2015 06:19

La Policía desaloja el nuevo Patio Maravillas horas después de una breve 'okupación'

El espacio autogestionado 'okupó' el martes un edificio de 3000 metros cuadrados en el Paseo del Prado. Fueron desalojados alrededor de las cuatro de la mañana. Sobre su actual hogar, en el corazón de Malasaña, pesa una orden judicial de desalojo

Publicidad
Media: 5
Votos: 5
Comentarios:
Los activistas apuntalan la puerta de entrada al edificio que han okupado en Madrid.- JAIRO VARGAS

Los activistas apuntalan la puerta de entrada al edificio que han okupado en Madrid.- JAIRO VARGAS

MADRID.- La alegría apenas duró diez horas. Alrededor de las 4.00 horas de la madrugada de este miércoles, 
200 agentes de la Policía Nacional han desalojado a los activistas del Patio Maravillas que durante la tarde del martes habían okupado un edificio de 3000 metros cuadrados en el Paseo del Prado con Público como testigo.

El inmueble, de titularidad pública, fue cedido de manera gratuita por 75 años al arquitecto argentino Emilio Ambasz, quien había anunciado una inversión de 4,5 millones de euros para construir un Museo de las Artes, la Arquitectura, el Diseño y el Urbanismo. El proyecto de Ambasz, sin embargo, no incluye al colectivo de arquitectos de la ciudad ni tampoco ha explicado qué contenido albergaría dicho Museo.  

Sí que se conoce, por contra, que el gobierno municipal de Ana Botella se despidió del Ayuntamiento adaptando la ley para poder derribar el inmueble, construido en 1936. "La Policía desaloja el edifico que tomamos esta tarde [por ayer], creen que así acaban con el proyecto pero no habrá desalojo que nos pare", informaba de madrugada la cuenta de Twitter del Patio Maravillas.

Crónica de una breve 'okupación'

PAtio maravillas

Horas antes de la actuación policial, una pila de periódicos viejos daba la bienvenida a los nuevos okupantes en el hall de entrada. Una ventana situada en la fachada principal del edificio había servido a los activistas del Patio para entrar al que deseaban que fuese su nuevo hogar. Algunos diarios eran de hace sólo unos meses, otros de varios años atrás.

En los cajones iban apareciendo viejas radiografías de pacientes que nunca imaginaron donde acabarían sus pruebas médicas. En las mismas dependencias se podían encontrar tubos para sacar la sangre, jeringuillas y también recipientes para la orina. "Creo que esto era antes un Centro de Salud", decía uno de los jóvenes. "También estaba algo de la UNED aquí", replicaba otro. Las pizarras, pupitres y carteles informativos así lo atestiguaban.

El edificio es inmenso y era fácil perderse en esos primeros minutos. Todo estaba oscuro y cubierto de un manto gris, una espesa capa de polvo. Los cristales crujían en el suelo. Tras varios minutos, los activistas del barrio consiguieron pinchar la electricidad y se hizo la luz. Tres mil metros cuadrados en pleno centro de Madrid. Tres plantas y una azotea que preside el llamado Paseo de las Artes, un enclave que une el Museo del Prado, el Thyssen, Caixaforum y el Reina Sofía. 



El Patio Maravillas lo había advertido hace meses. El Juzgado de Instrucción número 45 de Madrid dictó en febrero una orden de desalojo sobre el inmueble que el colectivo habita desde hace cinco años en el corazón de Malasaña. "Si el Ayuntamiento no nos cede otro espacio, ocuparemos otro antes de las elecciones", afirmaron.

Dicho y casi hecho. Fue con dos días de retraso, pero la okupación llegó. Desafortunadamente para los intereses del colectivo, la Policía Nacional los desalojó a las pocas horas. ​​

"En el último Pleno del Ayuntamiento aprobaron derribar este edificio en julio para construir el supuesto Museo", señalaban en la puerta del edificio las portavoces del Patio con un megáfono en una mano y la otra en la pancarta. "No somos mercancía en manos de políticos y banqueros", subrayaban.

Echar a los 'malos'

Tras las primeras inspecciones del edificio y la primera reunión de coordinación, la veintena de jóvenes que irrumpió en el inmueble se puso manos a la obra. Unos cogieron mopas, otros fregonas y otro pequeño grupo encontró unas pocas bayetas. Y comenzaron a trabajar. Querían dejar el sitio impoluto para convertirlo en la nueva sede del Centro Social Autogestionado. "Es enorme. Esto puede ser la hostia", se escuchaba desde una habitación vecina. Al final, no lo fue. 

Los activistas quitan el polvo del edificio okupado en Madrid.- JAIRO VARGAS

Los activistas quitan el polvo del edificio okupado en Madrid.- JAIRO VARGAS

Mientras dentro se limpiaba a toda velocidad con el fin de habilitar un espacio para la asamblea convocada a las 23.30 horas, en la calle alrededor de 100 personas montaban guardia. Cantaban y bailaban tratando de matar el tiempo. En aquellos momentos aún parecía que la Policía no iba a actuar.

El despliegue policial se limitaba a tres motos de agentes municipales y una patrulla de la Policía Nacional. "Si ya habéis conseguido echar a los malos con las elecciones...", decía uno de ellos a un portavoz del Patio tras preguntar por qué habían elegido esta fecha para la okupación

Atrincherarse en el interior es el primer paso para ganar tiempo ante un desalojo.

Ganar tiempo ante un desalojo

Estaban preparados para aguantar. Los que estaban fuera habían traído pizza y algo de beber. Un puntal de obra bloqueaba la entrada principal reforzado con una gruesa cadena de acero y un pesado candado. Habían aplicado la misma técnica en la entrada trasera. No habían encontrado más, pero sospechaban que las había. Atrincherarse en el interior era el primer paso para ganar tiempo ante un más que probable desalojo. Finalmente, ocurrió con nocturnidad.

En la memoria de los activistas quedará el mejor descubrimiento del inmueble: una inmensa azotea con vistas al monasterio de Los Jerónimos. Allí, entre calada y calada, pudieron imaginar la cantidad de actividades culturales que se podrían realizar en el inmenso espacio en caso de tener éxito la okupación

De momento, los planes tendrán que esperar. Pero el Patio ya ha anunciado que la lucha sigue pese al nuevo desalojo. El segundo que sufre el espacio en apenas unos meses. Sin contar la orden de desalojo que pesa sobre su actual sede. El Madrid de Ana Botella ya ha dejado claro que no hay espacios para la autogestión de los jóvenes. Las urnas han dictado cambio y el futuro está por escribir. ¿Quizás con la pluma de Manuela Carmena?

Los activistas cogen pupitres del edificio para organizar la asamblea.- JAIRO VARGAS

Los activistas cogen pupitres del edificio para organizar la asamblea.- JAIRO VARGAS