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Policía y puertas cerradas para evitar preguntas incómodas

La policía local de Valencia ha impedido el acceso de una docena de medios de comunicación debidamente acreditados al balcón del Ayuntamiento, donde Rajoy contemplaba la "mascletá" junto a Camps y Barberà.

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Mariano Rajoy se ha librado hoy de las preguntas incómodas de la prensa sobre el 'caso Gürtel' mediante el expeditivo método de colocar un policía entre él y los periodistas debidamente acreditados para cubrir el acto. El presidente nacional del PP estaba hoy en Valencia para presenciar la 'mascletá', el espectáculo pirotécnico diario de las Fallas desde el balcón del Ayuntamiento, junto a la alcaldesa Rita Barberà y Francisco Camps, presidente autonómico.

Mientras los tres políticos saludaban sonrientes a la multitud, dos policías custodiaban la puerta del balcón. Su labor era impedir que unos veinte periodistas que esperaban al otro lado accedieran a la espaciosa antesala. El argumento de los agentes fue que el jefe de prensa del Ayuntamiento había prohibido la entrada. Adujeron también motivos de seguridad, el mismo razonamiento que esgrimieron los responsables de comunicación del Consistorio momentos después de establecerse la barrera policial. Sin embargo, sí hubo paso franco para miembros de protocolo del Consistorio y varios invitados.

Pese a los reiterados intentos de los profesionales por pasar a la antesala del balcón, los agentes fueron inflexibles. Los periodistas mostraron sus acreditaciones -conseguidas con semanas de antelación-, e incluso invocaron al artículo 20 de la Constitución española, que regula el derecho a la información y la libertad de expresión. No sirvió de nada.

Ni siquiera al acabar la 'mascletá' cuando varios de los invitados ya habían salido de la estancia, pudieron pasar los periodistas. Cuando lo intentaron, recibieron empujones de los agentes, acompañados de un lenguaje chulesco. Una redactora sufrió un corte en la frente, producido por la cámara de un compañero que se vio empujado por la violencia de la policía.

De esta forma, Mariano Rajoy se libró de preguntas incómodas. Sólo unos pocos profesionales consiguieron acceder al balcón antes de la llegada de Rajoy. No pudieron preguntar al líder nacional del PP porque alrededor de los tres altos cargos conservadores, los miembros de sus respectivos gabinetes trenzaban una poderosa barrera que los protegía de cualquier acercamiento de la prensa.

Rajoy sólo se dirigió a la prensa para declarar que se sentía 'muy bien rodeado' y que era un 'honor' estar en la ciudad. Cuando los periodistas hicieron el ademán de preguntar, él ya había girado la cabeza para encaminarse al aperitivo preparado por el Ayuntamiento valenciano en la sala contigua. Allí tampoco pudieron acceder los medios.