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La Policía y un testigo clave acorralan a los acusados

‘CASO MARTA’» Un vecino de Carcaño dice que lo vio con una silla de ruedas de madrugada

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Los siete testigos que declararon ayer en la sexta sesión del juicio por el crimen de Marta del Castillo –un vecino de Miguel Carcaño, la entonces pareja del primero y cinco policías– volvieron a poner sobre la mesa las contradicciones de los acusados e incluso de Francisco Javier García, el Cuco, quien se enrocó en su inocencia un día antes a pesar de estar ya condenado a tres años por encubrimiento.

El vecino, Diego C., insistió en que vio de madrugada  a Carcaño, en torno a la una y media, parado frente a un espejo que había en el portal del piso de León XIII, donde sucedieron los hechos, con una silla de ruedas y “como arreglándose la chaqueta”. Además, aseguró que iba con una ropa distinta a la que llevaba por la tarde, cuando se lo cruzó también en el portal.

Su declaración desmonta la versión ofrecida por Carcaño la semana pasada y coincide con el relato de hechos probados de la sentencia contra el Cuco, según la cual Carcaño, de madrugada, esperó con una silla de ruedas hasta que las condiciones fueron propicias para trasladar el cuerpo al coche. “La persona mayor de edad penal que había acabado con la vida de M.; tras dejar la silla de ruedas; se montó en su ciclomotor y siguió al vehículo llevando el cuerpo de M. hasta un lugar no determinado”, concluye la sentencia contra el Cuco, obligado a decir la verdad en este juicio como testigo y a quien la familia de la joven sevillana denunciará por perjurio.

La declaración del vecino de Carcaño también contradice la versión de María García, la novia de Francisco Javier Delgado, hermano de Carcaño. Ella siempre ha asegurado que estuvo en el piso desde la medianoche hasta las ocho y media de la mañana siguiente y ni vio ni escuchó nada raro. Aunque dice que al pasar por el cuarto de Carcaño olió como a “fregona sucia de bar”.

Sospechoso desde el principio

Carcaño fue, de hecho, sospechoso desde el primer momento para la Policía. Y lo fue, según los agentes que declararon ayer, porque era el único amigo de Marta que dijo que esta “tenía pensado fugarse” cuando cumpliera los 18 años –Marta tenía 17– porque no aguantaba a su familia. “Todos los demás dijeron que era una chica normal, que no tenía problemas en los estudios ni con la familia”, afirmó un investigador. Otro agente atribuyó esas primeras sospechas a que no cogía el teléfono.

Distinta fue la actitud de Samuel Benítez. Según la Policía, siempre se mostró colaborador y llegó a decir que estaba preocupado porque Carcaño era “un tío violento que no controlaba sus impulsos” y tenía miedo de que hubiera cometido una locura.

Finalmente, confesó su participación en los hechos de “forma espontánea” y no bajo las presiones que él alegó, según la agente que le tomó declaración, siempre en presencia de su letrado e informado de sus derechos. “¿Ha visto por la tele o la radio la declaración que hizo Benítez el otro día?”, le preguntó su defensa. “No”, respondió la agente, que negó que Benítez situara en un papel dónde tiraron el cuerpo, en contra de lo que él afirmó la semana pasada.

Los policías negaron cualquier presión o coacción a los acusados. “Ni se les presionó ni amenazó ni nada. Sí se les repitió las ventajas que podían tener si colaboraban con la justicia”, aseveró un agente. Las defensas se decantaron por tratar de demostrar que la Policía orientó al testigo clave sobre la hora a la que vio a Carcaño y en cuestionar su trabajo: “¿Pidieron autorización a Carcaño para llevarse su ropa?”, “¿hicieron un reportaje fotográfico?”, “¿comprobaron cuánto se tarda de León XIII a Camas?”, preguntaron.