Publicado: 18.02.2014 07:00 |Actualizado: 12.01.2015 21:45

"Querían atizarle pero ni le rozaban"

Así fue la llegada, ascenso y consagración de Jesús Navas en el Sevilla, hasta su fichaje por el Manchester City, contada por el hombre que le fichó para el club de Nervión, Joaquín Caparrós y uno de sus técnicos en el primer equipo. Hoy juega unos inmensos octavos de Champions contra el Barça

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Jesús Navas celebra un gol en un partido reciente del Manchester City. ANDREW YATES / AFP

El día anterior había diluviado y el campo de Los Palacios (Sevilla) estaba encharcado y embarrado, absolutamente anegado. Poco apto para habilidosos, en definitiva. Pese a ello, corría como el viento, regateaba y se zafaba con gran facilidad a los defensas del Diablos Rojos. Con un desparpajo propio de chavales cuatro, cinco o hasta seis años mayor que él. "Los demás eran más grandotes, tenían más físico, y, sin embargo, el pequeñín era el que más destacaba", recuerda Pablo Blanco, quien se ocupa de la cantera del Sevilla desde 1991. En realidad, había acudido un fin de semana del año 2000 con el objetivo de ver a un portero al que llevaban tiempo siguiendo. Lo llamaban Wilson, por su parecido con un guardameta del Rayo Vallecano del mismo nombre. No obstante, Blanco no pudo evitar fijarse en ese demonio, ese chaval menudo, un tal Jesús Navas, que "lo tenía todo: regate y velocidad". 

"El mejor de todos es el enano aquel", le advirtió desde la grada el presidente del humilde equipo señalando a Navas (Los Palacios, 1985). "Sí que es un fenómeno, pero, ¿juega así siempre?", le preguntó el responsable sevillista. "No, juega mejor, lo que pasa es que sois tan malos los entrenadores que sólo os fijáis en los grandes", recibió por respuesta. Blanco acabó tan convencido por lo que había visto sobre el césped que al finalizar el encuentro propuso que el pequeño Jesús fuese a realizar una prueba con el Sevilla. Así que al martes siguiente su padre le llevó a la Ciudad Deportiva. "Y lo hizo mejor incluso que el fin de semana anterior, jugaba mejor que los ángeles", rememora. Aún tuvo que pasar una segunda prueba, dos días después, para que el técnico accediera a ficharlo.

Era de una familia humilde, muy religiosa, bien estructurada y tenía otros cuatro hermanos. Y de un carácter muy tímido, callado e introvertido, así que, como uno de los técnicos de la cantera del club era precisamente profesor en el instituto de Los Palacios donde estudiaba, le ayudó a desenvolverse cuando arribó. El otro contratiempo que necesitaron resolver fue el transporte. Su padre y el club tuvieron que arreglárselas para llevarlo, pese a que la localidad está muy cerca de Sevilla. Con el tiempo, como no se movió de su pueblo y tardó en sacarse el carnet de conducir, tuvo que continuar buscándose la vida para ir a entrenar. Bien compañeros, bien amigos o familiares.

En los entrenamientos era un portento, destacaba por encima de los demás, como lo había hecho en las pruebas de acceso. "Se le veían maneras de un futbolista distinto, y eso que nosotros habíamos tenido a otros como Reyes o Puerta. No tropezaba nunca, encaraba siempre, tenía un regate muy fácil y gol. Físicamente era un prodigio, un keniano. Era tan rápido y saltaba tanto que los rivales querían atizarle pero ni le rozaban", evoca. Tuvo, eso sí, que trabajar su constitución, con gimnasio, aportes vitanímicos y la labor del nutricionista Antonio Escribano.

"Cuando lo veían jugar con nosotros se extrañaban porque aun con 17 años era pequeño y endeble, parecía infantil, pero siempre encaraba los partidos sin problemas y se zafaba de todos", asegura. Por entonces ya se lo rifaban en España y en media Europa, su ascenso era vertiginoso, como un cañón, y, al final, Joaquín Caparrós lo subió al primer equipo, por recomendación de Pablo Blanco. El entonces entrenador del Sevilla había recibido el aviso de la genialidad de Jesús y decidió probarlo en partidos amistosos junto con los menos habituales de la primera plantilla. "No pesaba ni cincuenta kilos", rememora Caparrós. Sin embargo, su poca corpulencia no fue óbice para que comenzara a entrenar con el primer equipo. "Tenía un talento, un cambio de ritmo, un desparpajo...", afirma el ahora técnico del Levante, con la boca echa agua. "Era algo cantado", dice Antonio Álvarez, exjugador sevillista y ayudante de Caparrós y Juande Ramos.

Navas llegó con humildad y una timidez exagerada; tanta que no se atrevía a mirar a nadie a la cara. Pero eso cambiaba en los entrenamientos, cuando se plantaba frente a hombres como Pablo Alfaro o Javi Navarro, que le sacaban varios cuerpos. Se encaraba con ellos y les dejaba a los pies de los caballos, como había acostumbrado a hacer el resto de su vida. "Esa forma de ser, ese descaro, hicieron que se ganara la credibilidad del vestuario", explica Caparrós. Él y Álvarez sabían que tenían entre manos un diamante, pero que había que tener mucho cuidado. Necesitaban administrar bien los minutos que jugaba y qué partidos disputaba, para que poco a poco fuera entrando en las rotaciones. "Al ser muy tímido había que hablarle en su 'idioma'. Tranquilo, sigue trabajando, que vas a ser un futbolista importante en el equipo, le decíamos. No se le comentaba directamente que había que dosificarle, pero sí que tuviera claro que iba a estar para ayudar y que se iba a hacer un futbolista imprescindible", apunta el exayudante de Caparrós.

"Cuando el niño se suelte... verás tú"

Caparrós siempre fue un enamorado de la cantera del club, así que entre los dos técnicos se encargaron de pulir al extremo derecho para que llegara a ser lo que fue después, centrándose principalmente en las labores defensivas, la presión, la basculación o el jugar con la zurda. Pero a Navas no le importaba, era como una esponja. Atendía a todas las explicaciones con los ojos bien abiertos. "Le exigía mucho, pero él quería que lo hiciera", defiende el técnico. "Cualquiera coge al niño, con lo rápido que es. Cuando aprenda a competir...", comentaban entre bromas él y Álvarez. "Cuando el niño se suelte... verás tú", profetizaban los pesos pesados de la plantilla. Y el niño se soltó. Cogió la confianza que necesitaba y se hizo titular indiscutible con Juande Ramos aquel 2005 en que el equipo logró la Copa de la UEFA en Eindhoven (Holanda).

Su ansiedad: "Me preguntaba cómo podía estar así, queriéndose ir de la concentración si quería ser futbolista de élite, y teniéndolo tan al alcance de la mano"

Sin embargo, antes de dar el salto definitivo hacia el estrellato tuvo que domar un grave problema, el de su ansiedad. La gran cercanía y unión con su familia le hizo difícil soportar las concentraciones de varios días del equipo. Aunque estaba cerca de su pueblo y de su familia, para él no era lo mismo. "Es algo que al principio te resulta inexplicable. Yo me preguntaba cómo podía estar así, queriéndose ir de la concentración si quería ser futbolista de élite, y teniéndolo tan al alcance de la mano", comenta Álvarez, quien recuerda en esos momentos a un Navas encorvado, muy triste, con la mirada perdida y sin ganas de nada. La solución fue ponerlo en manos de los psicólogos, quienes estuvieron muy encima de él y recomendaron al entrenador que no le atosigaran, para que él solo se soltara poco a poco y fuera cogiendo confianza. "Aconsejaron incluso que tampoco fuera a la selección. Eran momentos muy delicados en los que afortunadamente no sólo se miró por el deportista, sino por la persona; era imprescindible recuperar a la persona para recuperar al futbolista", añade. Todo el club -los técnicos, Pablo Alfaro o Sergio Ramos- se volcó porque era alguien muy querido.

La medida, el tacto con Jesús, dio resultado. Se echó novia, llegó a la selección, se casó, tuvo un hijo y los mejores equipos del mundo volvieron a llamar a la puerta. Pero el que se llevó el gato al agua fue el Manchester City, con el que juega esta noche (20.45 horas, La 1) ante el Barcelona la ida de los octavos de final de la Champions. "Si hubiera habido otro entrenador en el Real Madrid y no Mourinho, creo que le hubieran fichado porque encajaba perfectamente", afirma Pablo Blanco. Álvarez, en cambio, siempre pensó que no se movería de Sevilla o, al menos de España. Caparrós cree que se lo merece y que ha llegado donde está con mucho trabajo. "Sabíamos que no tenía techo y que llegaría a donde se propusiese", asegura.

"Está muy estable y maduro, y un poco tímido, como casi siempre", asegura Blanco, quien le vio en la ciudad industrial del norte de Inglaterra hace unos meses. Ahora, su labor es encontrar al próximo Navas que verán el Sevilla y España. "Tenemos futbolistas muy parecidos, como Pozo, en el primer año del cadete. Ojalá lo encontremos, pero no creo que haya ningún jugador igual a él", zanja escéptico. 

Posibles alineaciones

Manchester City: Hart; Zabaleta, Kompany, Lescott, Clichy; Javi García, Toure Yayá; Navas, Silva, Nasri; y Negredo.

Barcelona: Valdés; Alves, Piqué, Mascherano, Alba; Busquets, Xavi, Iniesta, Cesc, Pedro y Messi.

Árbitro: Jonas Eriksson (Suecia)