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Los salarios sufren el doble de carga fiscal que el capital

Se mantiene el desequilibrio entre lo que pagan las rentas de trabajo y el ahorro

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Una crítica habitual de los expertos que defienden una política fiscal alternativa es el llamativo desequilibrio que existe en la tributación de las ingresos del trabajo y en los obtenidos por los rendimientos del capital, donde se incluyen, por ejemplo, las plusvalías por la venta de un inmueble o de unas acciones, los dividendos obtenidos o los intereses bancarios. En los países europeos, los salarios están más gravados por los impuestos que las rentas del capital; y hasta hace bien poco, la competencia por atraer capitales, o por evitar su salida, ha generado una espiral a la baja en este terreno.

Según las estadísticas de la Comisión Europea, la carga fiscal que soportan las rentas de capital, medida en comparación con el PIB, es prácticamente la mitad que la que tienen las rentas del trabajo: el 8,6% frente al 16,7%, según los últimos datos elaborados por Bruselas, referidos a 2008. Esta relación se ha mantenido prácticamente estable en los últimos 15 años, salvo en un breve periodo entre 2005 y 2006, en que la presión fiscal sobre el capital alcanzó los dos dígitos, al calor de los importantes rendimientos que generaron en aquellas fechas las numerosas transacciones vinculadas al sector inmobiliario.

La última reforma del IRPF adoptó el modelo dual de los países nórdicos

La última reforma del IRPF, que entró en vigor en 2007, siguió esta tendencia, adoptando un modelo fiscal extendido entre algunos países nórdicos del impuesto dual, esto es, un tratamiento claramente diferenciado para los ingresos del trabajo (gravados con hasta un 43%) y los del capital, que soportaban un tipo único del 18%. Se daba, así, el caso de que una persona que obtuviera unas plusvalías de 17.000 euros por la venta de un piso pagaba menos, el 18%, que un asalariado con esos mismo ingresos anuales, gravados con el 24%.

Esta situación se ha corregido relativamente en este ejercicio, con la elevación de la tributación de la renta del ahorro, a la que, además, se le ha introducido una cierta progresividad: los rendimientos hasta 6.000 euros soportan un tipo del 19%; y a partir de esa cantidad el gravamen pasa al 21%.

Algunos medios apuntan que el Gobierno baraja dar otra vuelta de tuerca en este ámbito de cara a 2011, elevando los tipos o introduciendo otro tramo de gravamen, en su anunciada decisión de elevar los impuestos para las rentas más elevadas.