Público
Público

Los sindicatos ponen en juego su prestigio el 29-S

Los expertos creen que si el paro es un fracaso las centrales pueden perder influencia. Toxo y Méndez rechazan que el resultado vaya a cuestionar la credibilidad de sus organizaciones

Publicidad
Media: 0
Votos: 0
Comentarios:

Ni contigo ni sin ti, mis penas tienen remedio. Como en la copla, los sindicatos, especialmente las dos grandes centrales UGT y CCOO, se enfrentan a una huelga general en la que se juegan su prestigio. 'Saben que se mueven entre una espada y una pared', explica desde Barcelona el historiador económico Gabriel Tortella. Por un lado, la inmovilidad continua dañaba mucho su prestigio, pero si encuentran poco apoyo en la sociedad, argumenta, 'dañaría mucho su imagen'. Y esta es muy importante en una organización de gran proyección pública. 'Francamente, están en una situación especialmente difícil', concluye Tortella.

Sin embargo, los máximos líderes sindicales no lo ven así. Ignacio Fernández Toxo, secretario general de CCOO, señala: 'quien se juega cosas muy serias es el país porque entramos en una dinámica de retraso de salida a la crisis, de crecimiento del desempleo, de pérdida de derechos básicos en el campo laboral y de pérdida de protección social'. Defiende que los sindicatos son el único instrumento de los ciudadanos para convocar huelga contra situaciones negativas y que 'el sindicalismo seguirá, sea cual sea el resultado'.

'No nos jugamos nada; se lo juega el trabajador', dice un líder sindical

Por su parte, Cándido Méndez, líder de UGT, no tiene conciencia de jugarse credibilidad, ya que esta 'se gana en las elecciones sindicales'. El 'termómetro' para ello no es la huelga, sino el nivel de afiliación que se está ganando.

Otros líderes sindicales se manifiestan de forma más contundente: '¡Nosotros no nos jugamos nada! ¡Te lo juegas tú como trabajador!', contesta de golpe, por ejemplo, el secretario general de UGT Andalucía, Manuel Pastrana. Este veterano dirigente sindical utiliza el eufemismo de estar 'sinceramente sorprendido' por 'la cantidad de gente que, sin haberse implicado jamás en temas sindicales', les dice hoy cómo deberían actuar.

Entre los que conocen bien a los sindicatos, e incluso creen en ellos, como el catedrático de Derecho Laboral y ex secretario general de Empleo con el ministro Jesús Caldera, Valeriano Gómez, hay serias dudas sobre el resultado de la huelga cuando entre los trabajadores 'hay una sensación de prevención, de miedo y de cautela', por la situación de 'crisis profunda, con intensa pérdida de empleo'. 'Si se interpreta que su fuerza es declinante, será perjudicial para el futuro de la influencia sindical', señala.

El Gobierno tiene poco que perder, según catedráticos y expertos

Ahí está la clave, en las interpretaciones del jueves 30 de septiembre. Porque todos los expertos en el mundo sindical coinciden con Gómez en que 'es muy difícil creer en un fracaso absoluto de una huelga convocada por todas las organizaciones sindicales'.

Pero entre el fracaso y el éxito hay un vacío que amenaza el futuro sindical. Lo explica el ex presidente del Consejo Económico y Social, hoy al frente del departamento laboral del bufete Garrigues, Federico Durán: 'En España, con unos servicios mínimos que en la práctica funcionan como los únicos y máximos que se pueden prestar, es difícil saber si fracasa o triunfa un paro, porque al fijarlos, se fija ya el alcance de la huelga'. Así que 'es el ambiente ciudadano el que determina si ha tenido o no impacto'. Durán también cree que no es el Gobierno, sino las centrales las que 'se juegan su crédito en la sociedad'.

Palabras muy similares a las del catedrático de Derecho del Trabajo de la Universidad de Sevilla, Jesús Cruz Villalón, que opina que el 29-S'se pone en juego su capacidad de respaldo por parte de los trabajadores y hay bastantes incertidumbres'. Cruz, Tortella y Durán coinciden en que el Gobierno se juega poco en esta huelga y que, consciente de ello y de la difícil situación de las centrales, ha optado por echarles en una mano. 'La negociación de los servicios mínimos es un claro ejemplo', apunta Cruz. Tortella cree que 'el Gobierno no quiere apretarles demasiado las clavijas'. Un apoyo que se explica, según el también catedrático de Economía Aplicada de la Autónoma de Madrid, porque 'del éxito de la huelga depende su capacidad de negociación en el futuro'.