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Souvenir trágico

Walter Martin & Paloma Muñoz exponen en Málaga sus 'travelers', bolas de nieve impresionistas con historias inacabadas

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En 'The orchard at night', es difícil saber si los padres recogen o abandonan a sua hijos a la nevada.

'¡Eso mismo nos preguntamos nosotros!'. Walter Martin y Paloma Muñoz responden conjuntamente con estas palabras, vía correo electrónico desde su retiro en los bosques Apalaches de Pensilvania (Estados Unidos), al ser cuestionados sobre la naturaleza de su creación artística. Y resulta innegable que los travelers, el eje de la misma, tienen difícil traducción a la palabra. Según sus autores, son 'una serie de momentos narrativos abiertos, inconcluyentes e impresionistas' en 'un mundo enterrado en la nieve, yermo, testigo silencioso'. Pero esa es sólo una posibilidad.

Las bolas de nieve de Martín y Muñoz, en parte a la manera de los clásicos souvenirs, encierran escenas suspendidas en el tiempo. Son a menudo bucólicas en superficie, pero en sucesivas lecturas muestran el drama de unos personajes miniaturizados en resina que, inermes ante la brutalidad de la naturaleza y el hombre, quedan expuestos a la muerte. Un ejemplo: lo que parecen unos niños jugando con la nieve en Traveler 95, esconde en realidad la jauría de unos adolescentes contra un niño que corre desnudo.

Parte de la obra de este tándem (española ella; estadounidense él) puede verse hasta el 24 de enero en la galería Isabel Hurley, en Málaga, en la muestra Buried till spring (traducido, algo así como 'Enterrado hasta primavera'), la primera en España tras cinco años. Allí puede comprobarse que cada pieza actúa como fotograma de una escena equívoca. En Traveler 103 parecería que un padre sube a jugar a la casa del árbol de sus hijos... si no reparásemos en el cuchilloentre sus dientes. La tierna estampa de la pareja viajera perdida en la nieve de Crossing the watery glass torna en trágica al advertir que, con su camioneta estrellada, su suerte está tan echada como la del niño que gatea felizmente ante la mirada amenazante de dos aves negras en Traveler 247. El traveler es siempre, a la vez que un guiño kitsch, una bola de cristal empeñada en dejar la miel en los labios a quien se acerque a ella con ojos de voyeur o de adivino, sin mojarse.

Represión e intimidación

En Buried till spring hay también fotografías verticalizadas de las bolas, así como panorámicas de maquetas. Junto a los elementos comunes a todas las obras (nieve, árboles desnudos, lagos helados...), abundan también los animales suicidas, los ciegos desesperados, los niños perdidos, los viajeros accidentados... Todo impregnado de evocaciones fílmicas: Murnau (más que Tim Burton, matizan), Deliverance (John Boorman), El Resplandor (Stanley Kubrick)....

Su traslado a Pensilvania desde Brooklyn fue decisivo en su imaginario. 'La belleza del bosque y del río Delaware es indudable. Pero los inviernos son profundos. Las personas son muy cerradas, es difícil hacer amigos', explican. A ello se suma que, tras la mudanza en 2001, caen las Torres Gemelas y Bush enseñala patita autoritaria. 'Empezó la locura de Irak. Teníamos una sensación de represión e intimidación por parte del Gobierno. Esto afectó a nuestro trabajo', afirman Martin y Navarro, que se consideran 'sintonizados con una línea tragicómica, con énfasis en lo trágico'.