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"Nunca es demasiado tarde para encontrar tu propia voz"

Actriz. La oscarizada intérprete vuelve a los cines con 'Julie y Julia', donde da vida a una célebre cocinera de la televisión de EEUU

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Finales de los setenta, principios de los ochenta. El melodrama de tintes sociales se impone como el género de moda en Hollywood. La nueva heroína del cine estadounidense es una mujer vulnerable a quien las circunstancias obligan a volverse fuerte. Una mujer de aspecto convencional, de belleza más ordinaria y menos explosiva que la que impone el canon actual, que siente el despertar del feminismo en su interior y decide obrar en consecuencia. De todas las actrices que se convirtieron en estrellas durante aquella época (Jane Fonda, Sally Field, Debra Winger, Sissy Spacek o Jessica Lange) sólo una ha conseguido mantenerse en la cúspide.

Mientras todas las intérpretes de su edad se lamentan de la sequía de papeles que acompaña la madurez, Meryl Streep debe ser la excepción que confirma la regla. En junio cumplió 60 años, pero no deja de encadenar proyectos: ha rodado 12 películas en tres años, lo que empieza a generar suspicacias entre sus correligionarias. Incluso su amiga Glenn Close declaró recientemente con cierta amargura que Hollywood 'sólo parece tener papeles para una actriz'.

Con Meryl Streep apetecería hablar del secreto de su longevidad, que tal vez responda a su empeño por mantenerse fiel a sí misma. Nunca ha asumido riesgos excesivos, pero tampoco ha cedido a la banalidad, ni rendirse a las modas pasajeras ni a las tentaciones quirúrgicas.

Con Streep apetecería hablar del largo inventario de acentos que ha imitado a lo largo de sus tres décadas de carrera. O de aquel día cuando, en pleno rodaje de El cazador, se plantó ante los ejecutivos de la Universal, que pretendían despedir al actor John Cazale, con quien Streep iba a casarse, por haber ocultado que padecía un cáncer. 'Si él se marcha, yo también', les dijo. O de lo que sintió cuando le comunicaron que era demasiado mayor para interpretar a Evita Perón y que el papel se lo había agenciado Madonna. Pero las leyes de la promoción obligan a la actriz a ceñirse a su última película, Julie y Julia, que llega este viernes a la cartelera española.

La conversación con Streep viene acompañada de un festival de imitaciones y anécdotas

Envuelta en una elegante camisa de estampado de leopardo y con la mirada algo perdida tras unas gafas de pasta azul, Streep sabe jugar al juego de Hollywood. Hay algo deliberadamente llano en sus respuestas, como si hubiera decidido reservar su intensidad e inteligencia para su trabajo ante la cámara, cualidades que vuelve a demostrar en Julie y Julia. Streep interpreta a Julia Child, una de las cocineras más célebres en Estados Unidos, que falleció en 2004 tras haberse pasado media vida instruyendo sobre los secretos de la cocina francesa a los telespec-tadores más inexpertos.

La película, dividida en dos segmentos paralelos, alterna la biografía de Child con la historia real de Julie Powell, una neoyorquina treintañera que decidió acabar con su deso-rientación vital cocinando en un solo año las 524 recetas del libro Mastering the Art of French Cooking, la biblia de la cuisine française para los estadounidenses, que Child escribió cuando su marido fue destinado a París como agregado cultural de la embajada estadounidense. Powell contó el experimento en un exitoso blog, que luego se convertiría en el libro superventas en el que se ha inspirado esta película.

Streep se mete en la piel de esta peculiar chef televisiva (de metro noventa de altura, collar de perlas cosido al cuello y peinado a lo Susan Boyle) a través de una impresionante metamorfosis física y fonética, para responder al timbre cantarín y al extraño acento del personaje. 'Child es un personaje muy conocido, con el que todos los estadounidenses hemos crecido, así que ya estaba muy familiarizada con su manera de hablar, con su voz y con su acento. Pero no fue fácil, porque en EEUU ya nadie habla con ese deje de la alta sociedad de la Costa Este desde que murió Katharine Hepburn', afirma Streep, una auténtica apasionada de las cuestiones fonéticas: habló con acento polaco en La decisión de Sophie, con acento danés en Memorias de África y con acento italiano en Los puentes de Madison.

'En EEUU ya nadie habla con ese deje de la alta sociedad de la Costa Este'

De hecho, la conversación con Streep viene acompañada de un festival de imitaciones, vocecitas y anécdotas. Al mencionar la caza de brujas del senador McCarthy, que aparece tangencialmente en la película, Streep incluso se lanza a imitar a Bertolt Brecht durante los interrogatorios. 'Brecht hizo ver que no hablaba muy bien inglés para que sus inquisidores se cansaran más rápido de preguntarle. Era un tipo brillante', dice con una carcajada casi musical.

El éxito de Julie y Julia en Estados Unidos ha sido tan impresionante como inesperado, tratándose de la biografía de una madura cocinera y no de un subproducto sobre vampiros adolescentes o de una película de acción donde los coches se transforman en robots y cosas similares.

'Los libros de Child vuelven a ser best-sellers. Todo el mundo está sacando mucho dinero de esta película', confiesa la directora Nora Ephron, que durante los noventa se convirtió en la reina de la comedia romántica con filmes como Algo para recordar o Tienes un e-mail. 'Creí que sería una película pequeña y bonita que se estrenaría por Navidad y haría que algunas personas se animaran a cocinar boeuf bourguignon. Pero no me esperaba algo así: llevamos más de 90 millones de dólares recaudados'.

La cocina de Child, repleta de grasas animales y cantidades industriales de mantequilla, convierten al fenómeno en todavía más improbable, viniendo de un país donde la obsesión por el colesterol suele alcanzar límites insospechados. 'En Hollywood se ha puesto de moda pedir tortillas blancas en los restaurantes, es decir, cocinadas sin la yema. La gente se está volviendo loca, así que espero que esta película no sólo venda muchos libros, sino también mucha mantequilla', dice Ephron con una mueca sarcástica.

Actriz y directora se conocen desde que la primera interpretó al álter ego de la segunda en Se acabó el pastel, donde narraba su divorcio del periodista Carl Bernstein y en la que las recetas de cocina ya jugaban un papel determinante. No parece una casualidad que para ambas resultara relevante contar la historia de Child, a quien Streep define como 'una de las primeras mujeres que se hizo un lugar en la televisión estadounidense sin ser una gran belleza'.

A Child, crecida en una familia tradicional y republicana, no le hubiera gustado ser tratada de feminista. 'Aunque en cierta manera sí lo fue', apunta Streep. 'La película contiene un mensaje muy optimista para las mujeres. Child descubrió su vocación a los 40 años, poco después de casarse siendo todavía virgen. Su historia demuestra que nunca es demasiado tarde para encontrar tu propia voz', concluye la actriz.

SARA BRITO

Nunca hasta ahora había despuntado de manera tan efectiva la veta cómica de la actriz más valorada del cine norteamericano. Las comedias negras que interpretó a finales de los ochenta y principios de los noventa, Vida y amores de una diablesa (1989) o La muerte os sienta tan bien (1992), y que supusieron los primeros intentos por relativizar su encasillamiento como actriz de melodrama, no acabaron de cuajar, al menos en la taquilla.

Tras aquellos filmes sobrevino la época menos popular de Streep, sólo interrumpida por ese otro gran melodrama de Clint Eastwood, Los puentes de Madison (1995), que la sacó de una sequía derivada de la dificultad de muchas actrices de Hollywood por encontrar buenos papeles pasados los 40. Pero en esta última década la cosa ha cambiado de forma radical, y los papeles en comedias como El diablo viste de Prada (2006), Mamma Mia (2008) o Julie y Julia (2009) la han convertido en garantía de buenas cajas y más premios. Si su papel como la cruel Anna Wintour le reportó no sólo el primer sueldo de cinco millones de dólares de su carrera, sino otro Globo de Oro más (tiene seis) y el primero en la categoría de comedia, Mamma Mia certificó su eficacia y su carisma para convencer a todo tipo de público.

La película sumó más de 414 millones de dólares en todo el mundo, marcando el récord taquillero de la actriz. Era la oportunidad que Streep esperaba al afirmar, por el estreno de El mensajero del miedo (2004), aquello de: “Me encanta hacer comedia, pero no me dan oportunidades”. Las oportunidades no son ahora problema para una actriz que después de cuatro décadas de oficio ha logrado sacarse de encima el sambenito de dama del drama. Con la segunda parte de Mamma Mia en proyecto y el rodaje de The Ice at the Bottom of the World (que presiviblemente dirigirá Alan Parker), Streep puede por fin, a los 60 años, disfrutar y hacernos disfrutar con una versatilidad que ya nadie pone en duda.