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Los vecinos que apostaron por la naturaleza en lugar de los chalés

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Los vecinos del municipio toledano de Castillo de Bayuela gestionan de manera comunal desde el siglo XVI una dehesa y han sabido frenar los intentos urbanísticos y de parcelación para dejar en herencia a las futuras generaciones un "paraíso" natural con un modelo sostenible.

La historia de la dehesa de Balsamaña, una finca de más de 1.200 hectáreas situada en la sierra de San Vicente, se recoge en un libro del equipo de investigadores de la Sociedad de Amigos de la Sierra de San Vicente que se presentará este lunes en el Ayuntamiento de Castillo de Bayuela.

Próxima a Talavera de la Reina, junto al límite entre Toledo, Madrid y Ávila, en la ribera del Alberche y apenas a una hora de Madrid, la dehesa de Balsamaña guarda un pasado paralelo a la historia de unos vecinos que han luchado durante siglos por mantener su propiedad comunal y el dominio público de la tierra.

El coordinador del libro "Balsamaña, el legado del pueblo", José Mayoral, ha explicado a EFE que han querido plasmar el cambio entre la explotación tradicional de la tierra y las nuevas formas de gestión sostenible: "valoramos esa nueva forma de ver la tierra, la gente ya no acude a la dehesa a trabajar sino a disfrutar de la naturaleza y también van estudiosos de la naturaleza, personas que hacen rutas e incluso colegios y grupos de mayores".

Otro de los motivos por los que han trabajado durante cinco años en el libro es que algunos colaboradores tienen vínculos familiares con Castillo de Bayuela -municipio de casi un millar de habitantes- y los campesinos que "pelearon por estas tierras" eran sus antepasados.

"También esto ha formado parte de la motivación. Yo por ejemplo siempre recuerdo que mis abuelos contaban historias de allí. Tradicionalmente la gente iba a trabajar y Balsamaña forma parte de la vida diaria de muchas personas", añade el coordinador.

Este lugar, en el que hay rastro del hombre desde el Paleolítico, fue refugio de bandoleros en las guerras de la Reconquista, acogió a gente "de mal vivir" y el "Libro de la Montería" del rey Alfonso XI destaca que los osos aprovechaban su espesura para bajar hasta el Alberche desde las cumbres de Gredos.

Donada al pueblo por un particular en la época de los Reyes Católicos, la dehesa se "salvó" de las desamortizaciones del siglo XIX y vivió momentos difíciles en el XX, uno de ellos pocos días antes de las elecciones municipales de 1931 cuando los vecinos se dividieron entre los que querían mantener la tierra comunal y los que pretendían parcelarla, que eran los jornaleros con menos recursos apremiados por el hambre y la miseria.

Balsamaña se mantuvo intacta en aquel momento y años más tarde, en la década de los cincuenta, también consiguió frenar un gran proyecto urbanístico que pretendía construir una urbanización de chalés en este rico paraje natural.

El proyecto se paralizó en la dehesa pero se hizo realidad en un terreno colindante, una finca vecina ya en el término de San Román de los Montes en la que se levantó la urbanización Serranillos Playa, junto al embalse de Cazalegas.

La historia de Balsamaña va pareja a multitud de historias de los vecinos, algunas de las cuales rescatan los autores del libro: como la del tío Ricardo, de Cardiel de los Montes, quien acuciado por el hambre entraba en la finca descalzo para cazar furtivamente llevando un único cartucho porque no tenía dinero para comprar más.

Otra historia singular, a finales del siglo XIX, fue la de Ceferina Cerrillo, conocida como la "tía Habanera", cuyo marido fue guarda de la dehesa y murió a manos de familiares del anterior guarda; la viuda exigió justicia, pero los agresores fueron puestos en libertad y Ceferina Cerrillo echó una maldición al juez: "ojalá vea usted caer muerta a sus pies a la persona que más quiera".

La fama de bruja, hechicera y curandera de la "tía Habanera" nació cuando un nieto del juez se peleó con otros muchachos y murió apuñalado ante la casa de su abuelo antes de que éste tuviera tiempo de abrir la puerta.

Los vecinos de Castillo de Bayuela, los administradores de Balsamaña, han sabido combinar el modelo tradicional de explotación con medidas conservacionistas construyendo nuevas balsas de agua y caños en la finca, consolidando una red de más de 40 kilómetros de caminos y un cortafuegos en el perímetro y realizando limpiezas, siembras y nuevas plantaciones de árboles.

La dehesa tiene un patrimonio natural privilegiado y el libro -que se puede visitar en librodehesa.blogspot.com- es prueba de ello ya que muestra imágenes espectaculares recogidas por David Serrano, un fotógrafo naturalista que ha conseguido instantáneas de un águila pescadora procedente del norte de Alemania -estaba anillada- o de lagartos ocelados tomando el sol sobre una piedra.

En la finca se pueden ver habitualmente grandes formaciones de buitres leonados y ejemplares de buitre negro, que mantienen limpios de carroña los campos; recientemente se han detectado águilas imperiales y el libro también muestra imágenes de aves en peligro de extinción como la cigüeña negra, el sisón y el alcaraván.