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El último veterano canadiense de la Guerra Civil española recibe la nacionalidad

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El brigadista Jules Paivio, el último veterano canadiense de la Guerra Civil española, cerró hoy un ciclo vital que empezó cuando acudió a España hace 76 años como voluntario para luchar por la República, al recibir en Toronto la ciudadanía española a los 94 años de edad.

Paivio, que durante una sencilla ceremonia en el Consulado General de España en Toronto estuvo acompañado por uno de sus hijos, Martin, y varios familiares y amigos, entre ellos el hijo de otro brigadista canadiense, John Andreeff, expresó su gratitud por la concesión de la nacionalidad.

"He estado esperando para disfrutarlo", dijo Paivio a Efe poco antes de firmar los documentos que le acreditan como ciudadano español y que le permitirán contar con el pasaporte de España.

"España es ahora un país al que realmente quiero pertenecer", explicó cuando se le preguntó sobre qué siente hacia España.

A sus 94 años, a pesar de los achaques propios de la edad y de la sordera que obliga a sus interlocutores ha tener que gritar prácticamente todo a su oído, en los últimos meses Paivio se ha desplazado a Ottawa y Toronto para poder cumplir con el sueño de recibir la ciudadanía española.

En octubre del año pasado, el brigadista canadiense viajó desde la residencia de ancianos en la que vive en la localidad de Aurora (a unos 60 kilómetros al norte de Toronto) a Ottawa para solicitar oficialmente ante el embajador de España en Canadá, Eudaldo Mirapeix, la nacionalidad española.

Ni su cuerpo dolorido por una reciente caída que le magulló varias costillas ni el incipiente invierno canadiense impidió que Paivio, hijo de inmigrantes finlandeses, acudiese a Ottawa y asistiese a otra sencilla ceremonia frente al monumento al Batallón Mackenzie-Papineau.

Entonces, Paivio declaró a Efe que estaba "muy orgulloso de haber solicitado la nacionalidad española. Luché junto con el pueblo español contra Hitler, Mussolini y Franco".

Paivio fue uno de los más de 1.500 canadienses que acudieron a España como integrantes del Batallón Mackenzie-Papineau para defender a la República. Alrededor de 400 murieron en la contienda.

Cuando regresaron a Canadá, el Gobierno canadiense, que en 1937 había prohibido la participación de sus nacionales en conflictos extranjeros -aunque dos años después el país se embarcó de lleno en la II Guerra Mundial-, los trató con desprecio.

Incluso en algunos casos, la Policía Montada canadiense los espió durante décadas.

Paivio estuvo a punto de ser uno de los que nunca regresaron de la contienda fratricida española: en abril de 1938 fue capturado por soldados italianos pero cuando iba a ser fusilado junto con otros 15 republicanos, un oficial decidió detener la ejecución para canjearlos por prisioneros italianos.

Finalmente, Paivio fue enviado a una prisión hasta el final de la guerra en 1939.

Hoy, Paivio esbozó una amplia sonrisa cuando el cónsul general de España en Toronto, Francisco Pascual de la Parte, cerró la ceremonia con un simple "felicidades", tras firmar los documentos y solicitar el pasaporte español.

"Es realmente un honor. Para mi padre recibir este honor es maravilloso. Quizás no lo puede expresar totalmente, pero puedo ver que está muy satisfecho. Ha sido un largo recorrido pero es un forma preciosa de cerrar el círculo de la vida" dijo a Efe Martin Paivio, uno de los hijos del brigadista.

Por si quedaba alguna duda sobre su lucidez mental, Paivio no tardó ni un minuto en preguntar cuánto tardaría en recibir su flamante pasaporte español.

Y cuando se le preguntó si ahora aprovecharía para viajar de nuevo a España como español, Paivio respondió con un "será maravilloso. Espero que pueda".