Publicado: 05.03.2014 13:41 |Actualizado: 05.03.2014 13:41

¿Por qué la violencia machista se reconoce más en el norte de Europa?

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Una encuesta no recoge la realidad, sino lo que una persona reconoce ante un extraño. De este modo, la encuesta a 42.000 mujeres que ha realizado la Agencia de Derechos Fundamentales de la UE (FRA) y que revela que el 33% de las europeas reconoce haber sufrido agresiones sexistas no analiza la incidencia de la violencia machista, sino su percepción entre las mujeres.

Este es el prisma, según las expertas en Igualdad, con el que hay que analizar también las diferencias de los resultados de la encuesta entre unos países y otros. El porcentaje de mujeres que aseguran haber sido víctimas desde los 15 años de violencia física o sexual por una pareja actual o pasada es del 52% en Dinamarca, del 47% en Finlandia y del 46% en Suecia. Les siguen Holanda (45%), Francia (44%) y Reino Unido (44%). España, en cambio, está por debajo de la media con un 22%, sólo por delante de Croacia (21%), Austria (20%) y Polonia (19%).

El FRA recuerda que estas diferencias pueden deberse al tabú que para muchas mujeres supone admitir que han sido agredidas o la consideración de que la violencia de género es un asunto familiar que no debe airearse.

¿Por qué las mujeres de países aparentemente más avanzados socialmente reconocen más fácilmente la violencia machista? La directora de la Cátedra de Género de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Laura Nuño, afirma que tiene que ver con "la sensibilidad, el empoderamiento y la valentía de las mujeres para dejar de vivir las agresiones como algo vergonzante y contar su experiencia". "Lo que dispara las agresiones es la pretensión de autonomía de las mujeres", hecho que provoca que en países avanzados —donde esa autonomía es mayor o se vive con más normalidad— "haya, a veces, más casos de violencia y, sobre todo, una mayor percepción de los abusos", explica Nuño. De hecho, el perfil de la mujer maltratada en España actualmente es el de una mujer en proceso de separación, es decir, "en un momento en el que el hombre pierde el control sobre su pareja", remarca Nuño.

La ex secretaria de Estado de Igualdad, Laura Seara, hace una interpretación parecida. "En países donde hay mucha igualdad, la ruptura de barreras históricas provoca reacciones más furibundas, genera una violencia más visible. No es que haya más violencia, sino que se visibiliza más", explica. Rosa Maria Fernández Sansa, presidenta de la Coordinadora Española para el Lobby Europeo de Mujeres, también señala que, en este sentido, el norte tiene ventaja respecto al sur. "En los países nórdicos, las mujeres votan desde 1903, 1905 o 1906 y tienen mucha más experiencia en la coeducación y en la educación en democracia", explica, "en el sur todavía hay muchos tabús".

Yolanda Besteiro, presidenta de la Federación de Mujeres Progresistas, afirma que a los colectivos como el suyo —que se reúnen con sus homólogos en otros países y también con autoridades políticas del ramo— ya les constaba "la escalada de la violencia machista en los países nórdicos". "Hace tres o cuatro años que están preocupados por este tema porque un problema que permanece oculto, no existe. Y si no hay problema, tampoco hay medidas". 

Con la encuesta del FRA, sigue Besteiro, "este problema oculto ha salido a la luz" y permite poner las bases de una política unitaria que fomente medidas conjuntas. Hasta ahora, era imposible comparar la percepción de la violencia de género en Europa porque sólo un tercio de los Estados miembro (Bélgica, Estonia, Irlanda, España, Italia, Lituania, Rumanía, Eslovaquia y Suecia) contabilizaba específicamente los crímenes de violencia machista. Otros 14 englobaban las muertes de violencia machista bajo el epígrafe de "violencia familiar", por lo que no se trata estrictamente de violencia de género. A la cola de esta clasificación elaborada por el European Institute for Gender Equality (EIGE) estaban Bulgaria, Alemania, Hungría, Austria y Reino Unido, que no recababan ningún dato referente a la violencia intrafamiliar.  

016. Teléfono de atención a víctimas de violencia de género. Es gratuito y no deja rastro en la factura telefónica.