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Zapatero evita prometer que no habrá nuevos recortes

El PP incide en el carácter "antisocial" del Gobierno para restar votos al PSOE

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El Gobierno no tiene previstas nuevas medidas de ajuste que impliquen recortes sociales como la supresión de la ayuda de 426 euros para los parados de larga duración. Pero José Luis Rodríguez Zapatero pensaba lo mismo a mediados de noviembre y a comienzos de diciembre la presión de los especuladores lo llevó a dar otra vuelta de tuerca. Con este aprendizaje, ayer se movió con la máxima cautela.

'¿Va a hacer el Gobierno más recortes sociales en esta legislatura?', preguntó por dos veces el líder de la oposición al presidente del Gobierno en su último cara a cara parlamentario de este año. Y por dos veces eludió la respuesta Zapatero, a pesar de que los datos que maneja son de cumplimiento de las previsiones de reducción del déficit.

La pregunta de Rajoy no era neutra, como luego confirmaría la insistencia de SorayaSáenz de Santamaría, sino la plataforma del PP para presentar al Gobierno de Zapatero como 'el más antisocial', precisamente en el momento en el que el PSOE ha abierto la campaña para las elecciones municipales y autonómicas de mayo con la idea central de que encarna 'la salida social' a la crisis.

'Usted ha hecho el mayor recorte social de la historia de la democracia española', espetó Rajoy a Zapatero. El líder de la oposición apoyó su afirmación en el recuerdo de un listado de medidas. Arrancó con la supresión de la deducción de 400 euros en la declaración del IRPF y cerró con la eliminación de la ayuda a los parados de larga duración, para concluir: 'No se conoce un precedente en la historia de nadie que haya llegado al Gobierno con una tasa de desempleo del 10% y la suba al 20%'.

Zapatero reivindicó el carácter 'socialdemócrata y progresista' de sus políticas apelando a un balance global de sus mandatos. 'Desde 2004 lo que ha vivido este país ha sido un avance sustancial de las políticas sociales, que ha supuesto incrementar un 40% el gasto', subrayó.

Agregó que la mejor prueba de su compromiso ideológico es que, en este periodo 'de dura crisis económica y de ajuste de las cuentas públicas', ha hecho del 'mantenimiento de los grandes pilares' del Estado del bienestar su 'objetivo central como estrategia de proyecto político'. Y, frente a su 'lista de la verdad', apeló al contraste: 'Con ustedes no se puede discutir de su política social, sencillamente porque no la hubo en los ocho años de Gobierno del PP'.

A pesar de la dureza de fondo, el duelo parlamentario de ayer entre Zapatero y Rajoy fue prácticamente de guante blanco, sobre todo si se compara con el que a continuación protagonizaron Soraya Sáenz de Santamaría y Alfredo Pérez Rubalcaba, que se las lleva todas, las fotos y las bofetadas.

La portavoz del PP golpeó por el mismo flanco que su jefe de filas para intentar agrandar la grieta y sostuvo que la salida social de la crisis 'será la salida de los socialistas de la Moncloa'.

En el ejercicio de su papel de ariete contra quien se ha convertido en el parapeto de Zapatero y en el preferido de la derecha mediática como posible sucesor, Santamaría no dudó en el ataque personal, con expresiones del más grueso calibre contra el vicepresidente primero, al que se refirió como 'un político sin principios' y un 'especialista en falsedades políticas'.

Rubalcaba evitó caer en la trampa del intercambio de improperios, frenando lo que apuntaba a una tangana cuando desde los escaños socialistas se escuchó gritar: '¡Principios Gürtel!'. El vicepresidente primero optó por simular que no había oído las descalificaciones personales y cambió el juego de banda.

Destacó Rubalcaba que el PP habla como si no gobernara, 'pero Esperanza Aguirre y el señor Camps sí lo hacen, y le retratan' con las medidas que adoptan como presidentes de las comunidades de Madrid y Valencia, respectivamente. 'Ustedes se olvidaron durante ocho años de los dependientes y ahora se siguen olvidando de los dependientes. Con crisis o sin crisis, ustedes están en su verdadera naturaleza', sentenció.

Zapatero, relajado en su escaño, esperó a que terminara el examen parlamentario a sus tres vicepresidentes. Después, salió del hemiciclo escoltado por Rubal-caba y Salgado, aunque la vicepresidenta segunda se retrasó para cortejar al embajador plenipotenciario del próximo Govern de la Generalitat de Catalunya, Duran i Lleida.