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El hacker que revivió la historia

Muere Tony Sale, que reconstruyó uno de los primeros ordenadores

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En la habitación donde vive Colossus hace un calor infernal. La gigantesca computadora, copia exacta de uno de los primeros ordenadores del mundo, consume tanta energía que ni siquiera media docena de aparatos de aire acondicionado consiguen enfriarla. En esta habitación trabajó cada día, durante 15 años, Tony Sale, que murió el pasado domingo a los 80. Sale fue piloto, espía, historiador, inventor, ingeniero y, sobre todo, hacker en su auténtica acepción: era un experto en computadoras, un enamorado de la tecnología hasta el punto de que dedicó su vida a reconstruir Colossus pieza por pieza, en esa habitación infernal de una mansión en las afueras de Londres.

La residencia se llama Bletchley Park. En ella vivieron unos 10.000 matemáticos, traductores e ingenieros entre 1939 y 1943, dedicados a romper los códigos que los nazis transmitían con sus sofisticadas máquinas criptográficas, Enigma y Lorenz. Aunque el trabajo que realizaron los expertos fue decisivo en el triunfo de los aliados, Bletchley Park fue un secreto durante más de 30 años. El primer ministro, Winston Churchill, ordenó destruir todo lo que allí se construyó, ya que temía que sus secretos cayeran en manos de los rusos.

'Colossus' fue destruido por orden de Churchill tras la guerra

Tony Sale trabajó toda su vida para que Bletchley Park fuera recordado como 'uno de los lugares más importantes en la historia del siglo XX', según explica Simon Greenish, director de la Fundación Bletchley Park. Sale participó en una campaña dirigida a convencer a los políticos británicos de la necesidad de salvar la mansión, preservar la memoria de los miles de hombres y mujeres que allí trabajaron y reconstruir las fascinantes máquinas que diseñaron sus ingenieros.

Sale se enamoró de la tecnología cuando era niño. A los 12 años construyó un robot usando piezas de un mecano. A los 19 montó otro, esta vez a tamaño natural, con los restos del fuselaje de un bombardero Wellington. El robot se llamaba George, y su aspecto de hombre de hojalata del Mago de Oz captó la atención de los medios ingleses. Durante la guerra fue piloto de la Fuerza Aérea británica, y en los años cincuenta trabajó en el servicio secreto (MI5). Pero siempre le fascinó la tecnología y, concretamente, su pasado. Para preservarlo fundó el Museo de Informática de Reino Unido. 'Las computadoras también tienen historia', explica Greenish, 'y Tony creía que era importante conocerla'.

El ingeniero sólo tenía ocho fotografías. Tardó 15 años

Con esa idea en la cabeza, Sale se embarcó en el proyecto de su vida: reconstruir el primer ordenador programable. Durante la guerra, Colossus fue empleado en la compleja tarea de desentrañar los códigos de Lorenz, la máquina que usaba el alto mando alemán para comunicarse. Colossus y todos los documentos relacionados con él fueron destruidos con el resto de evidencias del trabajo que se realizó en Bletchley Park. Sale sólo contaba con ocho fotografías.

La reconstrucción parecía imposible, pero el ingeniero utilizó los privilegios que había logrado como miembro del MI5 y entrevistó a algunos rompecódigos que habían construido a Colossus. El trabajo fue tan complejo que Sale necesitó 15 años y todos sus conocimientos como ingeniero para completarlo. Con la ayuda de algunos voluntarios, y la donación de piezas originales de guerra en manos de coleccionistas, Colossus volvió a la vida en 2007 y, desde entonces, asombra a los visitantes quepasan por Bletchley Park.

Hoy será un día especial en la mansión. Se celebra la reunión anual de rompecódigos, que este año recordará a Tony Sale, y contará con la presencia de su mujer, Margaret, con quien Sale tuvo tres hijos que, a su vez, le dieron siete nietos. Los 150 veteranos de Bletchley Park celebrarán la figura de este hombre 'decidido, inteligente y desprendido, que realizó su trabajo sin ser remunerado', recuerda Greenish. Sale era un apasionado de la informática de guerra, cuyos secretos explicaba con amabilidad y paciencia a todos los que se acercaban a charlar con él en la habitación de Colossus. Vivía rodeado de papeles, fotografías, válvulas y clavijas, y parecía disfrutarlo.

Lo más fascinante del legado de Sale es que aún no hemos alcanzado a entender su auténtica relevancia. Cobrará trascendencia a medida que los rompecódigos envejezcan y sus conocimientos y recuerdos empiecen a perderse. La historia de la criptografía seguirá viva porque, gracias a Tony Sale, Colossus seguirá descifrando códigos en una calurosa habitación de Bletchley Park.