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Investigación Ya se pueden leer cartas antiguas sin abrirlas

Científicos consiguen el despliegue virtual de documentos que se mandaban con criptografía física para preservar el secreto de las comunicaciones, algo que se utilizó y perfeccionó durante siglos.

Baul de la colección Brienne, del siglo XVII, con miles de cartas que no se entregaron.
Baul de la colección Brienne, del siglo XVII, con miles de cartas que no se entregaron. UNLOCKING HISTORY RESEARCH GROUP

Situémonos en el Renacimiento en Europa, concretamente a finales del siglo XVII. El secreto de las comunicaciones, entonces escritas en su inmensa mayoría, era tan importante como lo pueda ser ahora o incluso más pero, aunque ya existía el servicio postal, no se utilizaban sobres. Las cartas se plegaban de forma harto complicada y luego se sellaban para garantizar la confidencialidad hasta que las recibiera el destinatario. El arte del plegado era útil entonces y lo fue durante siglos, pero ahora desplegar una de esas cartas envejecidas para estudiarlas suele implicar cortarlas, por lo que se dañan e incluso se destruyen. Por eso, investigadores de varias instituciones han desarrollado un método de despliegue virtual que permite leer estas cartas sin desplegarlas y además estudiar sistemáticamente el desarrollo de esta forma física de criptografía, que también tiene un gran interés histórico. 

Lo que ha espoleado a estos investigadores concretamente es la colección Brienne, un baúl de correos que contiene cartas procedentes de diversos países europeos, mandadas a La Haya entre 1680 y 1706, que nunca fueron entregadas. Liderados por Jana Dambroglio, del MIT, los científicos han conseguido leer una carta de esta colección que nunca se había abierto en 300 años y aseguran que su método tiene un gran potencial para los estudios históricos. 

La base del método está en la computación. Los científicos han desarrollado un algoritmo automático que escanea cada paquetito que es una carta plegada, con microtomografía de rayos X y a partir de ahí la reconstruye en tres dimensiones. El algoritmo identifica y separa las distintas capas y así se hace visible el contenido debido al contraste del papel con la tinta utilizada. Este algoritmo de despliegue virtual permite no solo leer las cartas sin abrirlas sino también recrear paso por paso cómo se plegaron, informa Nature Communications, la revista donde se ha publicado el resultado del trabajo. 

La colección Brienne incluye 2.571 cartas ya abiertas, parte de las cuales no están plegada, y 577 cerradas, cuyo contenido no se conoce, ya que muchas veces se incluían dentro de la carta muestras de tejidos u otros elementos. En este estudio se han analizado cuatro paquetes, que miden unos 5 centímetros por 8 centímetros y que utilizan distintas técnicas de plegado. 

La carta que se ha leído por primera vez es la clasificada como DB-1627 y contiene un mensaje del abogado Jacques Sennacques, con fecha 31 de julio de 1697, a su primo Pierre Le Pers, un comerciante, pidiéndole una copia legalizada del certificado de defunción de Daniel de Pers. El exterior tiene marcado 10 en rojo, que es la cantidad que debería pagar el receptor para una carta procedente de Lille. Sennacques dice a su primo en la carta que es la segunda vez que le pide que le mande el certificado de la muerte de Daniel le Pers, fallecido en La Haya en diciembre de 1695, y que es muy importante que lo haga. Posteriormente se interesa por su salud y emplea para la despedida las formulas de cortesía habituales en la época. 

Anverso de la carta plegada del siglo XVII que se ha leído sin desplegarla.
Anverso de la carta plegada del siglo XVII que se ha leído sin desplegarla. SOUND AND VISION THE HAGUE, THE NETHERLANDS

El baúl de la colección Brienne fue donado en 1926 al museo postal holandés en La Haya. Pertenecía al matrimonio de Brienne, muy activo en el servicio postal de la época y contenía cartas que no se entregaron porque el receptor no quería pagar su transporte, como era habitual entonces, o por otros motivos, como que hubiera fallecido. Los Brienne y sus empleados conservaron las cartas por motivos económicos, para intentar cobrar lo que se les debía, hasta que se convirtieron en objeto de museo. El baúl congela un momento de la historia, explica el museo, mostrando las idas y venidas del inicio del comercio de la era moderna.

Aunque el contenido de la carta DB-1627 no cambie por sí mismo nuestra comprensión de la historia del siglo XVII en Europa, comentan los investigadores, a medida que se conozcan nuevos textos de la colección Brienne con este método y se analicen junto a cartas ya abiertas, los datos pueden contribuir a ampliar el conocimiento sobre la política, la religión, las migraciones, la música, el teatro y las redes postales en la temprana Europa Moderna. El mismo método se puede utilizar en los centenares de elementos sin abrir entre las 160.000 cartas sin entregar de los Prize Papers, un archivo de documentos confiscados por el Gobierno británico en barcos enemigos entre los siglos XVII y XIX. 

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