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Nobel para el 'padre' de cuatro millones de niños

La Academia Sueca premia 32 años después al biólogo británico Robert Edwards, que en 1978 desarrolló el método de fecundación in vitro

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El biólogo británico Robert Edwards ganó ayer, a los 85 años, el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por desarrollar la Fecundación In Vitro (FIV), que ha permitido tener hijos a millones de parejas estériles en todo el mundo. Edwards y el ginecólogo británico Patrick Steptoe usaron la FIV en 1978 para alumbrar a Louise Brown, la primera niña probeta del mundo. Hoy Brown tiene 32 años y un hijo de 3 .

Edwards y Steptoe lograron este hito bajo una riada de críticas por parte de la Iglesia católica, que se sigue oponiendo a la práctica, y sin ayuda del Gobierno británico, que declinó financiar el proyecto. Hoy la FIV es una práctica extendida por hospitales públicos y privados y ha permitido el nacimiento de más de cuatro millones de niños que son hijos de padres o madres infértiles, una dolencia que afecta a una de cada diez parejas.

'La FIV es un hito de la medicina moderna', resalta la academia

La contribución de Edwards 'supone un hito en el desarrollo de la medicina moderna', señaló ayer el Instituto Karolinska en un comunicado.

Edwards no pudo hacer declaraciones a la prensa por estar enfermo, según informó ayer Goran Hansson, secretario del comité que otorga los premios y que ayer comunicó el fallo por teléfono a la mujer de Edwards. Steptoe murió en 1988 y la academia sólo premia a personas vivas. Será la primera vez en 11 años que el galardón en esta categoría, dotado con algo más de un millón de euros, vaya a parar a una única persona.

'Edwards es la razón de ser de millones de niños en el mundo, entre ellos mi sobrina', explica el investigador del CSIC Lluís Montoliu, que utiliza la FIV a diario en sus investigaciones con ratones. 'Es un premio muy cercano para toda la sociedad y creo que ha sido un error no habérselo dado antes', opina.

Edwards comenzó sus investigaciones sobre fertilización en la década de los cincuenta. Sabía que fecundar óvulos en una probeta y después reintroducirlos en la madre podría solucionar la infertilidad, para la que apenas había remedio.

En su laboratorio de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), Edwards aclaró pasos clave de la fecundación humana hasta entonces desconocidos y, en 1969, logró fecundar por primera vez un óvulo inyectándole esperma sobre la inerte superficie de una placa de vidrio que pasó a la historia como probeta, aunque en realidad era una placa de Petri. Edwards contactó entonces con el ginecólogo Steptoe, que le ayudó a rescatar óvulos de mujeres estériles gracias a la laparoscopia.

En 1970, ambos solicitaron al Consejo de Investigación Médica de Reino Unido, una de las mayores fuentes públicas de financiación de I+D en el terreno sanitario, que costease su proyecto. La ayuda fue denegada mientras la Iglesia criticaba las intenciones de los dos investigadores.

Cuando todo parecía perdido, Steptoe y Edwards lograron fondos privados y en 1978 nació Louise Brown, cuya madre llevaba nueve años intentando quedarse embarazada sin éxito, pues tenía las trompas de Falopio bloqueadas. 'Esta técnica podría lograr revertir la infertilidad', dijo Edwards poco después del nacimiento de Brown por cesárea.

La técnica resultó ser un éxito que pronto se replicó en otros países y se hizo cada vez más común. 'El mes pasado, en el Congreso Mundial de Fertilidad, estuvimos hablando de lo injusta que había sido la vida con Bob [Edwards] porque no había recibido reconocimiento de la Academia Sueca', explica el ginecólogo Pedro Barri, padre científico de la primera niña probeta de España, que nació en el Instituto Dexeus de Barcelona en 1984. 'Aunque el premio llegue tarde, se reconoce el trabajo de una persona que nos ha enseñado a muchos de los que después decidimos dedicarnos a la medicina de la reproducción', señala.

Los trabajos de Edwards y Steptoe también fueron claves para la vanguardia de la biomedicina actual. Su técnica sentó las bases para clonar mamíferos y explorar el potencial de la medicina regenerativa. 'Los trabajos de Edwards han abierto todo el campo de investigación con células madre', explica Eduardo Roldán, un experto en fecundación in vitro del CSIC que ha usado la FIV con linces y otras especies amenazadas.

La noticia del Nobel ha levantado ampollas en el Vaticano, que ayer calificó el premio como 'fuera de lugar' a través del sacerdote español Ignacio Carrasco de Paula, presidente de la Pontificia Academia para la Vida: 'Sin Edwards no habría congeladores llenos de embriones a la espera de ser transferidos a un útero, o para ser utilizados para la investigación, o bien para morir abandonados y olvidados por todos', señaló a Efe.