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Una semana para discutir sobre qué hay que discutir

La reunión sobre clima en Barcelona deberá "consolidar los textos de negociación" para Copenhague

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Antes de ponerse a negociar hay que ordenar los papeles y saber qué es lo importante, qué es lo urgente y qué entrará en el orden del día. Eso es lo primero que van a tener que hacer los delegados de los 192 países que esta semana se reunirán en Barcelona, en el último encuentro técnico formal para preparar la Cumbre del Clima, que en diciembre se celebrará en Copenhague.

Anteriormente, los delegados se habían reunido, a principios de mes, en Bangkok, y de allí los negociadores del próximo y esperado Protocolo de Copenhague salieron con multitud de non-papers, es decir, 'documentos que no están lo suficientemente maduros para constituir una base para la negociación', explicó la secretaria de Estado de Cambio Climático, Teresa Ribera, antes de acudir a la reunión de Barcelona.

Así, antes del próximo viernes los delegados deberán 'limpiar y consolidar los textos de negociación', ya que en estos momentos quedan muchos flecos por concretar en aspectos como la transferencia de tecnología a países en vías de desarrollo, los mercados de carbono y su implantación más allá de la UE, cómo se va a financiar, los criterios para el reparto, cuánto costará la adaptación y mitigación del calentamiento y cómo serán las inversiones para evitar la deforestación en los países con selvas tropicales.

En definitiva, los negociadores tendrán que 'identificar los elementos fundamentales que serán el núcleo de cada uno de los bloques de negociación', porque de lo contrario se corre el riesgo de dispersar demasiado los debates en diciembre.

De Copenhague tendrá que salir un Protocolo que establezca las cuotas de emisiones por países o grupos de países para 2013-2020 y, por el momento, sólo la UE ha presentado su propuesta acordada por todos los Estados: reducir un 20% sus gases en 2020, y podría llegar al 30% si el resto de países con obligaciones dan pasos en la misma dirección.

El ministro de Medio Ambiente de Brasil, Carlos Minc, lanzó la semana pasada la propuesta de reducir el 40% en sus emisiones de gases contaminantes para 2020, aunque no está aprobado formalmente. EEUU, Japón, Rusia, Canadá, Australia o Nueva Zelanda, que en Kioto tuvieron cuotas de emisiones, no se han pronunciado oficialmente sobre las cuantías que estarían dispuestos a asumir ni sobre la financiación que pretenden aportar a los países en vías de desarrollo o en transferencia de tecnología.

Antes de la reunión de Copenhague, que comenzará el próximo 7 de diciembre, se han convocado dos reuniones informales, una organizada por la presidencia danesa de la cumbre y otra por EEUU, en las que se espera mayor concreción.

'Somos optimistas sobre las posibilidades de éxito en Copenhague, pero queda trabajo y ahora hay poca claridad sobre lo que debe reflejar', comenta Ribera.

De hecho, no todo quedará atado en la cumbre danesa, advierte, y durante el semestre de presidencia española se concretarán más aspectos de cómo se implementará el Protocolo de Copenhague, como por ejemplo, cómo va a contabilizarse la reducción de emisiones en la aviación y el sector marítimo o cómo se verificarán las emisiones reducidas por deforestación evitada.

Un equilibrio difícil de alcanzar es cómo realizar una contabilidad transparente de las emisiones de los países en desarrollo que reciben ayudas por reducirlas, y al mismo tiempo no injerir en su soberanía.