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Los vecinos de La Restinga no quieren volver a casa

Sólo una mínima parte de los ciudadanos realojados por la crisis volcánica de El Hierro regresó ayer a sus hogares, a pesar de la recomendación de las autoridades

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'Que se quede Paulino a dormir'. Los vecinos del pueblo de La Restinga, y el pescador José Noé entre ellos, no disimulan su recelo y resquemor hacia las autoridades que, como el presidente canario, Paulino Rivero, han gestionado la crisis volcánica de El Hierro, que ha supuesto 21 millones en pérdidas directas, la mayoría (12,5) en el sector hotelero.

Ya no se fían de lo que les cuentan y por eso ayer, el primer día en que se les permitía dormir en sus casas desde hace diez días, la pequeña localidad pesquera seguía semidesierta. Al contrario de lo que podría suponerse desde fuera de esta isla, no hubo una cola de entrada al pueblo, ni vecinos esperando a que se levantara el control que impedía el acceso, ni alegría en sus calles por la vuelta a la normalidad. La mayor actividad se notó, sobre todo, por parte de los servicios de limpieza que se esforzaban por recoger los peces muertos que se pudren en el muelle sobre las verdosas aguas que el volcán ha dejado durante su erupción.

El alcalde de El Pinar al que pertenece La Restinga,Juan Miguel Padrón, lo resumía en un dato: 'Antes de comer, sólo habían bajado 14 vecinos. Y de todos ellos, sólo uno estaba decidido a pernoctar allí, un anciano que estaba deseando volver a dormir en su propia cama'.

'Que se quede Paulino [Rivero] a dormir', asegura un pescador

Aunque no hay una cifra concreta, las autoridades calculan que son entre 450 y 500 los herreños evacuados. Muchos no regresan porque no tienen prisa, y lo aplazan al fin de semana, ya que sus condiciones de refugiados volcánicos no son especialmente penosas. En una isla como El Hierro, casi todos han encontrado hueco en viviendas de familiares, lejos de incomodidades típicas de dependencias municipales.

Pero ni siquiera los que han tenido que ser realojados en la residencia de estudiantes de Valverde, la capital, quisieron regresar a sus casas. 'No, yo no bajo, yo no me fío', asegura Rosi Abreu, una de las 38 personas que siguen viviendo en habitaciones pensadas para escolares. 'Ni yo ni nadie. De la residencia no se va nadie todavía'. Rosi, barrendera en El Pinar, sí envió a su marido hace un par de días a comprobar que todo estuviera en orden. Y si quieren que baje a dormir a su cama, tendrán que convencerla los científicos, porque de los políticos no se fía. '¿La Restinga está en alerta roja y quieren que baje? Que baje primero la alerta y ya bajaré yo después', advierte.

'Los precedentes no ayudan a confiar', dice el presidente del Cabildo

El presidente del Cabildo de El Hierro, Alpidio Armas, que se opuso a la evacuación de los vecinos, enfrentándose al Gobierno canario, comprende que ahora no quieran regresar. 'La gente está reacia a volver. Yo calculo que, como máximo, serán unos cien los que lleguen a bajar durante esta primera jornada. No creo que sean más', admite. 'Se les entiende.

Los precedentes, cuando un día se les dijo que podían volver y al siguiente les dijeron que no, no les ayuda a confiar en las autoridades', asegura Armas, quien considera que lo único que ayudará a regresar a los piñeros será la confianza en los convecinos. Que los primeros que lleguen vayan transmitiendo la sensación de tranquilidad para que, como espera el propio alcalde de El Pinar, para el lunes ya estén en La Restinga la mayor parte de los evacuados.

La gestión de las autoridades ha sido en ocasiones contradictoria, como la que reseñaba el presidente del Cabildo. El domingo pasado, Rivero anunciaba el regreso a La Restinga en 24 horas; al cabo de un día, su director de Seguridad, Juan Manuel Santana, apagaba las euforias por el riesgo de toxicidad en el aire. Pero es que el papelón del mundo científico no ha sido mucho mejor. Desde el primer momento, la población asistió a enfrentamientos públicos entre investigadores de distintas instituciones, en algunos casos auténticas guerras civiles que se libran desde hace años entre geólogos y vulcanólogos que se enfrentan por el control del estudio de un archipiélago tan productivo como el canario.

Esto ha supuesto que cada herreño sea hoy un vulcanólogo que opina de la evolución de la sismicidad de la isla como hace días se atrevían a enmendar una alineación de Vicente del Bosque. '¿Cuántos ha habido hoy?', pregunta un anciano a otro, que consulta en su portátil la web del Instituto Geográfico Nacional: '¿Es verdad que hubo 20 terremotos?'. La población sabía ayer que la sismicidad había vivido un repunte 26 sismos desde la mañana de anteayer, lo que tampoco ayudó a relajar los ánimos. 'Las posturas divergentes de los científicos han sido otro elemento más de confusión', reconoce el presidente del Cabildo.

Hay auténticas guerras civiles entre vulcanólogos y geólogos

Ramón Ortiz, veterano vulcanólogo del CSIC que ha estado al frente del grupo técnico que asesoraba a las autoridades, explicaba ayer que la evacuación se produjo en una 'situación crítica' porque no sabían si el volcán optaría por abrirse al cielo sobre la superficie de la isla. 'Lo que está sobre la mesa es lo que está sobre la mesa. Esas cosas de que unos dicen que resulta que ha salido un cuchuflú, o que hay que poner un aparato cuadrado, o que tienen datos muy importantes que no enseñan...', dijo el investigador sobre las críticas.

Para tratar de poner orden en esta situación, el presidente Rivero lanzó ayer en Las Palmas de Gran Canaria un Comité Científico que coordinará la evolución del episodio de El Hierro. Por su parte, el Cabildo calcula que necesitará 189 millones en cinco años para superar este bache. El secretario de Estado de Coo-peración Territorial, Gaspar Zarrías, se comprometió ayer a que el Consejo de Ministros apruebe un real decreto para ayudas a El Hierro ante la crisis.