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"Al periodismo le falta tiempo"

Su novela 'Buda Blues' es finalista de premio Dashiell Hammet

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Buda Blues (Seix Barral) es la historia de dos hombres desubicados que se topan con la guerrilla y con los paramilitares. Con la tragedia de su país, Colombia. El autor de esta novela finalista del premio Dashiell Hammet de la Semana Negra de Gijón es Mario Mendoza (Bogotá, 1964), conocido por retratar la violencia sin concesiones (Satanás, 2002).

Buda Blues' no es, en esencia, una novela negra de policías, sin embargo, usted es finalista del Hammet. ¿Es un género más abierto de lo que se presupone?

Sí, la novela negra contemporánea ya no tiene camisas de fuerza, ya no tiene que cumplir con unos requisitos que sean imprescindibles. El género mismo, como la realidad, ha venido mutando, reinventándose, torciéndose a sí mismo.

¿Hasta qué punto puede servir la literatura como discurso político?

No creo en la literatura como discurso político. Esta es una novela de extremistas, de radicales, y yo no comulgo ni con sus opiniones. Y no hay propaganda porque esas no son mis opiniones. Creo en una resistencia civil a través de la imaginación narrativa.

¿El escritor puede ir más allá que el periodista?

El periodismo no tiene tiempo, trabaja sobre el ahora, sobre el instante, ya. La noticia sucede siempre en un eterno presente. La literatura pertenece a un lenguaje de la lentitud. Hay que tomarse todo el tiempo que sea necesario. Y esa parsimonia permite la hondura, adentrarse, viajar hacia la profundidad.

¿Usted ha tenido problemas en su país por escribir sobre la violencia?

En Colombia los columnistas de prensa, y la mayoría de las personas que llevan una vida púbica, están expuestos a una violencia que se manifiesta de manera contundente en amenazas e insultos subidos de tono. Y hay otras amenazas que traen sello y firma. Yo, por fortuna, sólo he recibido de las primeras y no me obligan, al menos por ahora, a irme del país.

¿Qué le lleva a escribir sobre estos temas?

La certeza de que estamos haciéndolo todo mal, de que estamos destrozando el planeta, destrozándonos a nosotros mismos, pero que no queremos aceptarlo, que nos negamos a recono-cerlo.

En América Latina se ha pasado de un realismo mágico a un realismo violento. ¿A qué cree que se debe?

Estamos atravesados por una violencia política explícita que amenaza la democracia. Pero también estamos atravesados por otra violencia, la del mismo sistema al cual pertenecemos. Esa violencia silenciosa, que no se toma los titulares de prensa, y que por eso es más efectiva, es la que a mí me atrae.

¿Tiene América Latina todos los ingredientes para historias negras?

América Latina es un territorio convulso, difícil, caótico, muy propicio para el género negro. Nosotros somos el futuro, somos la vanguardia. Nunca seremos como el primer mundo, sino al revés. El primer mundo cada vez se parecerá más a nosotros: desempleo, despidos masivos y mendigos.