Publicado: 24.01.2014 07:00 |Actualizado: 24.01.2014 07:00

Al-Rahmoun: "A los genios del cine parece que se les perdona que maltraten a sus actores"

'Otel-lo', ópera prima de Hammudi Al-Rahmoun, disecciona las relaciones perversas entre director y actores a partir de la historia de un rodaje de la obra de Shakespeare. Realizada con un presupuesto minúsculo, llega a los cine

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Kubrick hacía que sus actores repitieran y repitieran hasta el agotamiento algunas secuencias. Dicen que Tom Cruise, en Eye Wide Shut, última película del cineasta, hizo la misma escena 99 veces y se negó a hacerla una vez más. Es legendaria también la relación, supuestamente déspota, que Alfred Hitchcock tenía con sus actrices. Mucho más reciente es el caso de Abdellatif Kechiche, ganador de la Palma de Oro en Cannes por La vida de Adèle, a quien sus dos actrices protagonistas han tachado de tirano y de quien han dicho que llegó a ser cruel con ellas en algunos momentos del rodaje. Ahora, Hammudi Al-Rahmoun, fascinado por estas perversas relaciones entre director e intérprete, ha dedicado a ellas su primer largometraje, Otel-lo, una película de bajo presupuesto que se ha alzado ya con varios premios y que llega el viernes a los cines.

Premio del Público en el Festival de Cinema D'Autor de Barcelona y en el Atlántica Film Fest (Festival Online de Cine Inédito), y Premios a la Mejor Película y a la Mejor Actriz en el ECU (European Independent Film Festival), la película es una reflexión acerca de las relaciones de poder, especialmente las que se establecen entre un director y sus actores. Autoridad y sometimiento mostrados desde la historia del rodaje de Otelo, de Shakespeare. Hammudi Al-Rahmoun, antiguo alumno de la Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya (ESCAC) y actual profesor en ella, firma la dirección y el guion del filme, donde también interpreta el papel de director. Le acompañan en el reparto Ann M. Perelló, Youcef Allaoui y Kike Fernández.

Otel-lo, rodada con 15.000 euros, nació como un experimento. "La idea era trabajar con un equipo reducido, con actores no profesionales y estar tres días encerrados y ver qué salía de ahí. El guion no tenía diálogos, solo existían los fragmentos de la obra de Shakespeare", recuerda Hammudi Al-Rahmoun, quien reconoce que no pensó que la película llegaría a las salas comerciales.

Otelo habla de los celos, pero se refiere también a las relaciones de poder, a la opresión de la mujer, a la envidia... y usted, además, convierte la obra en un rodaje ¿Le interesa más el cine dentro del cine o alguno de los temas que trataba Shakespeare?

Lo que más me interesaba era la línea moral que existe en las relaciones entre actores y directores. ¿Dónde está el límite de cada uno? Hay muchísimas anécdotas sobre ello, en El último tango en París, en la reciente La vida de Adèle, con Lars von Trier, Kubrick... hay una promoción oscura sobre las relaciones director-actor y a mí me fascina este tema, porque cuando se habla de genios del cine parece que se les perdona que hayan maltratado a sus actores.

Bueno, en muchísimos de esos casos que menciona y en decenas más, también debe haber un sometimiento por parte del actor, ¿no?

Sí, claro. Siempre he pensado que los actores tienen un punto masoquista. Al actor le encanta que le lleven a zonas que le remuevan interiormente y creo que les gustan los directores que les empujan a romper sus límites. Aunque al final es lo de siempre, se trata de hablar y de establecer las normas del juego. Pero hay que reconocer que es un juego peligroso.

Esa relación de poder funciona en otros territorios también, en otras profesiones...

Hay algo universal en ello, solo que yo lo explico desde el sitio que yo controlo. Pero supongo que sí, que siempre que haya una persona que mande... es una relación que se podría llevar a cualquier disciplina.

Esta es su primera película como director, pero ha trabajado antes en otras producciones, ¿ha vivido ese poder del que manda en el cine?

Sí y es una relación muy heavy. Cuando yo tenía veinte años, en una sesión de casting (pruebas para elegir actores), se presentó un señor de cincuenta años y le temblaba la voz delante de mí. Ya ahí me di cuenta de que si tienes mucho poder y no te haces responsable de ello, alguien puede salir herido. Además, creo que aunque no lo hayas pasado concretamente en el cine es algo que puedes haber vivido, por ejemplo en una entrevista de trabajo o en clase, un profesor puede humillar a un alumno...

Y volviendo a Shakespeare, ¿por qué eligió Otelo?

He de decir que yo no soy un experto en teatro. Tuve un profesor en la escuela de cine que decía que para hacer cine solo era necesario haberse leído las obras de Shakespeare y a Dostoievski. A mí siempre me ha interesado mucho el tema de los celos y, por otro lado, me planteaba que no era muy fácil comprender a Shakespeare cuando lo lees, pero si cuando escribía las obras ya era muy comercial, era por las cosas que contaba, así que debía seguir siéndolo, solo había que acercar el lenguaje al público de hoy. Coger su esencia y explicarlo.

En la película, el director exige a los actores que abandonen su pudor ¿Hasta dónde estará usted dispuesto a dejar de lado el pudor en sus futuras obras?

Supongo que será un proceso que se irá viendo en el camino. Me gustaría irme mostrando en mis películas. Pero es cierto que aunque hay que ir dejando atrás el pudor, lo importante es hacer las cosas cuando uno está preparado. Mi objetivo es llegar a mostrarme a través de mis obras y que la gente que trabaje conmigo lo haga también.

Al director de su película le da miedo que no salga la escena que él cree esencial, a usted, después de esta primera película, ¿qué es, como director, lo que le da más miedo?

Lo cierto es que lo que ha pasado es que he aprendido a tener confianza y a darme cuenta de que hay muchas cosas que puedes arreglar luego en montaje. Y sí me he dado cuenta de que tengo un miedo general a darme cuenta de que no tiene sentido lo que estoy haciendo.  Con esta película, que era un experimento, pensaba ¡qué ridículo si esto no funciona! Pero hay que confiar, algo saldrá.

Ha elegido la escena de sexo como máximo conflicto, la actriz es la más vulnerable, ¿hay detrás alguna crítica al machismo que existe en el cine?

Bueno, yo soy un polluelo, solo he hecho una película, pero seguramente, sí. Por otro lado, cuando hablas de un conflicto tienes que coger lo más vulnerable, porque es lo que da más chicha a la película. Si el debate es entre una chica y un director, ya juegas con otras connotaciones, es más perturbador e incómodo.

¿Alguna vez pensó que esta película tendría un recorrido por las salas comerciales?

No. Pensé que a lo mejor funcionaría en festivales, pero que se estrene en cines es un súper premio y, desde luego, una buena carta de presentación para otro largometraje.