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La americana que se enamoró del piano de Lorca

Rescate musical. La cantautora folk Josephine Foster publica 'Anda jaleo', un álbum donde recupera las exitosas canciones populares que Federico García Lorca grabó al piano en 1930 junto a la cantante La Argentinita

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La escena tiene lugar en la casa de una escritora afroamericana en Harlem, en el verano de 1929. Un joven negro se sienta al piano, acaricia casi al azar un puñado de notas y comienza a entonar un espiritual que hace enmudecer a los invitados. 'Qué maravilla de canto, sólo comparable al cante jondo', escribe unos días después Federico García Lorca en una carta a su familia. Deslumbrado por aquella hermosa tonada de honda raigambre religiosa, con el pulso todavía acelerado, el poeta español toma aire y se sienta al piano.

Lorca había aprendido música desde niño con su madre, más tarde fue alumno de Manuel de Falla y en los años veinte compuso sus primeras suites. Era un apasionado del flamenco, pero su entusiasmo rozaba el clímax con las canciones populares, especialmente las que llevaban transmitiéndose de generación en generación durante siglos. Aquella noche en Harlem, el joven Lorca interpretó algunas, como Las morillas de Jaén, una composición del siglo XVI perteneciente al Cancionero Musical de Palacio. 'No quiero deciros lo que les gustaron mis canciones. Me las hicieron repetir cuatro o cinco veces', escribía Lorca.

Aquella noche en Harlem, Lorca interpretó 'Las morillas de Jaen'

La escena se traslada ahora a la biblioteca de Toledo, más de 75 años después. La reputada cantautora estadounidense Josephine Foster toma entre sus manos un disco en cuya portada figura el nombre de un poeta que leyó en el instituto de Colorado cuando era adolescente. En un primer momento piensa que se trata de poemas musicados de Federico García Lorca, pero tras detenerse en la portada se percata de que son canciones populares armonizadas y tocadas por el poeta e interpretadas por La Argentinita, una famosa cantante de los años veinte.

'Ese disco es el único documento sonoro que se conserva de Lorca: su acompañamiento al piano para la voz de La Argentinita. Habló mucho por la radio, pero no se conserva ninguna grabación', explica Andrés Soria, catedrático de Literatura de la Universidad de Granada. Y ese disco es el que ha grabado ahora Josephine Foster, canción a canción, junto al músico español Víctor Herrero bajo el título de Anda jaleo.

'Ese disco es el único documento sonoro de Lorca', dice Andrés Soria

'Nada más escucharlo me atrajo muchísimo. Las canciones tenían una riqueza poética muy fuerte y un sentimiento humano muy profundo. Me puse a tocarlas con la guitarra y salían con mucha facilidad, porque son muy sencillas. No me cansaba de cantarlas una y otra vez. Es una cosa mágica, como si esas melodías tuvieran vida intrínseca', responde Josephine Foster desde Vejer (Cádiz), donde vive junto a Víctor Herrero, con el que ayer comenzó en Birmingham las presentaciones de Anda jaleo, que les llevarán por toda Europa.

En total han recuperado 11 canciones, las mismas que Lorca y La Argentinita registraron en Madrid en octubre de 1930 y que fueron publicadas al año siguiente en cinco discos de 78rpm por la discográfica La Voz de su Amo. Lo más curioso es que mientras la génesis del disco de la americana Foster está en Toledo, el origen del álbum del español Lorca está en Nueva York.

Fue en la Gran Manzana donde coincidieron el poeta de Granada y Encarnación López Júlvez, La Argentinita. Esta llegó a Nueva York acompañando a su novio, el torero Ignacio Sánchez Mejías, que iba a dar una conferencia sobre el mundo del toreo en la Universidad de Columbia. Lorca era el encargado de presentar al diestro y decidió tocar algunas canciones para que las cantara La Argentinita.

Foster y Herrero grabaron Anda jaleo' en un pueblo remoto de La Alpujarra

Ahí comenzó una colaboración que cristalizó en Madrid. Así le escribe a su familia en la segunda quincena de octubre de 1930: 'Pero el acierto lo he tenido en el terreno musical. He enseñado a mi comadre Argentinita canciones que vosotros sabéis, que he recogido y armonizado, y hemos hecho una colección de discos de gramófono yo al piano y ella cantando que son, según Salazar [un famoso crítico de la época], la primera cosa importante y bonita que se ha hecho en tono popular. Resultan una preciosidad y yo quedo muy bien como pianista y como fol-clorista. Irán en un álbum y se venderán muchísimo, porque La Argentinita tiene un público enorme y yo también tengo mi público. Esto me supone miles de pesetas en poco tiempo. Y si la colección triunfa haremos otra'.

Los discos tuvieron bastante éxito: se oyeron bastante por la radio y La Argentinita los popularizó con sus conciertos. 'Las canciones Anda jaleo y Los cuatro muleros se hicieron muy famosas. Esta última se cantó mucho en el frente, durante la Guerra Civil. El título se transformó en Los cuatro generales y se convirtió en un himno antifascista que solían cantar las Brigadas Internacionales', explica Andrés Soria.

Tras escucharlas y cantarlas repetidamente, Josephine Foster y Víctor Herrero decidieron hacer su propia versión de aquel disco. 'No es un remake', aclara Foster en un español apañado, 'esta música tiene miles de formas. Las buenas canciones existen para que cada cual las haga como le sale de su cuerpo. Anda jaleo es un documento sobre nuestra experiencia con ellas'.

'Queríamos devolverle las canciones a la gente', dice Foster

Foster y Herrero vivían en un pueblo remoto de La Alpujarra. Se iban al campo con una guitarra, unas castañuelas y un tambor rociero y cantaban esas canciones que les habían enamorado en plena naturaleza. A la hora de hacer el disco, decidieron mantener esa naturalidad: 'Queríamos que nos saliera algo fácil, flexible, utilizando instrumentos que se pudieran transportar y con los que se pudiera tocar en cualquier sitio a cualquier hora. Esas canciones salieron de la vida cotidiana de la gente, las tocaban en el campo, y queríamos devolvérselas de la misma manera', cuenta la artista de Colorado.

La heterodoxa cantante, iniciada en la ópera, ha probado géneros de lo más variopinto: folk, rock psicodélico, blues primitivo e incluso el lied alemán. 'No me gusta centrarme sólo en un estilo. Blues para toda la vida, ¿por qué? Supongo que la gente se especializa para ganarse la vida, pero yo prefiero la exploración. La vida es infinita y la música también. El arte no tiene límites, sólo tu curiosidad y tu espíritu', razona. Y si alguien lo duda, sólo tiene que escuchar a esta americana cantando versos como 'Llevan las sevillanas / en la mantilla / un letrero que dice: / ¡Viva Sevilla!'. Pues que viva.

Infancia. Más afinidad por el piano

De niño, Lorca estudió música con su madre y dio clases de piano con Antonio Segura Mesa. Sentía más afinidad por la música que por la literatura, en especial por el repertorio para piano de Beethoven, Chopin y Debussy. Cuando se matriculó en la Universidad de Granada, en otoño de 1914, sus compañeros le conocían como músico, y ya mostraba interés por el canto gregoriano y la canción popular.

Madrid. Compone sus primeras suites

En sus dos primeros años en Madrid (1919-1921), Lorca escribe sus primeras suites. En 1921 volvió a Granada ilusionado con la composición. Ese entusiasmo le llevó hacia el estudio del folclore: títeres, cante jondo, la canción popular.

Manuel de Falla. El concurso de cante jondo

A partir de 1921, Lorca visitó frecuentemente a Manuel de Falla en su casa de Granada. Juntos organizaron el primer concurso de cante jondo, que pretendía dignificarlo y preservarlo. En esa época, escribió el texto ‘Importancia histórica y artística del primitivo canto andaluz llamado cante jondo'.

Estados Unidos. Fascinado por el blues y el jazz

Durante sus días en Nueva York, Lorca descubrió el jazz y el blues, causándole una gran impresión.