Publicado:  08.05.2010 08:00 | Actualizado:  08.05.2010 08:00

La asombrosa historia del Mowgli cordobés

Gerardo Olivares rueda Entre lobos', la historia real de un chico que pasó 12 años perdido en Sierra Morena

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Increíble se queda corto. El adjetivo más adecuado sería, quizás, inconcebible. ¿Cómo va a sobrevivir un niño de 12 años entre animales salvajes, sin contacto humano, asociándose con lobos, cazando conejos e imaginando la amistad de una serpiente? La peripecia infantil de Marcos Rodríguez Pantoja, un ser humano de carne y hueso conocido algo toscamente en los círculos de la curiosidad antropológica como El Pequeño Salvaje de Sierra Morena, resulta tan chocante que sólo encuentra en la ficción su horma ideal.

"¡Es como El libro de la selva, pero real!", se emociona el director de cine Gerardo Olivares (Córdoba, 1964), responsable de devolver la historia de los 12 años entre lobos de Marcos a su territorio natural, la ficción, el único donde resulta concebible. El director de La gran final y 14 kilómetros primera producción española que conquistó la Espiga de Oro en Valladolid rueda en las dehesas de una finca cuajada de encinas y riachuelos en la Sierra Morena cordobesa su primer largo con actores profesionales, titulado Entre lobos.

Marcos participa en la película. "Yo vivía revuelto con los lobos", cuenta

Olivares recalca que no es un documental, ni responde a un género mixto que pueda confundirse con sus anteriores andanzas. Ahora se ha lanzado de cabeza, aunque "con un poco de vértigo", a una película "de aventuras, un western andaluz". Cabe pues esperar un retrato más cercano al Mowgli de Rudyard Kipling que al Víctor de Aveyron de El pequeño salvaje, otro caso real de niño criado en los bosques de Francia y regresado a la civilización que François Truffaut abordó con más preocupación filosófica que interés lúdico.

Marcos nació en 1946 en Añora (Córdoba) y, tras una primera infancia sin madre, sufriendo penalidades y maltratos de su madrastra, fue vendido por su padre a los siete años al dueño de una finca para que ayudase a un pastor de cabras. Poco después, el pastor desapareció. Era 1953. Marcos se quedó solo. Sobrevivió cubierto con pieles de venado, ofreciendo conejos, ciervos o lo que fuera que lograra cazar con su cuchillo a los lobos para ganarse su confianza. Si veía hombres, se escondía, temeroso de volver con su madrastra.

Tras su regreso a la vida social no podía dormir en camas ni comer caliente

Cuando en 1965 lo encontró una pareja de la Guardia Civil, el chico, pelo hasta las rodillas y uñas interminables, aulló y presentó resistencia a mordiscos. "Yo vivía revuelto con los lobos, comía lo mismo que ellos y vivía como ellos. Eran mi familia", cuenta Marcos a En días como hoy, de RNE. Hoy, tras una larga y penosa labor de resocialización, vive apaciblemente en Rantes, un pueblo de Ourense.

Tras su regreso no podía dormir sobre una cama, ni conseguía comer caliente. Con el tiempo trabajó de lo que pudo en Baleares y Andalucía. "Me tuve que hacer la vida solitariamente. Trabajaba y no me pagaban. Me engañó todo el mundo", explica. "Lo único que me avergüenza", confiesa, "es que no tengo letras [es analfabeto], si no, hubiera sido un cocinero estupendo".

Marcos es parte del rodaje. Se interpreta a sí mismo en la parte final de la película. Y, por supuesto, se revuelca sonriente con los lobos. A Pepe España, responsable de convertir en actores al servicio de un guión a los lobos ibéricos de la película, se le saltaron las lágrimas al ver aquella complicidad. "Verlo con los lobos, cómo se comportaba, como uno más, ha sido lo más increíble que he podido ver", cuenta.

El director dice que su primera película con actores es "un western andaluz"

"Él me ha dicho muchas veces que la época más feliz de su vida fue con los lobos", explica Olivares. El director cordobés decidió convertir esta historia en película tras contactar con el antropólogo Gabriel Janer, que había conocido a Marcos en La Palma en 1975 y había hecho sobre él su tesis doctoral, que fue publicada de inmediato y traducida al inglés. Janer acreditó científicamente una historia que la prensa franquista había cubierto con un avergonzado velo.

"Lo que él cree que vivió es muy diferente de lo que vivió. Sobrevivió imaginando que los animales eran sus amigos, que la serpiente quería ayudarlo, que los lobos eran su familia", explica Janer. El antropólogo añade que Marcos "nunca ha llegado a comprender las ambigüedades" de la vida social. Janer ha escrito ahora una novela, He jugado con lobos. Otra vez la ficción para abordar lo inconcebible.

Dos niños de Sierra Morena y Juanjo Ballesta interpretan al protagonista

La película de Olivares, de 4,5 millones de presupuesto, estará rodada por completo a finales de mayo y se estrenará en otoño. Juan José Ballesta (El Bola) interpreta a Marcos, al que también dan vida dos pequeños de la zona. En el reparto destacan Sancho Gracia que regresa a los montes del maquis donde se encumbró como Curro Jiménez, Antonio Dechent y Carlos Bardem, que asume ahora el papel de malvado de la función tras su triunfo en Celda 211. "Celda reconcilió al público con el cine español, y esta película va en el mismo sentido. Buen cine de género", cuenta.

Circula en el rodaje una anécdota que tiene como protagonista a Manuel Ángel Camacho, el niño de nueve años que interpreta a Marcos en sus primeros años de soledad. Alguien le preguntó qué haría él de vivir la experiencia de Marcos, solo en el monte. "Subirme a un árbol, buscar cobertura y llamar a mis padres", dicen que contestó el niño. La realidad, claro, le resulta al crío absolutamente inconcebible.

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