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Aurora Luque: "Safo ha irritado mucho a eruditos. Era incómoda por ser una mujer que escribe muy bien y libremente"

La poeta, Premio Nacional de Poesía en 2022, acaba de traducir 'Después de Safo', de Selby Wynn Schwartz, novela colectiva que explora el estímulo de la autora griega para sus herederas literarias de comienzos del siglo XX.

La poeta Aurora Luque en una imagen de archivo.
La poeta Aurora Luque, en una imagen de archivo. Cézaro De Luca / Europa Press

Aurora Luque, Premio Nacional de Poesía en 2022, escribe poemas fascinantes, juguetones, complejos y repletos de recovecos fabulosos, a veces inquietantes. Podría decirse que Luque esculpe los versos. Los obtiene después de pulir rocas, textos literarios escritos durante periodos, más largos o más cortos, de charla con las musas.

Sus poemas tienen un eco esencial de milenios, como si acabaran de ser desenterrados en las cercanías de algún templo que mira al Egeo. Luque se mueve como pez en el agua en la lengua griega, la de Eurípides y Safo, su autora, podría afirmarse, de cabecera. La ha estudiado, la ha traducido y la reivindica como lo que es, una artista mayor.

Luque acaba de traducir Después de Safo (Alianza), de Selby Wynn Schwartz, novela colectiva que explora el estímulo que fue Safo para sus herederas de comienzos del siglo XX: artistas como Colette, Virginia Woolf, Renée Vivien, Isadora Duncan, Romaine Brooks, Gertrude Stein, Eleonora Duse, Eva Palmer o Lina Poletti la tomaron como modelo a la hora de "escribirse" y construir sus nuevas biografías libres.

Esta entrevista, que se desarrolla mediante las nuevas tecnologías, a través de un pantalla, se hace difícil no empezarla recordando su poema Rap para la romería de Steve Jobs, incluido en su poemario Personal & político, recogido en Las Sirenas de Abajo (Acantilado), un volumen en que se recopila su obra poética desde 1982 a 2022.

¿Cómo se lleva con los teléfonos?

Órganos fisiológicos monstruosos, ya no podemos imaginar una vida sin móvil. Nos va a devorar. Es un órgano que ha desarrollado una metástasis que invade todos los espacios.

¿Se puede hacer buena poesía con la Inteligencia Artificial o la poesía es una actividad de expresividad humana?

No hay controles. Se pueden componer poemas resultones. Lo que nos faltaba para confundir aún más a los lectores jóvenes. Hace poco, como jurado, tuve una sospecha y me pregunté: ¿estará elaborado este poema con una IA? Pero no voy a perder tiempo con eso. Lo importante es poder apagar, desconectar de lo digital y vivir la vida.

¿Cómo elabora sus poemas? ¿Los encuentra o le encuentran? ¿Cómo adquieren su forma definitiva?

Escribo en una especie de oleadas, a rachas. No siempre estoy en condiciones de hacerlo o me apetece escribir posta. Hay periodos, que pueden ser extensos y durar días o semanas o breves, de una o dos noches. Son momentos especiales, en los que acumulo una gran cantidad de material, de presuntos versos informes, de los que selecciono una parte mínima, ya en una versión sosegada.

¿Esculpe sus poemas entonces?

Es un símil parecido, sí, pero para ello hay que encontrar la piedra de calidad. A veces descarto todo el "bloque".

¿Qué tiene la voz de Safo, escritora a la que ha dedicado tiempo y mimo, que resuena aún hoy? ¿Por qué perdura?

En la tradición, Safo ha ocupado un lugar especial: era una autoridad, la prueba de que, aun siendo mujeres, podíamos escribir y escribir bien. Hubo clásicos, como Horacio, Plauto, Ovidio, Solón, Longino, Estrabón, que la respetaron, la adoraron, celebraron su altísima calidad literaria y la avalaron así en las épocas más hostiles.

Por otro lado, Safo ha irritado mucho a casi todos los eruditos y expertos. Era incómoda, no solo por el carácter homoerótico de su poesía, sino por ser una mujer que escribe muy bien y libremente. Y esas condiciones de libertad se hacen insoportables para algunos. Que tenga éxito, prestigio y una larga vida, que sea ambiciosa (ella sabe que participa de las Musas, que su poesía es valiosa), todo ello era un modelo peligroso para otras mujeres e hizo surgir una falsa leyenda biográfica que la convierte en amante desdichada que se suicida por un amor masculino no correspondido. Así se pretende ocultar a la Safo autora.

Pero ahora, en el siglo XXI estamos en condiciones, casi por primera vez, de valorar a la autora, la textual y dejar de lado esa leyenda del suicidio, subordinada siempre al deseo masculino. Además tenemos papiros nuevos hallados en 2004 y 2014.

Hoy podemos leer a Safo con muchas claves que en otras épocas no estaban disponibles. Su poesía, que nos ha llegado de forma fragmentaria, nos resulta válida estéticamente, ahora que practicamos el aforismo, el haiku, el microrrelato, la obra abierta desde las vanguardias. Y su manera de enfrentar el mundo, esa ética del hedonismo austero, también nos la acerca. Su forma de afrontar la poesía amorosa es imbatible. Safo suena actual, sus poemas se venden. Se ha traducido por primera vez al euskera en edición exenta, y también hay una edición muy reciente, nueva, en catalán. Está de moda, apetece a los jóvenes y, en las ferias del libro, te llegan con el libro para que se lo dedique. Pero yo no puedo dedicar a Safo (ríe), yo soy una mera médium, una intermediaria.

Es curioso que Safo, aun en griego, suena muy cercana. En la obra de teatro de Christina Rosenvinge, 'Safo', con la que usted colaboró, hay un momento muy particular en el que se escucha el verso en griego y suena muy cálido. ¿La lengua griega es particularmente poética, armoniosa? 

Era mi voz (ríe). Rosenvinge me consultó muy pronto, mantuvimos una correspondencia preciosa. Quería hacer canciones propias, sin dejar de ser fiel a la vez a Safo. Christina me pidió que grabara algo en griego para cantarlo ella en algún tema. Ese audio lo grabé relajada en mi sofá. Y a la tercera se lo mandé sin preocuparme gran cosa. ¡Y lo hacen sonar tal cual en el teatro romano de Mérida! De pronto sale mi voz de no sabe dónde. Fue emocionante. Dio sentido a los años y años que llevo dedicada a su estudio.

El griego tiene una fonética parecida a la del español. Sin embargo, el ritmo no podía ser fiel a la prosodia antigua: Rosenvinge no deseaba hacer una lectura arqueológica en sus canciones [el disco, por cierto, acaba de salir ahora mismo, este sábado, 25 de noviembre]. Aunque en una traducción la estrofa sáfica sí permite el volcado en endecasílabos y pentasílabos y se puede establecer un vínculo rítmico.

¿Traducir es un ejercicio de transcripción o de creación? ¿Traduttore, traditore?

Eso es una simpleza: la rima ha hecho unir estas dos palabras. Los traductores no son traidores, son colaboradores de los lejanos poetas a quienes traducen. Se trata más bien de hospitalidad lingüística. Me hospedo en el lenguaje del poeta aunque este viviera hace 2.500 años y luego lo traigo a la casa de mi idioma. Lo acoges, le das lo mejor de tu idioma, es un huésped al que invitas, porque te interesa hablar con él. Ese sentido de hospitalidad, de hospedaje, me parece más exacto que la sonora idea de la traición.

¿Qué hace que Lorca, que sí que es difícil de traducir, porque depende de sonoridades imposibles de reflejar del todo, guste tanto en otras lenguas? ¿Acaso a la gente le gusta hacer tareas 100% absurdas a la hora de traducir? No. Los lectores buscan algo que les compense. De hecho, la buena poesía, de alguna manera, aunque viaje en un vehículo imperfecto, se deja transportar, permite el trasvase. Es una transfusión artística, estética: si la haces desde un conciencia muy clara, puede tener un resultado aceptable.

¿Distingue entre prosa y poesía a la hora de traducir?

Si es prosa literaria, el ritmo es intocable también. Precisamente la novela en cuya traducción me he embarcado, Después de Safo, es muy poética. Acaba de salir en Alianza, la propia editorial me la propuso: el texto está marcado por una especie de estribillos, de resonancias, de epítetos intencionados. Mi actitud ante la traducción de la prosa, aunque el texto sea mucho más extenso, es la misma que tengo que al hospedar un texto poético. Me gustan las novelas que cuidan mucho el lenguaje y que le dan la misma importancia que le da la poesía.

¿Cuál es la utilidad de la literatura? ¿Nos sirve como refugio en tiempos confusos?

Si no tuviera fe en que de algo sirve, no estaría dedicando tanto tiempo de mi vida a ello. No porque crea que tiene una misión social clara y eficaz. La literatura funciona de una manera incontable, sutil, difícil de cuantificar. No podemos decir que este poema de Miguel Hernández ha servido para esto o para lo otro, y sin embargo es obvio que ha predispuesto a las personas en ciertas épocas sobre todo a mantener y a vivificar ciertos ideales y actitudes éticas. Un Machado, un Miguel Hernández cantados por Serrat funcionaron como levadura, como fermento, sobre todo cuando salieron del libro y se volvieron canciones. Lo que pasa es que esa energía poética no admite medida. No es posible un análisis racional, exacto, de cómo ha operado. En algunas épocas la poesía resume sueños, anhelos y luchas colectivas. Nuestra época, que se está volviendo muy peligrosa, quizá vuelva a necesitarla urgentemente.

¿Esa sensación tiene?

Tengo sensación de tumulto. Algunas cosas se están poniendo patas arriba de manera perversa e interesada y no caemos en la cuenta de dónde viene la aceptación de determinadas sumisiones. La poesía es de las pocas manifestaciones artísticas que no se venden en sentido literal: podemos leerlo todo en la biblioteca pública. No hay que gastar ni un céntimo. La poesía no es manipulable como materia de compraventa. Sí lo son a veces la novela y la música.

Cuando vemos los millones que se desvían a esta fiesta de los Grammy, comprobamos que la canción ha perdido ahí toda misión artística para convertirse en un producto comercial. Desde arriba, te ordenan lo que debes consumir y lo que no, pero la poesía escapa a eso. De ahí la obsesión por ridiculizar la figura del poeta: se nos dice que es un loco que no sabe buscarse la vida, alguien que no sabe triunfar. Precisamente la poesía nos sitúa en una postura de indagación en el lenguaje desde la que aprendemos a cuestionar el uso perverso lleno de mentiras del lenguaje cotidiano.

¿Se han producido avances en igualdad en estos años? ¿Cuánto falta para la igualdad real? ¿A usted se le mira hoy de otra manera o no?

Yo misma, en mi primera juventud, me miraba a mí misma de otra manera: en algunos poemas había un "niño" protagonista, pero era de mí, de una niña, de quien quería hablar. En algunos casos he cambiado el género en la publicación de mi poesía reunida. No caíamos en la cuenta de que estaba ahí el femenino para decir exactamente lo que queríamos decir. El lenguaje tiene potencialidad morfológica y semántica para dar cabida a las realidades nuevas. Quienes se oponen a esto, se equivocan.

En cuanto a avances sociales, en España tenemos la inmensa suerte de contar con un feminismo de Estado, legislado desde principios del siglo XXI. ¿Qué no darían las mujeres de Afganistán o de Irán por una partícula de nuestras leyes de igualdad? Eso no quiere decir que esté conseguido todo. Por ejemplo, la libertad artística irrita, y se dice que la cuota femenina obstaculiza el paso a los creadores masculinos. Pero la cuota no es un invento del feminismo, la cuota masculina existía ya antes, cuando decidieron que todo era para ellos. De esa antigua cuota masculina del 100% nadie habla, aunque existe una penosa nostalgia reciente jaleada por políticos oportunistas.

¿Qué es Andalucía para Aurora Luque?

Lo mejor de Andalucía es que no perdemos el tiempo en pensar qué somos o qué no somos o qué fuimos. Me hicieron la pregunta en Barcelona en un coloquio y me salieron varias Andalucías. La Granada de mis estudios (pero yo aprendí a amar la Alhambra en un libro escrito por un americano que se llamaba Washington). En Almería nací (pero mi madre me transmitió una educación que ella recibió de una mítica profesora catalana, Celia Viñas).

Mi infancia es totalmente rural y montañosa, la pasé en la Alpujarra, donde jamás escuché flamenco. Adoro Cádiz, la ciudad trimilenaria que no se parece a ninguna otra capital andaluza, que inventó la primera Constitución y que pone en el centro de sus fiestas la adoración por la palabra humana ingeniosa, humorística, musical y sabia, mientras que el resto de las ciudades se autocomplace en pasear iconos sufrientes procedentes de una religión monoteísta y misógina. Hay muchas Andalucías, también desde el punto de vista literario. Amo a los poetas que no alardean de andalucismo: Luis Cernuda y Juan Ramón Jiménez fueron dos de mis mejores maestros.

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