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Campo de minas emocionales en 'This is Us'

La serie protagonizada por Mandy Moore y Milo Ventimiglia, estrenada anoche en Fox Life, hace de las emociones y la empatía con los personajes su fórmula del éxito.

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La serie 'This is us' está protagonizada por Mandy Moore y Milo Ventimiglia 

El éxito de This Is Us, que Fox Life estrenó anoche en España, es incuestionable y, además, hay que reconocerle el mérito que otras no tienen. Lo primero, el éxito, viene avalado por los resultados de audiencia en Estados Unidos, la opinión de la crítica, las nominaciones, las reacciones en redes sociales y su renovación por dos temporadas más. Lo segundo, el mérito añadido, tiene que ver con su argumento y desarrollo. Porque, visto el piloto de la serie creada por Dan Fogelman (Crazy, Stupid, Love), esta se sustenta en una aparente normalidad de la que hace gala pero, sobre todo, en un auténtico viaje emocional en el que sumerge al espectador, que necesitará hidratarse continuamente ante el torrente de lágrimas que provoca.

Es su principal baza, de lo que se enorgullece y donde radica su éxito. Lo que la hace, por otra parte, una serie no apta para todo el mundo. Para sentarse a ver This Is Us hay que hacerlo dispuesto a que jueguen con tus emociones, con tus sentimientos. Lo hace continuamente. Escondiendo detalles con planos cerrados para abrirlos una vez producida la revelación; con una música compuesta para provocar un estado anímico predispuesto al llanto, con dramas personales fácilmente reconocibles... El sentimentalismo es su juego y las lágrimas –también se da alguna sonrisa cómplice–, sus fuegos de artificio.

*NOTA: A partir de aquí el texto contiene spoilers.

El estreno de la serie en España la acerca al público de aquí que, por fin, puede comprobar en primera persona a qué se debe el fenómeno en el que se ha convertido This Is Us. En una época en la que las series se pueden ver con 24 horas de diferencia con respecto a su emisión estadounidense o, incluso, de manera simultánea, el hecho de que la ficción creada por Fogelman haya tardado cuatro meses ha complicado, enormemente, mantener al público al margen de algunos de los giros argumentales.

En una serie con un guión tan tramposo como el de This Is Us, llegar a ella sin saber casi nada es muy valioso. Durante prácticamente todo el metraje de su primer episodio su creador juega con el espectador convirtiendo la historia que cuenta en un auténtico campo de minas emocionales que van saltando de manera programada y milimétricamente calculada para que la ecuación final sea sonrisa-llanto-sonrisa-llanto y así sucesivamente.

El piloto arranca con un fondo negro y unas letras sobreimpresionadas que informan al espectador de que, según la Wikipedia, el ser humano comparte su cumpleaños con millones de personas en el mundo, algo que no está demostrado que implique ningún tipo de relación de comportamiento entre ellos. Primera trampa. Porque se hace creer que las historias que van a contarse no tienen más conexión que la de cumplir años el mismo día y no es así. Inmediatamente después, primera presentación de personajes, la de un matrimonio ideal. Dos treintañeros en la flor de la vida que se adoran mutuamente y que se enfrentan al reto de ser padres por triplicado. Ella (Rebecca) es Mandy Moore. Él (Jack), Milo Ventimiglia, cumple 36 años en ese preciso instante. Del matrimonio la acción pasa a Kate (Chrissy Metz), una mujer con sobrepeso que no está contenta ni con ella ni con su vida. Ella también cumple 36 ese día. De la cocina de Kate, al despacho de un exitoso treintañero de color, Randall (Sterling K. Brown), al que sus empleados y compañeros agasajan con una tarta. Y, por último, Kevin (Justin Hartley), un actor que se considera mejor de lo que le suponen y que celebra la llegada de los 36 bien acompañado.

Y entonces, justo en ese momento, empiezan a explotar minas. Rebecca se pone de parto inesperadamente. A Randall le avisan, vía correo electrónico, que han encontrado a quien buscaba. Kate se cae en el baño. Y Kevin, en plena conversación trascendental, recibe una llamada de su hermana para que la ayude. Esta no es otra que Kate. Primera conexión realizada. Todo acompañado con una música y unas letras compuestas para predisponer a la lágrima.

Es el juego de This Is Us, contar la historia de personajes normales con los que resulte fácil identificarse y empatizar, aunque la normalidad de alguno puede ser discutible y habrá que ver cómo se va desarrollando en capítulos posteriores. Personajes que comparten fecha de cumpleaños y apellido, Pearson. Porque los cuatro cumpleañeros, esto se descubre hacia el final del primer episodio, están emparentados. Ese matrimonio ideal al que todo el mundo adora y envidia vive, en realidad, en los setenta. Algo que ocultan con planos cortos de ellos y un vestuario atemporal. Las toallas y las batas hospitalarias es lo que tienen. Hasta que, en el hospital, cuando queda al descubierto la conexión de Kevin y Kate con Randall, los planos se abren y se descubre todo el pastel. Entre unos y otros hay 36 años de diferencia. La trampa ha sido desvelada.

This Is Us es la radiografía de tres hermanos que se acercan a la cuarentena con unos padres ideales a los que idolatran, que hicieron ‘algo parecido a limonada’ con el limón más amargo de su vida y que intentaron inculcárselo a sus hijos como filosofía de vida. Y ahora, 36 años después de su nacimiento y formación como familia numerosa, Kate, Kevin y Randall tienen que poner en práctica lo aprendido. Ella, con sobrepeso, insatisfecha con su imagen y su vida. Kevin, por su parte, está harto de ser el guaperas de una serie vacía.

Y luego está Randall, un tipo con éxito en lo profesional y lo personal al que encontrar a su padre biológico le pone de vuelta y media. Así fue como acabó siendo miembro de la familia Pearson. Rebecca y Jack deberían haber salido con tres bebés del hospital, pero el parto se complicó y uno de los pequeños murió.

Randall estaba en el nido adecuado en el momento adecuado y los Pearson se llevaron a tres bebés a casa como querían. Hicieron limonada con el peor limón de su vida y ahora les toca a sus hijos. Y también al espectador, porque la lección que promete dar This Is Us es esa.

El fenómeno en el que se ha convertido se debe a eso, a su filosofía positivista pese al dolor de sus personajes y las respectivas crisis existenciales en las que viven inmersos. A las situaciones, más o menos cercanas, pero fácilmente reconocibles con las que se enfrentan los miembros de la familia Pearson. Un drama familiar el de la NBC que se ha convertido en serie revelación gracias a la sencillez de su historia y su magistral juego emocional. Destacar en un panorama seriéfilo en el que cada año se estrenan centenares de series no es sencillo. Hay que dar con la tecla adecuada y Fogelman ha sabido hacerlo con This Is Us. A él la fórmula le ha funcionado. A otros, no.

Ayuda, y mucho, el reparto bien escogido en su caso. Una historia tan de personajes como esta no se habría sustentando sin actores capaces de defenderla. Algo que han sabido ver los premios. Moore y Ventimiglia consiguieron sendas nominaciones en los Globos; mientras que Brown recibió el reconocimiento de sus compañeros de profesión siendo candidato en los premios del Sindicato de Actores. Ninguno de ellos se llevó la estatuilla a casa, como tampoco lograron la de mejor drama en los Globos, pero la nominación en sí ya es un premio y un reconocimiento. Como lo es la renovación por dos temporadas más.