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Carlos Pacheco: "Soy hijo de los 60. Scalextric, Madelman y tebeos a saco"

El dibujante español regresa a lo más alto del cómic con el encargo de una serie especial de 'X-Men' para la Marvel

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'Yo soy hijo de los sesenta sensu stricto. O sea, Scalextric, Madelman y tebeos a saco'. Con esos tres trazos, Carlos Pacheco (San Roque, Cádiz, 1961) hace innecesaria cualquier otra aclaración acerca de las coordenadas culturales sobre las que se extendió el campo de su niñez. Así, con habilidad intuitiva para la evocación cultural y el trazo preciso, se explica quien hoy es una figura cumbre del Planeta Cómic, que con su lápiz ha dado vida a los X-Men, a Superman, a Batman, a Spiderman, a Los Vengadores, a Los Cuatro Fantásticos y a tantos otros superhéroes. Pacheco, uno de los autores de referencia de la mítica firma Marvel, habla afilado, limpio y bien perfilado, con manejo ágil de las ideas, sin erudiciones retorcidas pero con doble fondo cultural en todo lo que expresa. Habla, podría decirse, como dibuja.

El chaval sesentero que alucinaba con Pulgarcito, Astérix y Mortadelo se convirtió en un adolescente fascinado por los superhéroes. 'Después de haber crecido con la gran historieta de [la revista francesa] Pilote, con [la editorial española] Bruguera, la llegada de los superhéroes supuso la entra-da en la modernidad, en la era cómica, en ciudades con rascacielos de cristal que nada tenían que ver con la España en blanco y negro. Aquello tenía un exotismo brutal', cuenta. Pacheco creció (y aquí radica lo más fabuloso) leyendo aventuras de los mismos superhéroes que hoy él mismo dibuja para sus ávidos lectores. Su último trabajo da idea del estatus que disfruta. Con motivo de su 50º aniversario, la Marvel ha encargado a Pacheco y al guionista Kieron Gillen la misión de rescatar una de las series de superhéroes más famosas de la historia, X-Men, cuyo relanzamiento coincide con el éxito de la franquicia mutante en el cine. En noviembre, vieron la luz en Estados Unidos las páginas de Regeneration: The Uncanny X-Men, con las nuevas andanzas de Lobezno y compañía, que a España tardarán aún unos seis meses en llegar.

La editorial le ha encargado el trabajo para celebrar su 50º aniversario

¿Cómo un adolescente que sueña desde Andalucía la baja con rascacielos acristalados supera la condición de típico alumno que asombra a sus compañeros de clase cuando se pone a garabatear para convertirse en el primer dibujante español convertido en fan favorite en Estados Unidos, fijo desde hace casi 15 años en el top ten de autores de la revista Wizard, que en alguna ocasión ha encabezado? 'Casualidades. No sé. Nada concreto. Era algo impensable, la verdad. Pero pasó. Aún me acuerdo cuando mi padre me preguntó qué carrera estudiaría. Yo le dije que Bellas Artes y él me respondió que le dijera una de verdad', cuenta.

La carrera de verdad fue Biología. Antes de terminarla, en Sevilla, empezó a colaborar con fancines, a ganar premios amateurs, a exponer en salones... A finales de los ochenta, empieza a encargarse, para Planeta De Agostini, de las españolizaciones de los cómics de la Marvel (X-Men, Los vengadores, Los cuatro fantásticos, Capitán América...). En España, trabaja con las editoriales del ramo, Norma, Zinco, Casset, como historietista o como analista. La Marvel lo contrata en 1993 para la cubierta de The Exploits of SpiderMan. Luego destaca con Dark Guard, la primera serie que dibuja completa. Mientras colabora o promueve proyectos más personales en España y tras un paso por la editorial DC, se va consolidando como el factótum de la Marvel.

'Lobezno es bajito y malencarado. No es Hugh Jackman, es Harvey Keitel'

Por sus manos pasan, y a día de hoy siguen pasando, la mayoría de los superhéroes que lo fascinaron en los setenta. Ahora son, en rigor, suyos. ¿Qué se siente? '¡Imagínate! Casi hacer de dios con los personajes con los que crecías. Profesionalmente es complejo. Por ejemplo, Superman nunca me interesó en mi infancia, a diferencia de Los Cuatro Fantásticos o Los Vengadores. Pero fue más gratificante trabajar con él y hacerlo mío que con otros con los que tenía mayor conexión emocional', explica.

Salvo por contadas reuniones promovidas por la editorial al otro lado del charco, no le hace falta dejar Cádiz para trabajar. 'Las reuniones son una excusa para una juerga y una comilona, pero ya no las veo necesarias. Yo mando las páginas conforme las acabo, diariamente. Trabajamos coordinadamente, cada uno desde un lugar, el dibujante, el guionista y el editor, los tres pilares del tebeo', cuenta Pacheco, que emplea más la palabra castiza y un punto demodé, 'tebeo', que la que ha hecho fortuna global, 'cómic'.

Pacheco dibuja ahora muchos de los superhéroes que lo cautivaron de niño

Pacheco parece un tipo alérgico a la impostura y la modernez vacía. Y no le entusiasma nada la veta de oro que ha encontrado la industria en la venta de derechos a Hollywood,que lleva años llevando al cine las aventuras de un superhéroe tras otro. ¿Pero no es bueno para las ventas de cómics que las salas de cine hagan hueco a Spiderman, a Lobezno, a Hulk y así casi hasta el infinito? '¿Se leen más las novelas de Ian Fleming cuando sale la nueva de James Bond? No, lo que acaba pasando es que una generación entera cree ya que JamesBond es un personaje cinematográfico', responde.

Así que Pacheco afirma que, ahora que vuelve a tener a Lobezno, Magneto, Tormenta y compañía bajo sus lápices, los dibuja 'como si no se hubieran hecho las películas'. Y eso le ha traído algún problema. 'La gente se extraña con Lobezno, por ejemplo. Algunos esperan a Hugh Jackman[el actor que le da vida en el cine], pero no es así, es un tío bajito, peludo y malencarado, como ha sido siempre. Es Harvey Keitel en El piano, no Hugh Jackman', afirma. Queda claro que el cine de cómic, por así llamarlo, deja a Pacheco más bien frío. 'Los cines se han convertido en tiendas de tebeos, fotonovelas y chucherías. Y yo al cine prefiero ir a ver cine. Mis satisfacciones están hoy fuera de las salas, más bien en las series de la HBO. A mí lo que me interesa del tebeo es el tebeo, el medio, su gramática. Ver superhéroes en la pantalla no me parece que tenga demasiado interés', dice.

¿Tampoco a los X-Men? Ni fu ni fa, viene a responder. 'Las películas de superhéroes son como una reproducción perfecta de La familia de Carlos IV, de Goya. Está todo, cada detalle, a la perfección. ¿Qué falta? Falta Goya. ¿Qué falta en Sin City [Robert Rodríguez, 2005]? A mí me falta el trazo de Frank Miller.Prefiero encontrar algo de Miller en Seven [David Fincher, 1995] que tenerlo supuestamente todo en Sin City. Prefiero las películas donde encuentro un interés en el lenguaje del cómic, como El club de la lucha [Fincher, 1999] o El bosque [M. Night Shyamalan, 2004], que una adaptación en sí', cuenta. ¿Entonces ninguna película de cómic le gusta? 'Sí', responde riendo, 'El motorista fantasma [Mark Steven Johnson, 2007]. ¡Es la más mala de todas, pero la que más me divirtió!'.