Publicado: 05.10.2016 11:28 |Actualizado: 06.10.2016 07:00

Carlos Saura: “Los políticos piensan que la cultura es una cosa de vagos”

El cineasta, uno de los ‘fundamentales’ del cine mundial, paga la deuda que tenía con su tierra con su nueva película, ‘Jota de Carlos Saura’, y de paso denuncia el desprecio de nuestros políticos hacia la cultura. “Estamos perdiendo el tren de la cultura”.

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El director de cine Carlos Saura

El director de cine Carlos Saura

MADRID.- Carlos Saura y Luis Buñuel son los cineastas más grandes que ha tenido España y dos de los más importantes del mundo. La afirmación no es exagerada, aunque en nuestro país pareciera que durante decenios pocos se han dado cuenta. Ahora, el primero, este genio innovador, moderno, sabio con la cámara, de curiosidad infinita, reconocido con los más altos galardones en todo el mundo, sigue imbatible -terco aragonés- con 84 años y una nueva película, Jota de Carlos Saura, y “muchos proyectos frustrados”.

“Si fuera francés todo sería más fácil”, dice con su cámara colgando del cuello –“tengo más de setecientas”-, una digital ligera, preciosa, y con una vitalidad envidiable. “No sé qué son estas películas”, confiesa, refiriéndose a la serie que comenzó con Gades, con Carmen y El amor brujo, y ha seguido con Flamenco, Tango, Fados, Salomé… “Esta película, Jota, se la debía a mi tierra. ¡Me lo han reprochado tantas veces! Me han preguntado muchísimas veces: ¿Y para cuándo la jota?



Está haciendo una especie de trabajo de recuperación con estas películas, ¿no pretende también un poco hacer una labor de renovación, de actualización del folclore?

Sí. Artistas de los que participan en las películas y muchos expertos están de acuerdo conmigo en la necesidad de la renovación. No hay que falsear las bases, pero sí hay que renovar. Yo, a veces, hubiera llegado todavía más lejos, pero todavía no he podido. Ya se lo decía a Gades, “en el flamenco no bailes siempre igual”, pero él…

De todas, ¿alguna ha sido más complicada?

La más difícil fue Fados, aunque los fados me han gustado desde que era niño, en España entonces se pusieron de moda, pero yo tenía muy poca información cuando hice la película. También tengo recuerdos desde la infancia de jotas. De pequeño me llevaban a concursos de jotas, una vez fui a Mora de Rubielos a una reunión de grupos joteros del mundo entero. Y me acuerdo del calor que hacía y de las chicas con esos refajos que algunas se desmayaban, claro. Esta película, Jota de Carlos Saura ya se ha vendido a siete países, a China, Japón, Alemania, Turquía… Y yo estoy contento por los productores.

Con estas película ha recibido el reconocimiento que siempre le dieron en el extranjero y le negaron en España, ¿cómo lo siente?

Bueno, todo llega en la vida. Ahora todo el mundo dice “¡qué buena era La caza!”, pero cuando se estrenó en Berlín (donde ganó el Oso de Plata al Mejor Director), un crítico español vino y me dijo: “Vaya mierda de película que ha hecho usted”.

Hay casi unanimidad en que es su mejor película, pero no es la que más le gusta a usted, ¿cuál es su favorita?

Ahora Io, don Giovanni, porque reúne todas las cosas que me atraen, y la falsedad del cine dentro del cine, los artificios… Debería hacerse cine a lo Buñuel, a lo Bergman, a lo Fellini, no conformarse con lo costumbrista, con lo de siempre.

Ara Malikian en 'Jota de Saura'

Ara Malikian, en 'Jota de Saura'

Y ¿no cree que es justamente esa la tendencia que prevalece?

Sí. La mayor parte de las película son muy previsibles, nada más empezar ya sabes qué va a pasar y cómo. Pero eso es lo que demanda el público, sobre todo el de televisión. La televisión es lo que está machacando el cine. Y nosotros tenemos el problema de que estamos en manos de las televisiones.

Entonces usted…

Yo soy una excepción. He hecho más de cuarenta películas y todavía me sorprendo. Sobre todo porque siempre he hecho lo que me ha dado la gana, menos con mi segunda película, Llanto por un bandido, que la destrozaron en Italia. Yo había hecho una película con influencia de Kenji Mizoguchi y… Por eso luego hice La caza, que controlé completamente. Siempre me he sentido un privilegiado en el cine y en la vida.

¿Incluso ahora?

Ahora las cosas están… La cultura de este país no interesa para nada y gracias a que hay algunos francotiradores. ¿Qué político de hoy ha hablado de la cultura? Ninguno. Es impresentable. Cuando sales fuera de España en muchos sitios conocen al Real Madrid y al Barcelona, pero no en todos, pero sí se conoce en el mundo entero a Cervantes, a Picasso, a Miró, a Gaudí… Eso es lo que queda de España. Los políticos piensan que la cultura es una cosa de vagos.

¿No cree que algunos políticos han conseguido incluso que muchos españoles también crean eso?

Claro. Pero esto viene desde la educación. Si no se cambia desde abajo del todo, no va a cambiar nada. Últimamente viajo mucho a París, allí es todo estímulo para la cultura. Cuidan los lugares culturales, hay cines por todas partes, librerías en casi cada calle… A mi hermano, el gobierno francés le ofrecía un estudio para que pintara allí. Nosotros estamos perdiendo el tren de la cultura y perdiendo a mucha gente con talento que no recibe ningún estímulo.

En los últimos años se ha dedicado a este cine musical y al que usted llama ensayos sobre personajes, Buñuel y la mesa del rey Salomón, Goya en Burdeos… ¿qué pasa con el proyecto sobre Picasso?

Se cayó una vez y entonces escribí un nuevo guion con Ray Loriga, que está completamente paralizado. Antonio Banderas se debe estar cansando ya, además ahora se dedica a sus perfumes. Tengo otro guion sobre Felipe II. Si fuera francés o alemán, tendría todas las facilidades para hacer cine, pero aquí, no. El proyecto de Felipe II es más difícil que el de Picasso porque va contra la idea de ese Felipe II maravilloso que han descrito. Bueno, eso ya me pasó con Lope de Aguirre (El Dorado), me llovieron las críticas por el retrato que hacía de él.

Ha debido acostumbrarse a tanta crítica, porque le han caídos durante años por todos los lados ¿o no?

A mí me importa un pepino el estilo y lo que digan de él, pero me atacaban, incluso algunos grandes cineastas españoles, porque defendía el cine de autor. Y para mí, el autor es el que se hace responsable de lo que hace. Y, por otro lado, yo tampoco me he defendido mucho. Una vez recibí una carta de Ángel Fernández Santos que criticaba una de mis películas. Y le pregunté por qué hacía eso. Me contestó que éramos amigos y que yo era bueno y por eso a mí me exigía más. Es verdad, me caían por todos lados.

¿Tiene ganas de volver a hacer una película de ficción?

Sí, claro, tengo varias ideas, pero cada vez es más difícil. Tengo muchos proyectos frustrados. Antes era más fácil, cuando tenía unos productores fijos, Elías Querejeta, Emiliano Piedra, Andrés Vicente Gómez. Y, por otro lado, hoy cualquiera puede hacer una película con un teléfono móvil, así que…

Siempre dice que ve poco cine, que tiene poco tiempo...

Veo muy poco, algunas películas de catástrofes. Me encantan las películas de catástrofes. Es ese cine paralelo que hacen los americanos muy bien y que nosotros no podemos hacer. A mí no me gustaría hacerlo, yo soy más de cine de cámara con pocos personajes, pero me gusta verlo.