Publicado: 13.11.2016 10:53 |Actualizado: 13.11.2016 10:53

El cooperativismo llega al cine

El Zumzeig reabre sus puertas en Barcelona convertido en el primer cine cooperativo de Catalunya, con el objetivo de implicarse en el entorno y sacudir a la ciudad

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La sala de cine de Zumzeig en Barcelona.

La sala de cine de Zumzeig en Barcelona.

BARCELONA.- El cine Zumzeig es el último ejemplo del progresivo avance del cooperativismo en Catalunya. La sala, situada en el distrito de Sants-Montjuïc de Barcelona, reabrió sus puertas la semana pasada tras tres meses de cierre y lo hizo convertida en cooperativa de trabajo. Si desde su fundación, en 2013, hasta su paro en agosto era una iniciativa dirigida por Esteban Bernatas, ahora es un proyecto colectivo de seis profesionales vinculados al mundo del cine desde distintas vertientes.

Con su reapertura, el Zumzeig se ha convertido en el primer cine cooperativo de Catalunya y en otra demostración que este tipo de organización empresarial está llegando a nuevos ámbitos. Según el estudio La Economía Social y Solidaria en Barcelona, el número de trabajadores de las cooperativas catalanas creció de menos de 35.000 en 2012 a más de 41.300 a finales del año pasado. Y el crecimiento ha ido acompañado de la irrupción en sectores, como las telecomunicaciones -a través de Eticom–Som Connexió- o el cine, impensables hace unos años.



¿Qué características tendrá el Zumzeig en su nueva etapa? Nos lo cuentan Yonay Boix y Ariadna Ribas Álamo, dos de los socios de trabajo de la cooperativa, en el acogedor café ubicado en el interior del cine. “Buscamos mantener la línea que ya había antes y apostar por un cine de autor, independiente y arriesgado. La idea es programar muchos documentales y películas que duran muy poco en las carteleras y cuidarlas más, y traer también a los directores para organizar debates, coloquios y actividades que vayan más allá del simple pase de la película”, detalla Boix. Álamo añade que pretenden que en la medida de lo posible exista una paridad de género en la dirección de las cintas que programen. “Entendemos el cine como una herramienta de transformación social y buscamos que las pelis que llevemos generen debate, nos hagan preguntarnos cosas, planteen puntos de vista no habituales y exista una interacción con el espectador”, subraya.

La cooperativa que gestiona el Zumzeig tiene como embrión unos encuentros que organizó Esteban Bernatas para comentar que ya no podía seguir al frente del cine y de los que surgió el grupo que, finalmente, le ha tomado el relevo. La apuesta por una cooperativa responde a que “la economía solidaria es la manera más ética de trabajar”, apunta Boix, y a que “todos [los socios] trabajamos en cultura y sufrimos la precariedad del sector. La idea también es dignificar nuestro trabajo”, remata Ariadna Ribas Álamo. Y, sin duda, el entorno también ha ayudado, ya que Sants es uno de los grandes núcleos del cooperativismo en la capital catalana.

Precisamente la implicación con el entorno quiere ser una de les grandes novedades de la nueva etapa del Zumzeig, que se ha unido al Impuls Cooperatiu de Sants, un espacio de encuentro e “intercooperación” de iniciativas “socio-económicas transformadoras”, como cooperativas, entidades de la economía solidaria y proyectos de autogestión comunitaria. “Queremos generar dinámicas y colaboraciones con cooperativas, con la idea de que sucedan cosas en nuestras espacios respectivos e intentar hacer proyectos comunes”, explica Álamo.

Una de las estancias del cine de Zumzeig en Barcelona.

Una de las estancias del cine de Zumzeig en Barcelona.

Un cine que no quiere dejar indiferente

El Zumzeig está muy alejado del modelo de multisalas habitual en la mayoría de cines y cuenta con una única sala de 73 butacas. Además del proyector digital, también dispone de uno de 35 milímetros y de otro de 16, lo que le permite “proyectar en los formatos originales”. Su gran referente a nivel estatal es el cine Numax, de Santiago de Compostela, que abrió sus puertas en marzo del año pasado y que también está gestionado por una cooperativa de trabajo asociado. “Nos gusta la idea de crear un espacio cálido y cercano, que huya del cine más palomitero. Encaja con nuestra filosofía de proyecto, basada también en dar salida a películas que no tienen espacio en las salas comerciales”, relata Yonay Boix.

Antes de la reapertura, el Zumzeig lanzó una campaña de micromecenazgo con la que recaudó más de 21.000 euros gracias a 423 mecenas, que le permitirán impulsar varias mejoras en las instalaciones, entre otras cuestiones. El cine programa dos sesiones diarias entre semana y tres los fines de semana y ha logrado reducir algo los precios respecto a su primera etapa. Las entradas ordinarias cuestan siete euros -cinco y medio el día del espectador-, precio que se reduce a cuatro para las más de 200 personas que cuentan con el carnet de Amigo del Zumzeig, que se ofreció durante la campaña de micromecenazgo y que también permitirá participar, con voz aunque sin voto, en asambleas de la cooperativa.

Siguiendo la misma filosofía que emana todo el proyecto, el cine trabaja básicamente con distribuidoras pequeñas y tiene la vocación de implicarse en numerosos festivales de distinta temática. “Para nosotros este cine es una oportunidad y partimos de la intención de hacer cosas y no quejarnos”, recalca Boix, para quién también se trata de “sacudir a la ciudad”, a la vez que intentar “generar debate también alrededor de la construcción de discurso”, en palabras de Álamo. “Queremos desmontar prejuicios, acabar con etiquetas como la del cine lento y mostrar que si vienes al Zumzeig a ver una peli no vas a salir indiferente, porque te va a despertar cosas”, concluye.