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Del zoo de Kinshasha a Europa en silla de ruedas

El grupo Staff Benda Bilili arranca hoy en Barcelona su primera gira española

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Que no hay una guitarra para tocar: pues se fabrica a partir de un bote de leche en polvo y un trozo de red para pescar. A falta de bongos, buenas son las latas de conservas. La música puede estar en todas partes y para los miembros de Staff Benda Bilili no hay límites. Este grupo de músicos callejeros, varios de ellos parapléjicos a causa de la polio, considera que 'la única discapacidad real no está en el cuerpo, sino en la mente'. Sobrevivían en los alrededores del antiguo zoo de Kinshasha (República Democrática del Congo), pero cuando Damon Albarn y Robert del Naja, de Massive Attack, los descubrieron hace un par de años, la vida les cambió.

Ahora gozan de un reconocimiento internacional. Lo que no ha cambiado es la filosofía de la banda. 'Los africanos tenemos oro, minerales y diamantes, pero seguimos sin saber explotar nuestra riqueza. Y el espíritu de nuestras canciones pretende despertar la conciencia de nuestro pueblo', argumentaba ayer Ricky, voz y líder del grupo.

'La única discapacidad real no está en el cuerpo, sino en la mente'

Contar el porqué de sus canciones no es su punto fuerte, por eso, tras una breve rueda de prensa, ofrecieron un concierto acústico en el vestíbulo del Caixaforum. Allí demostraron que si de algo son capaces, es de conseguir que el público se mueva. Desde su silla de ruedas, Ricky seguía con todo el cuerpo la música de la banda, que fusiona la rumba y el blues. Lejos de arrellanarse en la resignación o la mendicidad, los Benda Bilili apelan a la acción a través de sus instrumentos.

Precisamente, el nombre del grupo significa 'más allá de las apariencias', y eso es lo que quieren transmitir: que las personas se fijen en algo más que un color de piel o un saldo de la cuenta corriente.

'Hablamos del día a día, y nuestros conciertos son muy calientes'

'Hablamos del día a día, y nuestros conciertos son muy calientes, todo el mundo se mueve', cuenta el batería. La revolución que han supuesto sus canciones, que mezclan la música europea y la africana, ha sido recogida en el documental de los franceses La Belle Kinoise, estrenado en el festival de Cannes. Su primera gira española empieza hoy en el Caixaforum de Barcelona, y durante el verano llevarán su directo a Madrid, Cartagena y Jaén. El éxito que han obtenido en Europa les sorprende y les sastisface, porque gracias al dinero que ganan con los conciertos mantienen a sus familias.

Encima del escenario son ocho personas de distintas edades. El más joven es Roger de 19 años, el hijo de Ricky, que toca el satongé y también canta. Las quejas no entran en su repertorio. De momento interpretan los temas de su primer disco Très très fort, pero el segundo ya está en el horno. Atrás han quedado los tiempos en que grababan bajo un árbol con ayuda de un ordenador enchufado al motor del bar más cercano. Lo que no abandonan es la necesidad de cantar aquello de que el movimiento se demuestra andando. Aunque lo hagan desde una silla de ruedas.