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Un entierro sobrio con giro berlanguiano final

Amigos, familiares y admiradores despiden en el cementerio de Pozuelo de Alarcón a Berlanga

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Cementerio del Santo Ángel de la Guarda. Pozuelo de Alarcón (Madrid). 3 de la tarde. Lluvia y cielo gris. Entierro del cineasta español Luis García Berlanga en la misma sepultura donde descansan los restos de su hijo, el músico Carlos Berlanga, fundador de Kaka de Luxe, muerto hace ocho años.

Entre el centenar de personas presentes, cubiertas por paraguas negros, se encontraban la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde; la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, y los actores Concha Velasco, que en 1999 protagonizó Paris-Tombuctú, y Guillermo Montesinos, al que vimos en La vaquilla (1985) y Todos a la cárcel (1993).

El coche fúnebre que transportó los restos de Berlanga había llegado procedente de la capilla ardiente en la Academia de Cine, donde se sucedieron las declaraciones. 'La fórmula mágica de Berlanga, una mezcla de acidez, humor, bonhomía y virulencia' (José Luis Borau). 'Se nos ha ido uno los últimos representantes de una generación de magos e ilusionistas que supieron sobrevivir en una España sórdida con una censura férrea. Humoristas de la talla de Miguel Mihura, Edgar Neville y Tono, una generación que en los 50 uno no se imagina cómo llegaron a decir las cosas que dijeron' (Pedro Almodóvar).

Los enterradores hicieron su trabajo con rapidez. Bajado el ataúd, colocaron la lápida y procedieron a enterrar la tumba con decenas de coronas de flores. Uno de los hijos de Berlanga, José Luis, dio las gracias a todos los presentes y añadió. 'Quien quiera rezar que rece. Adiós maestro'. Aplauso. Y todos a casa. Una ceremonia sobria sin giros berlanguianos. O quizás sí.

Minutos después, cuando sólo quedaba un grupo de enterradores barriendo alrededor de la tumba y retirando las bandas de las coronas, apareció Bárbara Rey del brazo de José Manuel Parada, que se esfumó inmediatamente. La actriz había interpretado en La escopeta nacional (1978) a una diva sadomasoquista que, en mitad de una cacería, se fugaba con Luis José (José Luis López Vázquez) para estupor de su padre, el Marqués de Leguineche (Luis Escobar). Bárbara Rey contó a los arrobados sepultureros que llegaba tarde porque se había perdido por el camino. La actriz se quedó un par de minutos junto a la tumba y abandonó el cementerio conduciendo un bólido des-pam-pa-nan-te. ¡Larga vida a Berlanga!