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"Cuando escribo soy kamikaze"

El músico, exlíder de Los Ronaldos, presenta nuevo trabajo, 'Mujeres', un repaso a sus cuatro discos en solitario en el que se centra en la figura del sexo femenino

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Coque Malla se encuentra relajado. Lo muestra en su rostro, en su forma de hablar, de afrontar las tediosas jornadas de promoción, y con su música. Como parte de ese momento vital y artístico nace Mujeres, un repaso a los cuatro discos en solitario que marcaron un punto de inflexión en su carrera tras su etapa al frente de Los Ronaldos. No se trata de un mero recopilatorio ni de un disco de duetos sin más, sino una historia con entidad propia construida con los pedazos de las viejas. Cuando el músico echó la vista atrás y repasó su propio recorrido lo vio claro: las mujeres son las absolutas protagonistas de todas sus canciones. De este modo, las acompañantes del viaje tenían que ser inevitablemente mujeres: Leonor Watling, Jeanette, Anni B. Sweet, Rebeca Jiménez, Ángela Molina, Laura Gómez Palma, Vilma, Amparo Valle - su madre-, Alondra Bentley y María Rodés.

¿Cuál es la chispa que impulsó hacer este proyecto tan diferente?

Me sentía con ganas de estar tranquilo, relajarme y mirar hacia atrás. Sentí la necesidad de hacer un resumen de estos 15 años y estos cuatro discos. No quería que fuese un recopilatorio sin más o un disco de duetos. Quería que tuviese un sentido, que fuese una historia en sí misma.

¿Hasta ese momento no te habías percatado del protagonismo de la mujer en tus canciones o ya eras consciente?

Yo era consciente y siempre lo he dicho. Yo escribo sobre el amor. Mi mayor obsesión son las relaciones entre hombres y mujeres, pero no lo vi tan claro hasta que hice repaso: era la mujer, la pareja, lo femenino... En mis letras hay mogollón de vestidos, zapatos, labios...

Tus dos primeros discos en solitario llegaron menos al público que los dos siguientes ¿Por qué crees que ha sido así?

Es muy difícil de analizar. El éxito es algo muy misterioso, gracias a dios, en el que confluyen un montón de cosas: el momento, el momento en el que tú estás, cómo tú proyectas de otra manera, la suerte... También es verdad, aunque no creo que fuera el único factor, que Soy un astronauta más y Sueños eran discos más oscuros, muy herméticos. Tenía la necesidad de hacer discos con mucha paranoia. La Hora de los Gigantes es un disco mucho más comunicativo y para fuera.

'Cuando hay conflicto hay más material literario'A la hora de componer, ¿lo haces mejor cuando todo va mal?

Cuando hay conflicto hay más material literario. El material literario es la clave de las canciones: las historias. Si no sería un músico instrumental. Yo hago canciones con letras, historias, títulos y personajes. Cuando hay conflicto hay más aristas, hay problemas y hay emociones fuertes. Pero no necesariamente quiere decir que cuando uno está mal les salen mejores cosas. Porque a veces cuando uno está mal no le salen ni canciones. Lo que pasa es que el conflicto es más novelable que la ausencia de conflicto.

¿Tú también escribes desde la felicidad?

Yo suelo escribir sobre los conflictos. Sobre momentos duros, tristes, despedidas. Pero la alegría también es un sentimiento muy poderoso y se puede escribir sobre ello.  Hay muchas canciones que hablan de la alegría, de la dulzura o del romanticismo. No es exactamente felicidad, son sentimientos nuevos. Pero no me lo planteo. Yo escribo y dejo que las cosas ocurran y fluyan.
'No hay que olvidar que las canciones son ficciones, son historias'

¿Alguna vez has temido quedarte demasiado expuesto con las canciones?

No me lo planteo. Cuando yo escribo soy kamikaze. Pero es que además no hay que olvidar que las canciones son ficciones, son historias. A lo mejor hay algo ahí subconsciente o menos subconsciente que parte de la realidad, pero la propia creatividad arrastra a las canciones al mundo de la fantasía. Son eso, cuentos. Nunca voy a quedar demasiado expuesto porque nunca va a ser la verdad. Yo jamás me grabaría en mi casa y lo pondría en Youtube y que se viese como soy yo en mi vida real, mis discusiones y mis broncas. Eso sí que sería terrorífico, pero una canción no es una cámara en el salón de tu casa. Una canción es una historia que tú te inventas.

Volviendo al disco, una pregunta inevitable es por la selección de las mujeres que participan. ¿Qué buscabas exactamente?

No había un perfil, el requisito era que fueran artistas que me interesaran. Tan simple como eso. También está hecho muy de corazón. No hay una estrategia comercial en absoluto. Hay tres de ellas que son mujeres muy cercanas y creo que tenía que ser así para que la historia fuera creíble. Tenía que haber alguna mujer con la que tuviese una relación real de muchos años. Mi madre, por razones obvias y Laura y Vilma. Mujeres que son amigas de hace muchos años y hay una relación y una complicidad, me entienden y me conocen y yo a ellas. Y luego es importante, no sé si fui muy consciente de que fuese un requisito, pero de una manera inconsciente he ido hacia ello: todas son autoras, hacen canciones y discos. Y eso era importante para entender que Mujeres no era un disco de duetos sino que estábamos contando eso.

¿Qué fueron primero las canciones o las mujeres?

Fueron primero las mujeres. Porque de hecho hubo una primera idea: que ellas escogieran sus canciones, porque al principio iban a ser dos. Luego fuimos afinando el proyecto y fue una. Luego además me dí cuenta de que yo tenía clara la historia, estaba 24 horas con este proyecto y yo era el que tenía que elegir las canciones porque era como escribir los capítulos. ''No puedo vivir sin ti' es la canción mía por excelencia y a mí no es la que más me gusta'

¿Coinciden las canciones que a ti más te gustan con las que más le gusta a tu público?

En algunos casos sí y en otro no. No puedo vivir sin ti es la canción mía por excelencia y a mí no es la que más me gusta. Berlín es una de las que más me gustan y también es de las que más gusta a todo el mundo. Luego me gustan rarezas, como Termonuclear o Déjate llevar, que tampoco es de las que más gusta a la gente.

Es curioso cuando una canción escrita por un hombre la canta una mujer, cómo cobra otros matices...

Era una de las claves de este proyecto, uno de los experimentos. Un disco que se llama Mujeres, en el que todas canciones están dedicadas a mujeres, como protagonistas, como obsesión. De repente las cosas que siempre les he dicho yo a las mujeres pasan a ser contadas por una mujer, y se puede interpretar que es una mujer cantándoselas a un hombre.

Leí hace ya unas semanas una nota aclaratoria en tu Facebook en el que explicabas lo que sucedió durante un concierto en León en el que barullo de la gente no te dejó dar un concierto en condiciones ¿Son malas las características de las salas en España?

Hay una cosa que no dije en ese comentario y luego me arrepentí y me sentí mal. Esto no era para nada un reproche a la gente de esa sala. Porque me trataron maravillosamente bien. Además el hecho de que no fuera una sala apropiada no es culpa suya. Bueno en parte puede ser culpa suya, por no equiparla, pero el hecho de que estén apostando por hacer música en directo ya tiene un valor y hay que reconocérselo. Es verdad que las salas han mejorado mucho desde que yo empecé con los Ronaldos. No sé si es ése el problema pero es verdad que hay muchas salas, que se llaman a sí mismas salas de conciertos, que quieren hacer conciertos y que no se quieren gastar dinero en un equipazo. Es fundamental que suene bien. Pero el caso de esta no era el problema el sonido.'Se están haciendo un montón de conciertos acústicos en salas donde la gente está de pie y hay una barra. Esa combinanción es un desastre'

¿Y cuál era el problema?

La gente no tiene dinero para hacer grandes producciones con banda y hay que hacer un montón de conciertos acústicos. El problema es que se están haciendo un montón de conciertos acústicos en salas donde la gente está de pie y hay una barra. Esa combinanción es un desastre. Esa combinanción para una banda de rock funciona: un garito, la banda tocando, la gente pidiendo cerveza... pero para un tío con una acustiquita, tocando solo, es una putada. Es verdad que cuando yo voy a un concierto, por mucho que sea un garito, por mucho que haya una barra, y por mucho que pida cervezas, me callo y respeto al pavo que está tocando. Si he pagado 20 pavos, que es lo alucinante, he pagado para ir a verle, para escucharle. Puedo hacer un comentario bajito al compañero de al lado, pero a veces es de locos: vas a una sala, la gente la ha llenado, 200 personas a 20 pavos. Y están hablando un murmullo infernal. No sé si es una cuestión de educación o de mentalización, no lo sé. El otro día salió un artículo como que es notorio que en España la gente habla mucho en los conciertos.

Tú que estás arriba en el escenario en ese momento ¿Cómo te afecta? Me imagino que desconcentrará mucho y afectará a tu propia actuación...

No sólo que te desconcentra. Un concierto para mí es una movida muy emocional, e incluso espiritual, donde tiene que haber un clima determinado. Si la gente está hablando no hay ese clima, no lo hay. Da igual lo que el que esté arriba haga porque no están las condiciones que deben de haber para que las notas se oigan. Un murmullo contra una canción es imposible. Ya no es una cuestión de concentración, es que no se oye lo que se tiene que oir. Es como si estás hablando y hay una taladradora al lado, pues es imposible mantener una conversación.

¿Qué puede hacer el músico frente a esa situación?

Pues ponerse muy borde. Richard Hawley lo hace. En la Joy Eslava dio un toque y todo el mundo se calló, como tumbas. Se oía el arie acondicionado. Además claro, las canciones de Richard Hawley son como superhipnóticas, silenciosoas. Y se oía a Richard, a la banda y el aire acondicionado. Pero claro, tuvo que ponerse borde. 'Soy capaz de suspender un bolo mío por ver a Richard Hawley'

¿Tú te pones borde?

Yo no me suelo poner borde, me pongo irónico, hago bromas, pero igual hay que ponerse borde. También es un poco coñazo ponerse de profesor. Se supone que es otro tipo de relación, como qué guay, vamos a vivir esta movida juntos. Vosotros y yo hemos elegido estar aquí. Y si te pones, '¡por favor silencio!', te conviertes como en el profe.

¿Sueles asistir a conciertos como público?¿Cuál es el último que recuerdas en el que te emocionaras?

Si es alguien que me gusta soy como enfermo, hago lo que haya que hacer para ir. Es verdad que tengo que ser fan, no soy como de ir a conciertos para ver qué pasa. Ahora, si viene alguien y soy fan hago lo que sea para ir. Viene Richard Hawley y no me lo puedo perder, y soy capaz de suspender un bolo mío por ver a Richard Hawley. Nunca lo he hecho pero he hecho barbaridades para viajar a no sé donde y coger un avión. Y sí, me sigue gustando. Vivo en el campo ahora, tengo una niña, todo eso lo complica pero no lo imposibilita. El útimo fue el de Richard Hawley. Luego íbamos a ver a James Hunter que es increíble, pero al final no pudimos ir.