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Las esculturas cósmicas de un obseso del espacio

El Reina Sofía dedica una muestra a Georges Vantongerloo, amigo de Mondrian y fundador de De Stilj

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Los artistas sin etiquetas son difíciles de vender. La oposición de Georges Vantongerloo (Amberes, 1886- París, 1965) a quedar anclado para siempre en el neoplasticismo de Mondrian dio a su producción un eclecticismo inclasificable, pero también lo relegó a un segundo plano en el arte del siglo XX. Hoy, el museo Reina Sofía recupera a este artista modesto con la exposición Georges Vantongerloo. Un anhelo de infinito, con la intención de proponerlo junto al minimalista Francesco Lo Savio como ejemplo de que “otra modernidad es posible”, según el director del museo, Manuel Borja-Villel.

Vantongerloo estaba obsesionado por el espacio desde su infancia, lo que explica su pasión por la arquitectura, el diseño y la escultura. El belga fue arquitecto en una época en la que no existían renderings ni AutoCad. En su defecto, los arquitectos dibujaban secciones sin cesar, como atestiguan sus estudios para Composition émanante de l’ovoïde (1917). De la misma época datan series de dibujos inspiradas en el constructivismo ruso, representado en el museo en la muestra Rodchenko y Popova.

Íntimamente ligado al ambiente cultural europeo, fue miembro fundador de De Stilj, junto a otros artistas como Van der Leck o Piet Mondrian, y más tarde del grupo Cercle et carré. Sin embargo, ya en 1917 empezó a distanciarse de los colores primarios usados por Mondrian, ampliando su paleta con violetas, azules y verdes. Aunque la exposición del Reina Sofía recoge esta primera etapa, se centra mucho más en los últimos 20 años de su trayectoria, en los que Vantongerloo se reconcilia con la línea curva. Esta adhesión se produce a finales de los años 30, coincidiendo con su pertenencia al grupo Abstraction-Création.

Vantongerloo se esforzó por plasmar la energía del cosmos en esculturas y móviles, pasada la II Guerra Mundial. Las salas que acogen esta última etapa de su vida están llenas de objetos etéreos llenos de curvas. Una amplia fotografía reproducida en una pared del Reina Sofía muestra el atiborrado estudio del artista, lleno de espirales de alambres y de esferas de plástico. Ahí es dónde se ve cómo experimentaba realmente con el espacio. 

La biografía de Vantongerloo está, como el propio siglo XX, atravesada por el dolor de la guerra. Tras estudiar en la Escuela de Bellas Artes de Bruselas, fue reclutado como soldado para combatir en la I Guerra Mundial. En la contienda cayó herido y huyó a Holanda. En 1916 conoció a Theo Van Doesburg y al año siguiente creó sus primeras obras influenciadas por el neoplasticismo. Su implicación en el grupo le llevó a rubricar el manifiesto De Stilj y a participar en artículos para la revista homónima. En 1924 publicó L'art et son avenir, una colección de ensayos sobre la aplicación al arte de la teoría matemática.