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La frivolidad psicótica de la primera reina moderna

La sección oficial arrancó ayer con Les adieux à la reine', una biografía de María Antonieta que retrata a una monarca voluble y lesbiana. Aunque el subtexto político es sutil, las jerarquías socia

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En su incomprendida biografía de María Antonieta, Sofia Coppola liquidó la Revolución Francesa en un plano general de tres segundos. El director francés Benoît Jacquot, que ayer inauguró la sección competitiva de la Berlinale con Les adieux à la reine (Adiós a la reina), ha apostado por hacer todo lo contrario. En su distinguida biografía de la denostada reina, Jacquot se concentra en los tres días que sucedieron a la toma de la Bastilla, durante los que quedó prefigurado el trágico destino de este personaje depositario de una especie de fascinación eterna. La decimoquinta hija de María Teresa de Austria ni siquiera estaba destinada a convertirse en reina, pero el juego de alianzas de las monarquías europeas la acabó convirtiendo en la primera celebridad moderna en toda regla, al mismo nivel de cualquiera de las estrellas que esta semana acudirán al festival.

Sofia Coppola convirtió al personaje en una princesa pop y prácticamente raver, ajena al mundo que la rodeaba, aunque más por candidez que por bobería. Como buen francés, Jacquot ha sido bastante más crítico. Su María Antonieta no sólo es frívola y voluble, sino directamente estúpida. Se horroriza por los mosquitos concentrados sobre el agua sucia del estanque y pasa sus días observando modelitos en protorevistas de moda, mientras recita las obras menos sesudas de Marivaux (ya de por sí bastante insustancial) haciendo teatrillo con su lectora oficial, Sidonie, una misteriosa doncella a la que la reina presta una atención intermitente, en función de unos cambios de humor psicóticos.

Diane Kruger: 'Me identifiqué con los orígenes y la edad de María Antonieta'

'Cuando se interpreta a una figura histórica, hay que entender que todo el mundo tiene sus opiniones al respecto. ¿Fue una joven fiestera sobrecogida por su matrimonio? ¿Fue una niña mimada y una pésima reina? Yo intenté no juzgarla, tal vez porque pude identificarme con suficientes elementos, como sus orígenes y su edad', explicaba ayer la actriz Diane Kruger. Alemana de nacimiento, pero instalada en París desde la adolescencia, la actriz parecía predestinada a interpretar a la reina. Para más inri, nació un 15 de julio y su madre se llama María Teresa. La actriz calificó Les adieux à la reine como uno de los mayores retos de su carrera. 'Cada una de mis escenas era totalmente distinta y muy extrema en las emociones, puesto que la reina que describimos está un poco loca', explicó Kruger. 'Ha sido uno de mis papeles más difíciles. Y el francés del siglo XVIII tampoco ayudó'.

Pero si algo dio que hablar ayer fue la homosexualidad latente del personaje, a quien Jacquot describe (en un par de bellísimas escenas de complicidad femenina) como una mujer enamorada hasta extremos obsesivos de su favorita, la duquesa de Polignac. 'No creo que sea lesbiana', descartó Kruger.

La homosexualidad latente del personaje dio que hablar

Sofia Coppola consiguió que el Gobierno francés cerrara al público Versalles mientras duró su rodaje. Jacquot, con menos recursos, se tuvo que conformar con rodar los lunes, día de cierre semanal. Ambas películas transcurren en el submundo de la corte, aunque sus puntos de vista convergen sólo en la superficie. Jacquot apuesta desde el primer fotograma en rodar la revolución desde el punto de vista de los privilegiados, pero describe un palacio convertido en ciudadela, con una reina encerrada en una cárcel dorada de la que deberá despedirse durante los cuatro días en que transcurre la película.

En su célebre biografía de la soberana, Stefan Zweig relató cómo las doncellas que acompañaron el fin de sus días preparaban sus platos con especial cuidado y atención, pese a tener la consigna de tratarla como a un preso cualquiera. A Sidonie, interpretada por la magnética y ojerosa Léa Seydoux, le sucede exactamente lo mismo. Su fascinación por la monarca le impide entender hasta qué punto está siendo explotada. Tiene la inferioridad tan interiorizada que no es ni siquiera capaz de detectarla. 'Tan joven y ya tan ciega', le dice uno de los viejos lúcidos que frecuentan la corte.

El subtexto político es sutil y nunca se apodera de una narración a la que, por otra parte, le falta empaque dramático. Mientras que a Coppola aún le pitan los oídos por el abucheo que recibió hace seis años en Cannes, Jacquot no fue capaz de generar ayer nada más que indiferencia. Pese a todas sus virtudes, la película no termina de sacar partido de los misterios que envuelven al personaje de Seydoux.

'Creo que la lucha de clases todavía existe', dijo Benoît Jacquot

Sin embargo, si se presta atención, se encuentran en la película parecidos razonables entre nuestro mundo y el que describe Jacquot, marcado por una jerarquía social implacable y una desigualdad creciente y desacomplejada. 'Me gustan los fines de reino', expresó ayer Jacquot ante una prensa acreditada que se esforzaba en pronunciar los paralelismos con las revoluciones acontecidas durante el último año. La película también abre las puertas a un nuevo orden que suscita esperanza e inquietud, mientras se acentúa el conflicto entre los que se aferran desesperadamente a sus privilegios y los que abogan por cortar cabezas. Hasta el punto de divulgar una lista con los 286 cráneos que tendrían que rodar. En primera posición, se encuentra el nombre de Madame Déficit.

En el tramo final, Jacquot apunta a un tímido despertar de la subjetividad política de los subyugados. Sidonie experimenta los primeros brotes durante su breve reticencia al autosacrificio que pretende imponerle la reina, acompañada de un extraño reflejo solidario de Madame Campan, la dama de compañía de María Antonieta, a cuyos escritos debemos el conocimiento actual sobre el personaje. 'Creo que la lucha de clases todavía existe', respondió escuetamente Jacquot, poco dado a facilitar claves de lectura.