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García Montero, sobre el amor y la incomunicación generacional

En su nueva novela, 'No me cuentes tu vida', el poeta granadino reflexiona a través de tres generaciones sobre la historia reciente de España

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'No me cuentes tu vida'. Esa es la frase-comodín de multitud de vástagos para con sus progenitores cuando estos tratan de explicar sus peripecias vitales, aleccionar a través de la experiencia, o simplemente vangloriarse de que 'cualquier tiempo pasado fue mejor'. En esta expresión condensa Luis García Montero una ambiciosa historia sobre la incomunicación generacional, el primer amor y la inmigración.

La nueva novela del poeta granadino aborda la complejidad de la vida y de los confusos tiempos que nos ha tocado vivir a través de tres generaciones y dos países distintos. Juan Montenegro y Lola, un matrimonio de intelectuales de mediana edad y de reconocido prestigio en el ámbito de las letras y de las ciencias, ven su mundo tambalearse cuando descubren que su hijo Ramón tiene una aventura con Mariana, la chica rumana que trabaja en su casa como asistenta. Para el joven no se trata de una simple conquista sino de amor verdadero con claras intenciones de compromiso.

Se trata de una novela plagada de precisas y sugerentes imágenes poéticas en las que el autor esboza un retrato psicológico de una familia unida por los lazos de sangre pero separada por el abismo generacional. A través de sus miedos y disputas, el lector será testigo de un drama cotidiano en el que la situación de crisis actual no pasa desapercibida para el autor. 'En los años 80 y 90 podíamos permitirnos los ejercicios de inteligencia, el lujo de una melancolía pesimista, tomarnos con humor la pérdida de los valores políticos. Todo iba bien, España avanzaba, entraba en Europa, se olvidaba de la pobreza, el futuro estaba en marcha (...) No tenía verdadero miedo. Ahora escribo esto y siento miedo por ti, por el mundo que se nos viene encima', reflexiona un padre lleno de dudas en un cuaderno en el que vierte todo aquello que es incapaz de articular cara a cara con su hijo.

El poeta granadino, ansioso de mantener la buena vista que le permite ver con claridad la realidad y sus desperfectos, no rehúye el drama social de nuestros días y lo hace con la sensibilidad y la exactitud de un profesional de los versos.