Publicado: 13.04.2015 20:46 |Actualizado: 13.04.2015 20:46

“Günter Grass representa la culpa del pueblo alemán tras la II Guerra Mundial”

El profesor de la Universidad Carlos III de Madrid y experto en Filología hispánica, Teoría de la literatura y literatura comparada, David Felipe Arranz, desgrana para ‘Público’ algunas de las claves de la obra menos conocida del escritor alemán.

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Fotografía de archivo tomada el 15 de octubre de 1999 que muestra al Nobel de Literatura alemán Günter Grass durante la Feria del Libro de Fráncfort, Alemania. /ARNE DEDERT (EFE)

Fotografía de archivo tomada el 15 de octubre de 1999 que muestra al Nobel de Literatura alemán Günter Grass durante la Feria del Libro de Fráncfort, Alemania. /ARNE DEDERT (EFE)

“Günter Grass representa la culpa del pueblo alemán tras la II Guerra Mundial”. Un sentimiento que ilustra el propio viaje vital del escritor, con giro de 180 grados incluido: desde que llegara a afiliarse a las SS hasta que acabara formando parte del partido socialdemócrata –con su posterior fuga fruto del desencanto y el desgaste-.

Es precisamente este viaje el que esboza a Público el profesor de la Universidad Carlos III de Madrid y experto en Filología hispánica, Teoría de la literatura y literatura comparada, David Felipe Arranz, gran conocedor de la obra del escritor alemán. Arranz nos sugiere algunas pistas para deambular por la parte menos reconocida de un testimonio literario que no se puede explicar sin entender su historia personal y que a la vez retrata el momento histórico de la Alemania de la postguerra.



"Una de las virtudes de Grass, según Arranz, fue su capacidad para “superar el juego de máscaras de la burguesía nazi"

Una de las virtudes de Grass, según Arranz, fue su capacidad para “superar el juego de máscaras de la burguesía nazi y su firmeza para arrancarla con la osadía de hacerlo de cara al resto del mundo”. Un atrevimiento que le hizo cosechar numerosos y potentes enemigos, tanto por parte de compañeros escritores como de diferentes intelectuales y líderes políticos del momento.

Fue atacado y vilipendiado con voracidad por una clase burguesa a la que su padre también pertenecía y “que no estaba dispuesta a escuchar la realidad sobre la cual se sustentaba el Tercer Reich, constata Arranz. “Una critica que empezó a ejercer de forma sólida entre los escritores alemanes del Grupo 47”.

Otro de los aspectos destacados por David Felipe es la cualidad que tuvo Grass para convertir el “autobiografismo en acto literario”. Una práctica que le llevó a ejercer de “retratista sociopolítico” y que provocó la vinculación de su viaje vital con el histórico: desde su salida de la cárcel hasta su entrega total a la literatura y las artes mientras la Alemania nazi desaparecía dando lugar a la Alemania federal. Un viraje personal que representa el viraje del propio país y del cual se pueden extraer algunas de las joyas literarias ensombrecidas por grandes títulos como ‘El Tambor de Ojalata’.

De este modo, el profesor de la Carlos III reivindica la etapa más “cervantina” de Grass, en la que reflexiona sobre “el papel de los intelectuales en una Alemania dividida” y que desemboca en una cruda conclusión: pese a todo, todo sigue igual.

“Grass leía con los dedos índices de sus manos en sus orejas para tratar de combatir el ruido que siempre había en su casa”

Fue en esa época precisamente en la que escribió ‘El rodaballo’, ‘La ratesa’ o ‘Diario de un caracol’, más alejadas de la ambición política que impregnó gran parte de su obra y más espolvoreadas de ese “pesimismo vital” que caracterizaba a Grass. Arranz también rescata entre sus joyas ocultas ‘Encuentro en Telgte’ o ‘Agua Alta’, una obra de teatro que narra las peripecias de una familia que se enfrenta a unas inundaciones y que culmina con el curioso diálogo entre dos ratas sobre el devenir del país.

“Grass leía con los dedos índices de sus manos en sus orejas para tratar de combatir el ruido que siempre había en su casa”, algo que, en cierta manera, le ayudó a componer su propio y férreo sentido de las cosas y le ayudó a tomar partido, sin ambages, culmina Arranz. Una metáfora, quizás, de lo que realmente consiguió como escritor: la peripecia de contar la cruda verdad, por muy espeluznante y desagradable que resulte, incluso la del nazismo, con los oídos taponados evitando así que el ruido de los críticos distorsione el valor de un retrato osado.

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