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Guerra de prejuicios entre blancos y negros

La sueca 'Play', sobre los estereotipos de la inmigración, incomoda al público del certamen  

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La mañana se abrió en Gijón más apacible de lo esperado, quizás porque la pelea, el frío y el desafío estaban dentro de las pantallas de cine de la primera sesión de la sección oficial del Festival de Cine de Gijón. Play, del sueco Ruben Ostlund, marcó una madrugadora prueba moral y visual: desnudar los estereotipos de la inmigración. El resultado es más acertado en sus intenciones que en su resultado: demasiado grueso por momentos y con un exceso de metraje. De cualquier forma, la película causó lo que era previsible: incomodidad en parte de la audiencia, que la tachó de derechosa y racista, manifestando exactamente la situación y los prejuicios que el director trata de poner en evidencia en su filme.

Play nace de un hecho real que Ostlund leyó en los periódicos de su país. Un grupo de chavales negros roban los móviles con intimidación pero sin violencia a tres chavales blancos, a los que someten a una suerte de secuestro que los llevará a un periplo por la ciudad de Gotemburgo. Según nos cuenta, se trata de un juego habitual de esta pandilla, que se aprovechan de los prejuicios sociales sobre la inmigración (la política de lo correcto) para llevar a cabo su juego. Unos adoptan el rol de negros malotes para intimidar, los otros asumen una condición sumisa y no se atreven a plantar cara a la amenaza. La película trata de examinar, con voluntad de documental, el comportamiento, las luchas de poder entre ambos grupos y su guerra de prejuicios.

'Quería plantear una cuestión controvertida sobre los roles raciales'

'Mi intención era abrir una cuestión incómoda y controvertida sobre los roles raciales', decía ayer Ostlund. 'Cómo la sociedad ve a estos chicos no como individuos, sino como un grupo racial'. Lamentablemente, a la película le faltan matices y claridad, y el uso de teleobjetivos (a la manera de cámaras de seguridad) no ayuda a que su voluntad de hacer un retrato de individuos frente a un grupo social quede tan clara.

Mucho más íntimo y mucho menos rígido cinematográficamente es el juego que plantea la cineasta, escritora y videoartista Miranda July (Tú, yo y todos los demás, 2005) que con The Future construye una comedia romántica atípica que combina lo mágico y lo cotidiano para hablarnos sobre el tiempo y las expectativas de futuro de una joven pareja en crisis.

Emocionante a ratos y tremendamente lúdica, la cinta cae presa de su mayor virtud: llevar los pequeños miedos, dudas y emociones a nuevos lugares. En ocasiones, como la del gato narrador, July cae en el mayor de los ridículos.